¿Por qué poemas?

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El lenguaje es nuestro puente que nos conecta con el mundo, pues por medio de él nos comunicamos, nombramos a las cosas y expresamos nuestro sentir; es cierto que muchas veces nuestra lengua es aquella que nos describirá y mostrará la realidad, pues mientras más palabras conozcamos más conoceremos al mundo, no es lo mismo decir “hacerlo con el corazón” que la palabra meraki del griego que significa lo mismo. Pero lejos de pensar en el lenguaje como instrumento de funciones exactas para el hombre, existe una arte que la emplea y que es capaz de destrozar los significados para crear uno propio o decirlo de tal manera que resulte bello o más descriptivo, pues con la poesía el lenguaje es capaz de reinventarse y mantenerse por sí mismo, demostrando que  hay conceptos en el mundo que las palabras son incapaces de encerrar.

Un poema es una metamorfosis, pues parte de una realidad y produce de está una versión transfigurada pero intangible. Representa un punto medio entre lo literal y lo incomprensible pero que logra transmitir una sensación que es capaz de talar los huesos y conquistar  en la lectura, pero eso es por parte del lector y el deleite que alcance, la incógnita es: ¿por qué se escriben?, porque efectivamente si la humanidad se ha preguntado toda la vida qué es la literatura y muchos estudiosos marcan que es aquello que está escrito, o que tiene un sentido estético,  no se ha logrado un concepto que enmarque todos los géneros que existen. Sin embargo, lo que no se puede negar es que en la lírica, el lenguaje es aplicado con una técnica que necesita una disciplina y dominio del mismo, porque es tanto lo que se juega que resulta ser un riesgo que debe saber equilibrarse para lograr la exquisitez, porque la poesía no es sino perfecta.

Dinámicos, heterodoxos, libres, complicados… Los poemas quizá partan de una energía exagerada, de una mente que grita, una tarde silenciosa, una observación minuciosa, algún secreto del universo que tejido de signos no busca más que compartirse, expresarse, nombrarse y colocarse en el mundo, pues qué se sabe del amor, la muerte o algún otro concepto abstracto o exacto sino por medio de la poesía, pues aunque al mundo no le guste vivir en subjetividades, la única verdad es que el hombre sólo puede aproximarse al mundo pues finalmente todo es eso, contemplación. Las pasiones humanas son tan extensas y propias que el material poético es casi único de autor a autor, porque la poesía además resulta ser personal, a veces nace de una confrontación que se tiene con sí mismo, los llamados demonios internos que buscan una redención y que se inclinan frente a una hoja de papel para comenzar una batalla.

Posiblemente los poemas siempre salen de su autor montados en metáforas mudas y habría que insistir en que son pequeños universos que se crean y que ayudan a comprender la vida mucho más que otras instancias, sin embargo aquellos que se atreven a tan peligrosa hazaña, logran descubrir que esa “aproximación” también invaden el arte, pues los poetas sólo se acercan: el amor por ejemplo, es posible por medio de un simulacro, pues aunque logra transmitir sensaciones, sólo se quedará en una instancia primaria de  voluntad, mencionando que sólo aquellos que han sentido algo similar lograrán comprender de verdad lo que se ha querido transmitir o en pocos casos la poesía ayudará a aspirar una emoción similar.

Los poemas son significados transcendentales, son capaces de nombrar, crear y hasta significar el silencio y el vacío.

Finalmente, los poemas implican estar en movimiento continuo y estéticamente lograr una audacia, crear una alianza entre el mundo que todos conocemos y lo que el humano puede sentir, no es una fuga del mundo sino una formalidad ante lo puro, una revolución personal e interna, pues ofrece posibilidades para transgredir las imposibilidades. Vivir el mundo, implica el conocimiento, pues sólo los que logran experimentar de verdad alguna instancia sabrán expresar desde su punto de vista, lo que implica el acto, y no únicamente con el amor, la muerte, la justicia, el dolor o a cualquier otro referente, quien escribe poesía es conocedor y descubre los límites del lenguaje, se asfixia de emociones, pues el artista finalmente nos está prestando sus ojos para ver con ellos el mundo, tal es el don del genio: el conocimiento de lo esencial con independencia de sus relaciones con el mundo, entraña una forma de afirmarse y vivirlo, pues por eso la gente escribe poemas, para sobrevivir, para simplemente ser.

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