Confiemos en los animales

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El amor hacia los animales, y hacerlos responsables de nuestro afecto, nos da una valiosa lección: los seres humanos somos despreciables y nos protegemos de nuestro propia especie. ¿Solución? Confiemos en otro ser vivo.

La globalización y las relaciones sentimentales en las grandes ciudades, se han venido transformando. La libertad es poca, y los beneficios que nos trae el trabajo arduo, a penas son perceptibles por la poca cantidad y calidad de la que somos dueños de nuestro tiempo. Por ello, los animales y su compañía han cobrado una importancia para el hombre urbano sin precedentes. Ante la carencia de valores éticos, y egos por las nubes, la capacidad de ceder en nuestras relaciones sentimentales, es prácticamente nula, por lo que, la construcción de lazos duraderos que arraiguen al hombre con su complemento, resulta un milagro. Atrás quedaron los encuentros fortuitos entre dos personas y los sitios en común que llamen a la espontaneidad del amor. Las citas y los puntos de encuentro, mediante las redes sociales, se pactan como la junta de un ejecutivo a borde del infarto, mediante fotos, amistades y persecuciones, condicionando al sentimiento, por rasgos físicos atractivos que nos hagan levantarnos del asiento para conocer a alguien nuevo.

La decepción ante un panorama así, resulta común. La frustración a la que nos lleva, una vida prácticamente programada en todo momento, nos hace habitar una vida plagada de excesos y consumo de sustancias nocivas que nos hagan por un momento librarnos de las preocupaciones diarias y la insatisfacción sentimental. Sólo una sociedad miserable en sus entrañas, es capaz de hacerse daño.

Ante la desconfianza que nos proporcionan las relacionas humanas, la inocencia de la mascota que deambula a nuestro alrededor, nos enternece y nos cuestiona sobre el mundo de afuera. Desconocemos el motivo por el cual los animales pueden mostrar cariño o fidelidad hacia nosotros, conocerlo sería traumático, porque seguramente nos podríamos encontrar con motivos de instinto hacia su proveedor de alimento y vida.

Pero, a través de las mentiras, podemos desarrollar en nuestro ser, una capacidad de ilusión hacia los que nos rodean. Resultaría imposible habitar un mundo en el que la ciencia y la razón gobernará todos los ámbitos de nuestra vida. Y, es ahí, donde el vínculo entre el hombre y su mascota, se enternece y desemboca en una relación mucho más profunda entre dos seres que ante la limitante del lenguaje, llevan al máximo las señas del sentimiento.

Saber que otro ser vivo, nos espera después de un día en que nuestra propia especie, nos hizo victimas de sus deseos de poder, envidia e irracionalidad, nos convence que los animales, como alguna vez pensó el filósofo Arthur Schopenhauer (1788 – 1860) representan la primera prueba de bondad del hombre y su capacidad de hacer el mal a sus semejantes. Confiemos en las animales, pero no los humanicemos, porque su propósito en nuestra vida, llegaría a su final. Encontremos a la persona que nos haga creer que nos puede querer con la misma inocencia y sin sacar ventaja de nuestra fragilidad.

Licenciado en Relaciones Internacionales. Promotor Cultural. Columnista en Diario el Popular, Radio BUAP y Cultura Colectiva.

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