#Crónica Un viaje estrambótico: Enjambre y Chetes en Puebla

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Fotos por Lizbeth Romero/Crónica por Pablo Prieto

Semanas antes tuve el gusto de poder platicar con Luis Gerardo Garza, alías Chetes, y el líder de Enjambre, Luis Humberto Navejas. Ambos mostraron una sincera admiración por la música del otro, enalteciendo sus éxitos por separado. También mencionaron tener una conexión especial con Puebla. Debido a ello, mi exaltación por esta fecha se acrecentó (a pesar de que meses atrás pude escuchar cuatro canciones en vivo de la banda de Fresnillo, en el festival que año con año organiza EXA).

Los sábados son difíciles para mí. Parece cliché de oficinista (y sí lo es), pero en verdad este es el día en el que más trabajo me cuesta levantarme temprano. Sin embargo, para este 3 de marzo tuve una excusa para poder anticiparme, ganarle al canto del gallo y terminar mis deberes (hogareños) a tiempo. Fue un largo tiempo de espera para el que, como comenté en una nota pasada, sería el mejor concierto en el primer trimestre en Puebla; pero siempre que sucede eso (de esperar mucho por algo), en mi cabeza resuena Pedro Calderón de la Barca, diciendo afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar. 

Lo primero que hice fue armar una pequeña playlist con 5 canciones que desearía escuchar, de cada presentación. La compartí con quién tendría el gusto de poder disfrutar este concierto, mi amiga y fotógrafa Liz (quien se la rifo, a pesar del fallo de su compañero [yo] de no anticiparse y llevar un lente 75-300), y después la puse para animarme a terminar los pendientes. De hecho, en días previos ella me comentó que sería buena idea descargar los discos Proaño (2014) e Imperfecto Extraño, para prepararme y no pasar ese típico momento incómodo en un concierto, en el que todos cantan menos tú. Sin embargo, tuve el inconveniente de no poder reproducir el primero de estos, y de no encontrar el segundo completo en la red (sí, confieso que sólo descargo mi música en rar); por lo que mi material, para cuando estuviera fuera de casa, fu escaso.

Llegamos muy a tiempo al Complejo Cultural Universitario. En cada concierto al que voy, ya sea por trabajo o gusto personal, procuro llegar con la mayor antelación posible, para poder prevenir las situaciones que pudieran darse. Pasamos a zona de acreditación a las 21:30 horas y nos ubicamos en nuestros respectivos asientos a las 22:45. El ex-líder de Zurdok apareció ante nosotros con el sencillo que abre su nuevo álbum (Estereotipos, 2016), Éxtasis Ultra Deluxe. Un golpe de rápidos de riffs, con toques brutales de sintetizador que brillan por encima.

Perdidos en su silueta (como dice la mencionada canción), escuchamos una combinación de canciones para celebrar sus 20 años de carrera. Fue una presentación muy corta (era de esperarse), por lo que son pocos los destellos. Al saber que no sería tanto el tiempo, Chetes declinó mas hacia los himnos. Su nuevo material electro-pop me gustó bastante y me quedé con ganas de más; Sueños perfectos fue de las mejores interpretaciones del regiomontano; al igual que Que me matenCompletamente y 16 de febrero (canción que recientemente publicó en formato en vivo, junto a Emmanuel del Real, de Café Tacvba). El momento más alto fue Querer. Una de las mejores canciones de amor en español, me gusta mucho la letra y es de las que más representan mi trabajo, fue lo que mencionó sobre este sencillo en aquella plática; y así se sintió el escenario. Luis Gerardo se ‘desnudó’ ante el público. Dejó atrás a su equipo y se quedó sólo en la tarima, junto a su guitarra electroacústica, con el público acompañándolo como coristas. Regresaron sus acompañantes y cerró en automático, como un efecto dominó (con esta canción).

Me agradó bastante la presentación de Garza Cisneros, sin embargo fue algo raro. Les comentó tres situaciones. Primero, este fue mi primer concierto en dicho recinto. Ya me había tocado asistir a algunos eventos de la Universidad e incluso un musical, por lo que no pude sentirme incómodo recordando que debajo de ese telón recibí mi diploma de graduado de preparatoria, hace menos de 8 meses. Después fue el estar sentado. Para algunos es más cómodo corear y moverse desde su silla; pero para mí no. Por momentos me pasó por la cabeza pararme, pero eso hubiera sido una falta de respeto para los que estaban atrás mío. Y por último, creo que a Chetes le faltó interpretar algo de Zurdok o Vaquero. Con Azul Oscuro (como Liz mencionó) o Estático, me hubiera conformado. Vino una pausa de 20 minutos. Liz y yo comentamos un poco sobre el concierto y sobre otras situaciones.

(Como acotación, en esta pausa pude ver a lo lejos a Robert Lear, director general de Get in México, la división de shows de Warner Music; un hombre de admirarse para la promoción de eventos. Quise acercarme a saludarlo, pero cuando tuve el tiempo, no lo volví a encotrar.)

A pesar de que último disco no fue tan largo como los anteriores, Enjambre se dió el lujo de poner una obertura (que de hecho lleva ese nombre), para dar inicio a un viaje estrambótico. Fue así como decidieron presentarse en Puebla, para después comenzar a platicarnos sobre una estrella fugaz cuya existencia será relativamente breve, con Celeste (que bella analogía; como para leerse la letra completa, a capella). Y con toques synths volando por el recinto, Luis Humberto (pareciera que me leyó la mente) invitó a todos a pararse de sus asientos y acercarse lo más posible al escenario.

Ahora pondré una pregunta que espero quien guste me pueda responder en la caja de comentarios: ¿Será Luis Humberto Navejas el mejor frontman mexicano? El hombre en solitario es digno de presentarse. Cada movimiento con el micrófono; su forma tan extrovertida de dirigrse a la gente, siempre acercándose a ellos; y su forma de mover los pies al ritmo de la música, me dejaron atónito (Esto me recordó mucho a Samuel T. Herring, líder de Future Islands; incluso son de la misma complexión y su forma de vestir es similar). No hubo canción en la que no pensara eso sería una muy buena foto, pero, como en todos los eventos, sólo es permitido hacerlo en las primeras tres.

Esta banda de fresnillo tiene un sonido distinto e inconfundible. Como lo mencionó Luis en aquella plática, Enjambre está donde quiere y lo disfrutan al máximo. Cada canción lanzada, la han logrado adaptar para convertirse en un prospecto a coro de masas. No, sus tinte no es de música comercial, pero sí mantienen esa frescura de poder equilibrar una composición alternativo, con un futuro himno. Esto se vió con cada uno se sus éxitos.

Manía Cardiaca, Somos Ajenos, Elemento, entre otros más, se convirtieron en momentos íntimos entre los chicos Fresnillo, y los asistentes. El punto más alto llegó a la mitad. La montaña rusa parecía no tener fin, en cuanto nos dimos cuenta de que Eramos siempre los despreciados / Los mal interpretados / Vimos sueños no cumplidos de seres queridos, con Sábado Perpetuo. Durante lo más de 3 minutos y medio tuvimos a cada uno en su punto más alto. Rafael, en el bajo y el coro, bien empalmado con Ángel Sánchez, en la batería, dándole un toque azul oscuro a la composición; toque sutiles, pero nada desatinados de Julián, en el teclado; y un Javier Mejía destellante en cada riff. Estos dos últimos tuvieron su momento de brillar en solitario, en el Nudo (corte de Imperfecto Extraño; y, literalmente, el nudo del concierto). Un tunel infinito, en el que navegamos entre crudeza y potencia.

Como se esperaba, lo que más buscaron era presentar Imperfecto Extraño. Por ello, el concierto fue un adentramiento en este álbum, en el que le anexaron parte de su pasado. El cierre llegó con Vida en el espejo, probablemente la balanda más triste de Enjambre. Me atrevo a decir que su sencillo más José José. Entre lágrimas (internas), con este encore se despidieron, dándoles y recibiendo aplausos de la gente.

Revisé mi reloj y me percaté de que ya era domingo. Junto a Liz (porque coreamos juntos algunas rolas [ella se sabía más]) me perdí estrambóticamente con Chetes y Enjambre y hubiera querido nunca volver. Tardé un tiempo en volver a la sintonía con el mundo real; incluso, llegué a casa y a mi cabeza y oídos todavía les tomó tiempo darse cuenta de que el concierto había acabado. En un púrpuro atardecer, espero volver a tener un encuentro del tercer tipo con estos chicos, que confirmaron lo que creí desde agosto pasado: en verdad fue el mejor concierto al que he asistido en lo que va del 2018 (incluso mejor que el de Bon Iver, en el WTC de la CDMX, que de hecho es mi banda favorita.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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