¿Te has preguntado cómo sería tú vida si satélites? Muy diferente, te lo aseguramos

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Hoy en día millones de personas intercambian datos en cuestión de segundos o menos: por medio de dispositivos de comunicación móvil, redes sociales, etc. Esto genera la recepción y retransmisión de datos en distintos lugares del mundo, lo cual es posible gracias a la puesta en órbita de satélites artificiales. De esto nos platica nuestra divulgadora invitada, Gabriela Amador.

Se puede considerar a un satélite artificial como un aparato espacial que orbita alrededor de un cuerpo celeste, en nuestro caso la Tierra. Acostumbramos llamarlos satélites.

¿De qué está constituido un satélite?

En general un satélite artificial está constituido por dos módulos, el de navegación que da un ajuste de su órbita, y el de comunicaciones, el cual recibe las señales enviadas desde la tierra, las amplifica y retransmite. El módulo de navegación se caracteriza por tener una resistencia estructural, que protege al satélite durante su despegue.

El módulo de control de operaciones vigila el buen funcionamiento del sistema y reporta cualquier inconveniente que se llegue a presentar. Cuenta con una fuente de poder, constituida por paneles solares que al recibir la luz del sol la transforman en energía eléctrica. Tiene además otro módulo de control térmico que protege al sistema de temperaturas altas y uno de altitud y colocación de orbita, auxiliado con sensores de orientación.

Estos sistemas también pueden llevar a bordo una instrumentación de acuerdo al uso que se les va a dar. Estos pueden ser cámaras fotográficas, sensores, telescopios, entre otros. Hay satélites de todos los tamaños y pesos. Actualmente contamos con satélites que pueden llegar a medir 21 m de largo y pesar 17 toneladas. En nuestra institución han realizado satélites del tamaño de una lata de refresco.

¿Cómo funciona un satélite?

Para ponerlos en órbita alrededor de la tierra se aplica la primera Ley de Newton que nos dice que todo cuerpo está en movimiento hasta que una fuerza externa intervenga sobre él. Es decir, una vez que están en su lugar se mantienen en una trayectoria a cierta distancia del suelo si no hay una fuerza que los mueva.

Existen satélites de órbita baja, de órbita polar y geoestacionario. Órbita baja significa que están en una altura de 300 km de la tierra. Los de órbita polar viajan en una dirección norte-sur y este-oeste. El geoestacionario se localiza encima del ecuador y rastrea un área específica que se llama “huella”. También se pueden clasificar como satélites activos y pasivos. Los pasivos solo reflejan las señales que les llegan desde la tierra a otro punto de ella, por ejemplo, los satélites de comunicaciones.

Los satélites meteorológicos recogen datos y los envían como señales de radio hacia la tierra.

Finalmente tenemos los satélites científicos, que reciben otro tipo de datos como campos magnéticos de la tierra, rayos X, radiofrecuencia o portan telescopios. Estaciones de monitoreo en la Tierra. El diseño de las estaciones de monitoreo terrestres cuenta con una antena altamente sensible que cambia continuamente de dirección. Esta recibe señales satelitales débiles que se amplifican. A dicha antena se le conecta un amplificador máser. Este convierte la energía de los átomos a microondas, que son ondas electromagnéticas de muy baja amplitud. Estas ondas electromagnéticas ocasionan electrones de alta energía, provocando que se liberen, y cuya consecuencia es la amplificación de la señal recibida. En la práctica las señales son recibidas por la estación y luego son enviadas a satélites, que a su vez las redireccionan hacia otra área. Los datos que se pueden enviar pueden ser señales telefónicas, de tv, de radio, y otras más.

¿Cómo surgió esta tecnología?
La puesta de satélites artificiales comenzó debido al inicio de la carrera espacial. Está comenzó en el año 1957, cuando Rusia puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik 1. Este sólo contaba con un sistema de control térmico y un módulo de trasmisión. Al año siguiente Estados Unidos creó la NASA y lanzó el satélite Explorer 1. Este tenía 2 m de largo y pesaba 8 kg. Con el tiempo otros países se fueron agregando a esta carrera. Desde el Sputknik 1 se han enviado al espacio más 6600 satélites artificiales: 3600 permanecen en órbita y más de 1200 están activos. Actualmente el costo comercial de un satélite es de entre 100 y 500 millones de dólares.

Como podemos ver, el funcionamiento de los satélites es de gran ayuda para poderse comunicar vía telefónica, por video llamada, y apoya en muchas actividades. Son de gran importancia para el desarrollo de una sociedad. Actualmente estos son de gran ayuda para el gobierno, empresas dedicas a la comunicación e institutos científicos.

Que podamos disfrutar de nuestros programas favoritos desde la comodidad de nuestra casa, comunicarnos con amigos que se encuentran en distintas partes del mundo, estar informados del clima de hoy, el saber que sucede en el espacio con otros planetas, son algunas de las múltiples ventajas que nos dan este tipo de sistemas.

Es importante que resaltar que estos aparatos espaciales pueden llegar a convertirse en basura espacial, ya que como sabemos al paso del tiempo y por la invención de materiales con mejores características, provocan que haya un continuo envió de nuevos satélites que mejoran la calidad de la recepción y transmisión de datos.

¡Así que yo difícilmente me imagino mi vida sin la ayuda de los satélites!

Bibliografía

Bonfil M.. (Diciembre de 2012). 7 ¿ cómo ves ? Martín Bonfil Olivera Alergias por polen Exploración espacial: ¿para qué?. ¿Cómoves?, 166, 40.

Sacristán F.. (Septiembre 2005). Sátelites de Comunicación. Revista Latinoamericana de Comunicación: Chasqui, 91, 71.

Sanchez M. y Fernandez L.. (2004). EL USO DE SATÉLITES EN LAS CIENCIAS DE LA TIERRA Y DE LA VIDA. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 12.3, 248-252.

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Gabriela Amador

6º semestre de mecatrónica

Estudiante de Ingeniería Mecatronica de la BUAP. Responsable de la difusión de la ciencia. Fanática de la tecnología  aeroespacial pero, sobre todo, un ser humano que sueña con llegar, a través de la escritura, a millones de mentes que pueden cambiar su propio mundo a través de la ciencia.

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Esta entrada es el resultado del taller Escribir para divulgar donde hemos empezado a desarrollar habilidades de escritura para compartir eso que sabemos o que nos gusta acerca de la ciencia y la tecnología.

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Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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