El gran tiburón blanco: incomprendido no violento

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La industria del cine y los medios de comunicación masivos nos han mostrado un solo lado de la naturaleza que resultó ser la  cruel violencia de los  carcharodones carcharias, es decir los tiburones blancos. La famosa película titulada Jaw del famoso productor Steven Spielber de 1975 marco una pauta importante debido a que el filme causo tanto impacto en los espectadores que aquel verano el temor producido por la criatura antagonista redujo importantemente las visitas a muelles y playas, pues fue tan impresionante los efectos y el trabajo de todo el equipo, además de una fuerte campaña publicitaria en la que los artistas que personificaron a los protagonistas tenían prohibido por contrato salir en público durante el estreno para así aparentar más realidad; que muchas personas se quedaron con la imagen maligna de los tiburones e incluso la histeria colectiva llevo a su caza furtiva, pues como la historia nos ha enseñado: el ser humano tiende a extinguir aquello que le parece una amenaza, muchas veces sin justificación racional.

Por su parte el tiburón nos enseña una historia más agradable. La especie más antigua de la que se tiene registro, no deja de sorprender pues imaginar un animal de tal proporciones resulta un tanto difícil: el megalodón (nombre que significa diente grande por su raíz en latín) medía aproximadamente 20 metros de largo y nos demostró que para sobrevivir en este mundo desmedido, su evolución desde los 20 millones de años que se cree presente la especie, nos expone que es un organismo que busca sobrevivir.

Y sí, pueden resultar bestias atemorizantes por la filosa dentadura que tienen, por su capacidad asombrosa de cazar a sus presas y por supuesto por su velocidad. Pero lo cierto es que resultan ser criaturas incomprendidas y no la imagen que nos introdujeron como máquinas de sadismo y de apetito insaciable, se tiene que aprender a aceptar que un animal en libertad no se tiene que atañer a la recreación humana, pues somos nosotros los que invadimos su habitad, ellos actúan por instinto y tener en cuenta que el humano no se encuentra dentro de su cadena alimenticia; inclusive la tasa de ataques de tiburones a humanos es muy bajo en comparación con otra clase de accidentes domésticos o de tránsito.

Debemos aprender a respetar a las especies y que estas no se deben doblegar a nuestros deseos,  pues una característica primordial de los tiburones blancos es que son incapaces de vivir en cautiverio, pues su proceso de respiración depende del movimiento constante de su cuerpo, ya que de lo contrario por su masa muscular se hundirían. Otra curiosidad sobre estos animales es que el canibalismo no es ajeno a estas especies, y no sólo cuando alcanzan una madurez, sino que también cuando estos se encuentran en el vientre materno, pues de los embriones que la hembra está gestando, en los tiburones blancos, el ejemplar más fuerte devora a los más débiles, proceso que demuestra que sólo los mejores adaptados pueden gobernar el mar.

Por su parte, los científicos fueron hipnotizados por sus características fisiológicas, no es de extrañarse que se vendan en la actualidad infinidad de pastillas o jarabes que contienen algún órgano de alguna especie de tiburón, pues lo que más ha llamado la atención de todos es que los tiburones resultaron ser animales que han sabido adaptarse tan bien que en la actualidad la mayoría de las especies son inmunes a todas las enfermedades, incluyendo al cáncer, por lo que sus “propiedades” que se le adjudican se continúan estudiando para así lograr un avance médico en una posible cura o recreación del aparato inmunológico de estas criaturas para consumo humano y así contrarrestar varias enfermedades autoinmunes.

Su capacidad de evolución es tan grande que incluso ya existe una especie: el tiburón alfombra, que es capaz de usar sus aletas como pies y caminar por algunas planicies profundas de los océanos y que su capacidad respiratoria lo lleva a resistir hasta veinte minutos fuera del agua. ¡Imagina que dentro de unos años los tengamos en las playas!

Todas estas características han creado un simbolismo alrededor de esta figura que representa aquello que es indomable, libre, poderoso e incluso misterioso, pues el habitad de esta magnífica criatura es el mar, que tal como el tiburón resultan tan presentes como extraños y por supuesto plagado de secretos.

Finalmente te propongo no consumir su carne ya que su sabor no es agradable (según me contaron) y la manera en que su pesca se realiza es inhumana debido a que cortan únicamente sus aletas y algunas veces el hígado, y aún vivos los lanzan al mar donde indefensos, esperan la muerte por la simple curiosidad de la verdadera especie amenaza: el hombre.

 


Referencias:

Markle, Sandra (2006). Los tiburones blancos: animales depredadores. Ediciones Lerner.

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