Una vida para arrepentirnos

Compartir

Se sufre muy bien y hasta se adora la mano que martiriza. La esperanza es cosa curiosa; yo espero olvidar a la persona que no quiso pasar por el camino en donde yo estuve toda la mañana esperándola.
— Knut Hamsun

En plena temporada de carrera política, los competidores son los mismos, las banderas se tornan de colores chillantes y apuntan el futuro de la nación en dirección a un partido político o candidato; en cambio, los individuos atrincherados en el transistor, esperarán el resultado de las autoridades electorales, que terminen por confirmar, la nula capacidad de empatía, de los aspirantes a puestos públicos. Seguramente, una vez culminada la elección, los ganadores comenzarán a señalar con arrogancia las personas que se subirán al camino del enriquecimiento y del poder, olvidándose de las promesas hacia las masas, y los derrotados no tendrán otra opción que irse a la chingada, ubicada como es de suponerse, en la periferia del país.

Reflexionando la calidad moral de las personas que aspiran al poder en todo medio de comunicación, es momento de que los individuos sopesemos el hilo negro de la idiosincrasia de nuestra clase política. Ensombrecidos en una época de publicidad mediática en torno al éxito y a los placeres momentáneos, resulta comprensible la calidad de valores con la que cuenta un joven político en formación. Algunos —los pocos— tendrán en sus venas delgadas y jóvenes el torrente de la convicción y el idealismo hacia los más desfavorecidos. Aunque, lamentablemente, pocos serán los que la mantengan.

Resultado de imagen para kafka

Haciendo referencia a las primeras formas de gobiernos organizados, no podemos olvidar que para la aristocracia, resultaba necesario para el aspirante a gobernante, el conocimiento sobre el género humano. Incapaz de tocar a los dioses, las personas hemos olvidado que la literatura ha sido la herramienta en la que lo seres humanos, podemos aspirar a un poco de sabiduría colectiva y comprender la imperfección de nuestra naturaleza y por consecuencia de nuestros actos. Franz Kafka (1883 – 1924) mentía cuando escribió que no hacía falta salir para descubrir al mundo. Comprensible pronunciamiento de un hombre sensibilizado por la lectura, incapaz de hacer daño a tres metros de distancia. Pero olvido que la lectura, también es un medio de búsqueda y de conocimiento para salir incluso de nosotros mismos. Entonces, los escritores que todavía pueden ejercer su oficio con cierta decoro, tienen la responsabilidad social de convertir a los dos o tres despistados que siguen sus notas en personas conscientes que pueden ejercer su voto responsable y coherente. Y, sobre todo, de sensibilizar a la clase política, —con una capacidad de dañar mucho mayor—, acercándolo a las humanidades para ejercer su puesto con el menor despotismo posible.

La política occidental, empañada por la desconfianza civil, quizá tenga como único camino para la reivindicación, conceptualizar nuevamente sus preceptos ideológicos y alcanzar el arrepentimiento. Pero, ¿cómo hacerlo? En nuestras relaciones personales, solemos toparnos con personas que ponen a prueba nuestra capacidad para hacer el bien y vivimos en un tiempo en que ni siquiera el perdón es sincero o desinteresado. Soy optimista, tenemos toda una vida para arrepentirnos. Así que, ante tal masacre sentimental, yo le diría a nuestros dirigentes: En la vida como en el libro, dar vuelta a la página es un acto de fe.

Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Diario el Popular, Radio BUAP y Cultura Colectiva.

Be first to comment