Historia de los emojis

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Todos los días a cualquier hora es casi imposible escapar de los emojis; esas pequeñas imágenes de 12 x 12 píxeles de tamaño que posee un simbolismo y se presenta en formato Unicode, el mismo de los caracteres del idioma nipón y también del chino. A diferencia de los emoticones, que más bien se tratan de símbolos creados a partir de signos de puntuación y que suelen leerse inclinando la cabeza: :-), 😉 o :-(.

Los emojis tienen su origen en Japón; la ‘e’ que significa ‘imagen’; y ‘moji’, que significa ‘letra’ o ‘carácter’ en japones y su creador es Shigetaka Kurita, quien en  1999 creó los primeros 176 emojis a petición de la empresa japonesa NTT Docomo, una empresa de comunicación móvil.

Su inspiración fue el manga. Generalmente en este tipo de revistas  se representan conceptos con símbolos, por ejemplo el amor puede representarse a través del emoji corazón sin tener que escribir ni siquiera una letra, muy similar a lo que ocurre con los caracteres del idioma chino y japonés.

De acuerdo a su creador Shigetaka Kurita los emojis no sólo son signos divertidos que sirven para amenizar nuestros mensajes virtuales, sino que también podrían llegar a funcionar como un idioma que una a todos los ciudadanos del planeta.

El éxito para comunicar diversas ideas permitió que empresas como Apple o Facebook comenzaran a incorporar en sus dispositivos y sitios los famosos pictogramas, lo que expandió este fenómeno.

Ahora bien al tener un origen japonés estos emojis se convierten en un pequeño muestrario sociológico de Japón. Tal es el caso de los emojis de changuito, que en realidad se tratan de unos monos muy particulares.

En el santuario sintoísta Toshogu, en el norte de Tokio, existen tres esculturas de monos similares al trío de emojis (uno tapándose los ojos, otro las orejas y el último la boca). Éstos se llaman «El mono de no ver el mal», «El mono de no oír el mal» y «El mono de no hablar el mal» los cuales aluden a un proverbio japonés que dice «No ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal».

Otro emoji con su historia muy particular es aquel como con  cara de ogro o diablo que se llama “Namahage”. Se trata de un personaje que descienden desde las montañas de la prefectura de Akita (Noroeste de Japón) para comprobar si los niños se han portado bien, amenazando con llevarse aquellos que se hayan portado mal muy similar al ropavejero.

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¿Y qué tal de caso de estas chicas en leotardo y orejas de conejito? En realidad se trata de la  representación de los Kemonomimi, es decir, humanos con características animales que aparecen en la animación japonesa. Pero no te preocupes para el creador de los emojis no hay un uso incorrecto.

No creo que exista un uso correcto o incorrecto del emoji. ¡El uso es libre!

 

 

 

Referencias:

Fondéu BBVA (2016). Emoticono / emoji. Fondéu BBVA. Recuperado de https://www.fundeu.es/consulta/emoticono-emoji/

Llanos Martinez, H. (2015). Lo que opina el inventor de los emojis del uso que les damos (y de la flamenca del WhatsApp). Verne. El País. Recuperado de https://verne.elpais.com/verne/2015/11/06/articulo/1446819934_409540.html

Tamayo, A, (2018). Breve historia de los emojis. Algarabía. Recuperado de http://algarabia.com/esta-en-chino/breve-historia-de-los-emojis/

Estudiante de Psicología. Desde hace 20 años jugando a ser humana.

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