La humildad

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“Nunca había conocido a una persona tan amable y noble, desde la muerte de mi padre”, —me dijeron. Lo anterior, un comentario hacia mi persona de una compañera de trabajo, que merece una reflexión ruborizada. Que alguien te compare con el ser más amado, no puede recibir menos que el agradecimiento eterno. Así que, aquí vamos.

Quien ha encontrado en la literatura un sinónimo de libertad, podrá sentirse molesto, cuando hoy en día, notamos la mano alzada de cualquier político, empresario, artista o monigote mediático con toda la confianza en sí mismo. Siempre he pensado que más que discursos motivacionales o planes sin escrúpulos para lograr el éxito y hacer realidad nuestros sueños oníricos en playas del Caribe, necesitamos que personajes conscientes, dedicados a la educación inviten a los ciudadanos atrincherados y cansados de cargar una presión como ésta a darse baños de humildad, que sin duda, llevarán a la convivencia pacífica y evitará la confrontación de la que somos espectadores todos los días.

Algunos escritores piensan que sólo Shakespeare y Cervantes son dignos de admiración, creo que se quedan cortos, pero si recordamos que la literatura es además una narración de la realidad, los mismos aplausos son merecidos también para una familia que en base al esfuerzo logra alimentar a sus hijos, un patrón justo que no esclaviza a sus trabajadores, un obrero que cumple con su trabajo honradamente o un profesionista que en base a su ardua labor ha logrado el crecimiento de su organización y se gana cada peso con profesionalismo.

 

El genio está en la inteligencia que conoce sus fronteras.

— Albert Camus

 

Yo soy celoso de mi deber, dice un dicho popular. Mas olvidamos que la cultura está en las calles. Por ello, la advertencia también cabría para la aristocracia intelectual de la que somos víctimas, ya que, los premios literarios o artísticos, deben siempre avergonzar al hombre que ha tenido la fortuna de instrucción humanística y ser así, un ejemplo para el resto de la sociedad. Un ejemplo muy claro de humildad, representó al poeta y cantante Leonard Cohen (1934 – 2016) que a poco más de un año de su muerte, dejó como legado la realización del sueño de todo poeta romántico que fracaso al buscar la luz de la obscuridad. Cohen, al ser premiado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2011) en un discurso emotivo, declaró sentirse un charlatán al ser premiado por una actividad que ningún ser humano puede llegar a dominar.

Pero la humildad, no llega por sí sola. Posiblemente, solamente seremos capaces de reconocerla cuando hemos sido derrotados en algún rubro de nuestra vida, y hemos identificado con ello la necesidad de ser humildes para levantarnos.

Solamente maduramos solos y en silencio. No sin antes, haber pasado por lecciones que nos llevaron a identificar la brevedad en la profundidad de un sentimiento. Quien ha tenido la fortuna de recibir en su etapa de formación ejemplos de familiares que nos ha llevado a identificar la bondad y la maldad, mejor que cualquier poeta romántico, sabrá la importancia de nuestros actos sobre nuestros pensamientos. En esta práctica, unos de los valores más apreciables de una persona se encuentran en la amabilidad y en la humildad. Cuántas veces hemos sido testigo de burócratas apelmazados o payasos con grados académicos sin una gota de sencillez y empatía hacia sus semejantes.

Recordando al escritor estadounidense, E.L. Doctorrow cuando escribe que la ficción enseña las leyes de la comunidad y distribuye el sufrimiento, podemos concluir que únicamente mediante la sensibilización humana, podemos llevar a la práctica acciones a favor de la comunidad y nuestros seres queridos, ya que, la vida real mediante la oralidad tiene el defecto de que las consecuencias de nuestros actos son irremediables. En cambio, en la escritura tenemos la capacidad de eliminar pasajes innecesarios o dolorosos, logrando con ello juicios más profundos y el incremento de nuestras buenas costumbres sociales.

Finalmente, para los que hayan leído esta columna, mi más sincera disculpa por tener el atrevimiento de llevar al papel mis reflexiones.

ATTE. Un charlatán

 

Fundador de la Revista Almadraba. Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Diario el Popular, Radio BUAP y Cultura Colectiva.

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