#Crónica Bunbury sale avante en Puebla

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Fotos por Fernanda Herrera/Crónica por Pablo Prieto

Desde el amanecer armé mi playlist de Bunbury. La mayoría de las canciones eran de su último álbum: Expectativas. He de admitir que la imagen que tenía del Ex-Héroe del Silencio cambió el año pasado. Sentía a un Enrique desgastado, que iba de más a menos, cayendo de manera lenta con discos de colaboraciones e incluso un Unplugged. Sin embargo, como a muchos otros más, el reciente compilado me voló la cabeza y me hizo recordar mi fanatismo por el español.  La cita marcaba 20:00 horas (para prensa), en Acrópolis. Me lancé con mi amiga y fotógrafa, Fer Herrera. Ella es mucho más fanática de Bunbury, que yo, por lo que, si el trabajo nos lo permitía, podríamos aventarnos un par de canciones juntos.

Empezaré con las quejas, porque no quiero terminar mal esta crónica. Nunca antes había ido a este nuevo reciento. Por lo que tengo entendido, Arturo Gilio, ex torero y empresario, es el principal inversionista. Dicen que la inversión es privada, pero por la zona (entre estadios Cuauhtémoc  y Hermanos Serdán; y el Parque Puebla) dudo que sea tan “privada”. Al punto que voy es que la acústica es pésima. No soy experto en construcciones, pero si tengo familiares que lo son y sé que en cualquier recinto, la estructura debe permitir circular el sonido para que llegue a todos los asientos. Cada riff de guitarra y golpeteo de percusiones, parecía explosión. Era complicado disfrutar de los músicos acompañantes. No hubo canción que no se sintiera saturada. Incluso hubo fallas técnicas a mitad de las primeras. El mismo aragonés, tras varios cortes, se detuvo a decir: “Desconozco las razones de las fallas, una disculpa por ello”. Tal vez sólo fui yo y nadie lo escuchó así, por lo que si alguien también fue (o ha visitado Acrópolis), le agradecería que comentara aquí abajo su experiencia.

Continuando con el show, Bunbury arrancó como Expectativas, con La ceremonia de la confusión. Fue acompañado de 7 músicos, vestidos de negro; el contrastaba con su pulcro traje blanco, con chaleco y sin camisa; resaltaba una X roja, en el saco (después nos dimos cuenta que también, en el chaleco).  Fue un inicio crudo y sublime, que servía de invitación para que, con los menos de 7,000 espectadores (por que no se llenó), esto se convirtiera en un hervidero de pensamientos. Con ello vendría una más del último compendio, La actitud Correcta y Porque las cosas cambian (Hellville De Luxe, 2008), para después presentarse ante Puebla y mencionar que lo escuchado sería un recorrido por su carrera (con Héroes y de solista), con intermedios de Expectativas (Como dato curioso, parte del cuerpo de luces formaba el nombre de dicho disco; esto sólo se vio antes de iniciar el show, posteriormente desapareció).

Para este punto, me rencontré con Fer y nos dejamos ir con el aragonés en un viaje de casi 2 horas. Nos ubicamos en la zona general. Era de dos sopas: nos colocábamos adelante, con los fánaticos gritones y que sólo se enfocan en grabar cada canción; o nos acomodamos atrás, con suficiente espacio para poder mover la cabeza, al compás de la melodía (obvio, esforzando mucho el oído y sin enfocarnos en los errores de audio) para ir coordinados.  Las paradas fueron Héroe de Leyenda (Héroes del Silencio, 1987), El mar no cesa (Héroes del Silencio, 1988), El espíritu del vino (Héroes del Silencio, 1994), Radical Sonora (1997), Flamingos (2002), El viaje a ninguna parte (2004), Licenciado Cantinas (2011) y Palosanto (2013); siempre dando vueltas y regresando a Expectativas.

Podría mencionarles todo el setlist, pero sería agotar palabras;  mejor recalco los momentos más altos (les recomiendo se den una vuelta por setlist.fm, es muy probable que lo tengan en un par de días; incluso la página te da la opción de reproducir las canciones). La actitud correcta y Parecemos tontos (se hubiera ganado mi corazón si mencionaba el nombre de algún político mexicano) fueron de los primeros himnos con los que Bubury se dio el lujo de corear a la par de la gente. Más alto que nosotros sólo el cielo, es de mi top 5, de sus mejores canciones. Una balada que navega entre grises y azules; tú decides si la dedicas a ese alguien especial, o la tomas como una rola inspiracional. Héroe de leyenda era la obligada (una canción de tiempos prehistóricos, como dijo Enrique), para recordar la gloria de aquella exitosa banda de los 80’s.

Tras diecisiete canciones, ¨cerró¨ con Maldito duende.  Sin embargo, como ya es sabido, la tradición más grande en los conciertos de rock son los encore. Yo no lo sabía, pero checando el armado de esta crónica, me encontré con que Bunbury acostumbra a hacer dos. El primero es de 5 canciones y el último, de una rola. Después de la ¨despedida¨, regresó con su ya conocido sombrero negro y una corbata roja.

Aquí haré un pequeño paréntesis y mencionaré que tuve un bello conflicto, al iniciar el segundo encore. Fer había ido al baño y cuando regresó me comentó ¨todavía faltan 5 canciones, me dijo el guardia¨. Justo en ese momento, me dí cuenta de que había alguien cuidando la puerta, de la entrada a zona general. En todas las rolas finales, volteé al menos un vez a ver a aquel hombre. Trabajaba (dejaba entrar y salir gente) y al mismo tiempo cantaba. Muchas veces se creé que ¨actuar como fánatico¨ (cantar y admirar al artista, en un concierto), mientras trabajas, es poco profesional. Yo estoy totalmente en contra de ello. Uno elige trabajar en lo que le gusta, para no volverse en un ser monótono y sin rumbo. Amigos de los medios, dejen de poner caras cada que algunos de los reporteros o fotógrafos, coreamos una rola o gritamos gol en el estadio; lo más bello de nuestra profesión, es poder disfrutar de lo que hacemos; obvio, siempre poniendo la chamba en primer lugar.

El final llegó, nos desgarramos hondo en el Infinito y nos recuperamos en las estrellas, junto a Lady Blue. Bunbury se despidió, pidiéndolo que encendiéramos los flashes de nuestros celulares y nos dijo al oído: Público mío, Hoy te elijo a tí para estar en mi vida, Te elijo cada día consciente y libremente. Levantó las manos y, como al final de la mayoría de las canciones, dijo: Gracias, sólo que agregándole un Hasta Siempre.

Esa fue mi experiencia con Bunbury. Como lo dice en el título, a pesar de Acrópolis, este hombre es un show. En esta ocasión, se dejó cobijar por un fantástico juego de luces y sus 7 versátiles músicos; pero podría no tener acompañantes y aún así deleitarnos con su voz y una guitarra, mientras se contorsiona en el escenario. Durante algunos días seguirán sus canciones en mi playlist, pues, al igual que Fer, quedé fascinado con su talento en vivo. Hasta la próxima, Enrique.

Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo y escuchando buenas rolas. * De fondo suena 'Two Steps, Twice', de Foals *

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