El alma de un edificio. Cándida Höfer en México

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Impedir la existencia de personas en un edificio equivale a que el corazón –ese aparatito insertado en nuestro pecho y que tiene como tarea fundamental bombear sangre, sangre que permite vivir– cese sus pulsaciones. Son las que otorgan viveza a un recinto. A cada paso, a cada palabra hablada y que choca en las paredes, el recinto se siente como un ente vivo. Recibe estímulos y los atesora en los confines de su estructura.

Pero tan pronto queda vacío –sea momentánea o permanentemente–, el lugar se torna oscuro. Un edificio abandonado, por ejemplo, todavía en pie, tiene una proximidad a los animales disecados en los museos. Sabes que antes tuvieron vida, pero ahora, en el momento en que los miras, la han perdido.

Cándida Höfer en México.

Perdida la vida, lo único que queda es el alma: esencia que ronda por cuantos lugares la mente no puede imaginar. Sientes el pasar de ésta. Queda expuesta y es con lo que convives. Al mirar dentro de un edificio vacío, se mira a la desnudez de esa alma. Puedes sentir cómo se ruboriza de saberte ahí, de no poder rechazarte porque eres lo más cercano que siente a una vida.

Esta tesis es resultado de haber visto la obra fotográfica de Cándida Höfer, artista alemana especializada en dicho campo. Höfer, quien estudió en la Academia de Arte de Düsseldorf, visitó nuestro país en el año del 2015 para trabajar en dicha obra, titulada, simplemente, como En México.

La fotógrafa realizó una estancia de veinte días en nuestro país, donde recorrió los estados de Jalisco, Guanajuato, Estado de México, Puebla, Oaxaca y la capital. Su estancia consistió en fotografiar los edificios más importantes de estas ciudades. Variables en su estructura, algunos colosales –como la Catedral nacional–, otros de menor tamaño –como la Biblioteca Palafoxiana, en Puebla–.

La exposición tuvo el apoyo y la curaduría de Patricia Ortiz Monasterio, curadora con suma relevancia en el mundo artístico de México. El equipo de Cándida Höfer, en conjunción con las personas a las que Patricia invitó, trabajó arduamente para que las fotografías aquí mostradas pudiesen concretarse de la manera en que ellos querían. En palabras de Ortiz Monasterio, a pesar de que existieron procesos posteriores, como el retoque de las fotografías con el uso de Photoshop, la verdadera magia reside en el instante en que se tomaron. Hubo ocasiones donde esperaban a que las nubes tapasen el sol, para que la luz fuese lo más óptima y tuviese la calidad que ellos buscaban.

Dividida en tres salas, la muestra fotográfica consiste en la aproximación del espectador a los confines más recónditos de un edificio vacío. Para lograr este efecto, Monasterio recuerda que les pedían a las personas que esperasen un momento para que la artista alemana lograra la toma perfecta. Esto resultaba sumamente difícil, si tomamos en cuenta que, como bien lo dijo la curadora, estos edificios están concurridos constantemente. No cesan las labores en ellos, cosa que complicó a ratos la realización de las fotografías.

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Pieza de ‘En México’, obra de Cándida Höfer. Foto extraída de internet.

Höfer, con su captura visual, retrata perfectamente la analogía entre un edificio y el ser humano –más específicamente, con el cuerpo–. Cada foto expone puntos clave de las construcciones como si fuesen los órganos centrales de las personas. Pasillos, estanterías, arcos y columnas en remodelación, vitrales puestos en los techos generan la sensación de observar al interior de un cuerpo humano en completa quietud. Por ejemplo: en la tercera sala, hay una pieza que consiste en la fotografía de las tuberías del edificio en cuestión. Oscuras y poco expuestas al público, comparten semejanzas con los intestinos, pues ambos tienen la función de eliminar las cosas innecesarias del cuerpo –humano y arquitectónico–.

Una característica que resalta al encontrarse con la exposición es la viveza con la que Höfer capturó los edificios. El espectador se encuentra inmerso en la fotografía. Puede sentirse justo en el lugar, con ganas de tocar todo a su alrededor. Las pinturas murales que tienen algunas construcciones como decoración traspasan el límite del espacio entre la fotografía y el espectador, haciendo que este último sienta presente a la pintura, como si estuviesen uno frente a la otra.

Con este discurso visual, Höfer hace que nos cuestionemos si los edificios son tan grandes como parecen, o bien somos nosotros los que les otorgamos dicha grandeza. Nos posiciona a la par de un coloso para observarlo con detenimiento y concluir que, gracias a nuestra existencia, ellos logran la magnitud con la que se concibieron, la admiración de personas comunes y corrientes que pasan a su lado y que los miran con asombro.

Del mismo modo, la artista alemana nos exhorta a realizar un recuento de la belleza estética y artística a nuestro alrededor. Es un recuento pequeño pero prolífico de nuestra propia arquitectura, una que por años hemos atesorado y que debe de hacerse siempre.

La exposición ya abrió puertas y estará hasta el día 9 de Julio de 2018. Dependiendo el día, tiene un costo distinto. Los invitamos a que visiten la página del Museo Amparo para que sepan los horarios y costos del recorrido.

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Exposición ‘Cándida Höfer en México’. Foto extraída del Museo Amparo.

Me gusta mucho Kendrick Lamar. :)

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