Los secretos de la Piedra del Sol

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Así empieza esta historia:

Se cuenta que, ulteriormente a la caída de la gran Tenochtitlan (1521), Hernán Cortés decretó que todos los ídolos fueran sepultados para que, de esta forma, los nativos aceptaran las nuevas costumbres. Curiosamente, la Piedra del Sol permaneció a la vista cerca de 38 años, en lo que actualmente vislumbramos como zócalo de la colosal metrópoli. Entonces, llegó 1559. ¿Y qué pasó? El curso de 52 años se terminaba para los mexicas, seguido de la fiesta del Fuego Nuevo. Los conquistadores, atemorizados que volvieran las antiguas prácticas, acordaron cavar y enterrar el monolito con el relieve abajo.

Otra leyenda cuenta que, a mediados del siglo XVl, el arzobispo fray Alonso de Montúfar la condenó como obra del demonio y mala influencia; por tal motivo, dictaminó su sepultura.

Prosiguiendo, el segundo Conde de Revillagigedo(1) notando que la Ciudad de México se percibía un poco desorganizada y sucia, decidió llevar a cabo un plan; éste consistió en la instauración de luminarias, en el sistema de recolección de basura; la colocación de atarjeas y tuberías; el empedrado de calles primordiales. Durante aquella faena, la diosa Coatlicue(2) fue hallada un 13 de Agosto de 1790; con igual asombro, el 17 de Diciembre del mismo, la insólita y pasmosa Piedra del Sol, o conocida por muchos como Calendario Azteca(3), fue encontrada; prontamente, fue trasladada a la torre poniente de la Catedral.

En 1885, ésta se envió a la Galería de Monolitos del Antiguo Museo Nacional, en la calle de Moneda, Centro Histórico de la capital. En 1964, se condujo a la sala mexica en el Museo Nacional de Antropología, Bosque de Chapultepec; área donde, hoy en día, la podemos admirar.

Ésta tiene de diámetro 3.60 metros, 122 centímetros de grosor y pesa 24.5 toneladas. Fue fabricada con olivino de basalto, oriundo de la Cuenca de México, tal vez, del sur de Xochimilco o San Angel.

El arqueólogo Solís Olguin dejó un interesante testimonio, el cual brinda características impresionantes, tales como la posición horizontal y no vertical del monolito; el sugerible uso como plataforma para sacrificios que se enlaza con el examen ejecutado al enorme disco y las coloraciones rojizas y amarillas tipo ocre que se obtuvieron; asimismo, el proponible almacenamiento de corazones y entrega de sangre al guía del firmamento.

Lo anterior suena como un fin único, pero el monumento abrigaba otro propósito; el designio de mostrar su cosmogonía, el paso de Tonatiuh o, en otras palabras, las transformaciones de la divinidad. Inicialmente, Huitzilopochtli, la imponente estrella que alumbra a este orbe, es parido por su madre Coatlicue; el oriente es testigo de aquella hazaña. Los guerreros sacrificados en honor de él o muertos en batallas lo acompañan; ámbito masculino. La expresión del magnánimo bloque se enfoca al mediodía. El atardecer es encauzado por Tzontémoc (el que baja la cabeza, sol del ocaso); las mujeres fallecidas en el primer alumbramiento lo amparan; esfera femenina; poniente. Al caer la noche, es ingerido por el inframundo; irradia con sus rayos al mundo de los muertos, una alusión a la matriz de la deidad Coatlicue; será traído al globo como cada amanecer.

Para desglosarla, empezamos por el centro; un rostro se hace presente; observamos el cabello completamente liso; en las orejas, ornamentos especiales para los mexicas; el semblante semidescarnado; unos ojos ahondados; unas curvas envuelven la vista del dios; una boca extensa; una lengua se asoma, pero es, ciertamente,  un cuchillo de sacrificios antropomorfo (con figura humana), conocido a manera de técpatl; las garras sostienen corazones. Aquella mística faz pertenece a Tonatiuh, líder de los cielos.

Inmediatamente, nos dirigimos a los rectángulos. Éstos mencionan la creación y destrucción de las antiguas “vidas” o “soles”. Contrario a las manecillas del reloj, en la parte superior derecha, notamos a 4 jaguar, Nahui-Océlotl. Las personas de este tiempo se alimentaban con bellotas de encina; desventuradamente, ellos fueron devorados por bestias. Segundamente, tenemos a 4 viento, Nahui-Ehécatl. Los hombres y mujeres de esta era comían maíz de agua, pero existió una temporada donde todo fue arrasado por terribles ventarrones; las “personas” se convirtieron en monos. Luego, vemos a 4 lluvia de fuego, Nahui-Quiahuitl. El alimento era cincocopi (planta de maíz arcaica); los “individuos” se volvieron pájaros. Últimamente, 4 agua, Nahui-Atl. 52 años de intensas lluvias e inundaciones bastaron para que todos se transformaran en peces. Ahora, nos ubicamos en el quinto: 4 movimiento, Nahui-Ollin. Nuestro sustento es el maíz. Concorde a los mexicas, éste se extinguirá debido a fuertes terremotos y hambrunas. (Ojo, no es predicción).

En seguida, advertimos unos glifos, 20 para ser exactos; éstos correspondían a los días de una veintena (un “mes”). Los mismo, contrario a las manecillas del reloj (arriba) distinguimos a:

Cipactli: Cocodrilo

Ehécatl: Viento 

Calli: Casa

Cuetzpalin: Lagartija

Cóatl: Serpiente

Miquiztli: Muerte

Mázatl: Venado

Tochtli: Conejo

Atl: Agua

Itzcuintli: Perro

Ozomatli: Mono

Malinalli: Hierba

Ácatl: Caña

Océlotl: Jaguar

Cuauhtli: Águila

Cozcacuauhtli: Zopilote

Ollin: Movimiento

Técpatl: Cuchillo de sacrificios antropomorfo

Quiahuitl: Lluvia

Xóchitl: Flor

Posteriormente, unos triángulos, “los que iluminan este pueblo”, pequeños y grandes, apuntan a los 4 puntos cardinales o, según la cosmovisión del pueblo mexica, los 4 rumbos o vientos de este mundo. Por ejemplo (enfocándonos en los triángulos chicos):

El Norte (superior derecha) está regido por el símbolo técpatl, el dios Tezcatlipoca, el color negro y es denominado como el lugar de la muerte. El Sur (inferior izquierda) es gobernado por Huitzilopochtli, tonalidad azul; es llamado paraje de la vida y la insignia es tochtli. El Este (inferior derecha) lo domina Tláloc; espacio de profuso verdor; lado masculino; ácatl como emblema. El Oeste (superior izquierda) es orientado por Quetzalcóatl; blanco a modo de matiz; sitio femenino; el glifo es calli.

Después, unos cuadros aparecen; el nombre que se designa es Quincunce. Numerosos expertos aseguran que están asociados con Quetzalcóatl y Venus; en este caso, las vueltas totales que efectúa Venus alrededor de la Tierra y el Sol.

Los círculos consecutivos son una alegoría a Mercurio, Marte, Júpiter y finalmente, la Vía Láctea.

A continuación, 2 serpientes de fuego se encuentran cara a cara. Ellas rodean al astro y lo conducen desde al este al oeste cada día.

Si pudiéramos fecharlo, 13 caña puede ayudarnos; hace referencia posiblemente al año 1479(4), por una parte, al nacimiento de la quinta edad en Teotihuacan o al gobierno de Axayácatl, quien rigió Tenochtitlan entre 1469 y 1481; no obstante, algunos investigadores en el tema explican que  quizás, la piedra fue ordenada por el tlatoani Motecuhzoma ll, durante el lapso de mayor esplendor mexica: 1512.

Para concluir, las palabras de Eduardo Matos Moctezuma resumen a la perfección lo que se ha tratado en este texto:

“Es una escultura en el que el artista anónimo que la esculpió dejó labrada de manera prodigiosa toda la cosmovisión de un pueblo adorador del Sol […] aún se resiste a entregarnos todo su contenido ancestral; capricho de los dioses, dirían muchos, medianía de los sabios diría yo, pues la piedra resiste el tiempo y los embates de quienes quisieran penetrar en sus misterios”.


(1) El segundo Conde de Revillagigedo o Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla y Horcasitas, es considerado como uno de los mejores virreyes de Nueva España. Él la administró de 1879 a 1894. Mientras transcurría dicho período, la ciudad sufrió cambios trascendentales en saneamiento, sistematización y seguridad; la urbe fue llamada “ciudad de los palacios”.

(2) Coatlicue, la de la falda de Serpientes. Diosa y madre de la tierra, la vida y la muerte. Madre del Sol (Huitzilopochtli) de la Luna (Coyolxauhqui) y las estrellas sureñas o 400 del sur (Centzon Huitzinahua).

(3) Fue llamado Calendario Azteca porque al localizarla se pensó que se trataba de un calendario. En nuestros días, ambas denominaciones son posibles.

(4) Especialistas expresan que existe probabilidad que el tallado de esta pieza, de acuerdo a un grabado, haya comenzado en 1427 y terminando en 1479.

Referencias

Álef. (2017). El Calendario Azteca, en el Museo Nacional de Antropología desde el 27 de junio de 1964. Recuperado de: http://alef.mx/wp/el-calendario-azteca-en-el-museo-nacional-de-antropologia-desde-el-27-de-junio-de-1964/

Álef. (2017). Piedra del Sol, encontrada el 17 de diciembre de 1790, mientras hacían ductos para agua subterránea. Recuperado de: http://alef.mx/wp/piedra-del-sol-encontrada-el-17-de-diciembre-de-1790-llevada-al-museo-de-antropologia-el-27-de-junio-de-1964/

Arqueología Mexicana. (s.f.). Días mexicas. Recuperado de: http://arqueologiamexicana.mx/dias-mexicas?page=1

Arqueología Mexicana. (2015). La Piedra del Sol. Recuperado de: http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-piedra-del-sol

Carrillo, R. (s.f.) Tallado en Jardín del Calendario Azteca. Recuperado de: https://www.minube.com/rincon/jardin-del-calendario-azteca-a3618204#gallery-modal

Delgadillo, M. (2017). 53 años del traslado del “Sol” al Museo de Antropología. Recuperado de: http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/colaboracion/mochilazo-en-el-tiempo/nacion/sociedad/2017/06/9/53-anos-del

Hernández, B. (2017). El regalo decembrino del virrey Revillagigedo. Recuperado de: http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1058036.html

INAH. (2009). Hallazgos en el Calendario Azteca. Recuperado de: http://www.inah.gob.mx/en/boletines/2281-hallazgos-en-el-calendario-azteca

INAH. (2014). Se cumplen 224 años del descubrimiento de la Piedra del Sol. Recuperado de: http://www.inah.gob.mx/es/boletines/1836-se-cumplen-224-anos-del-descubrimiento-de-la-piedra-del-sol

Milenio. (2014). La Piedra del Sol, el símbolo mexica más universal. Recuperado de: http://www.milenio.com/cultura/Piedra_del_Sol-simbolo_mexica-cultura_mexica_0_428957109.html

Olmedo, B. (s.f.). Piedra del Sol. Posclásico tardío (1250-1521 d.C.). Recuperado de: http://www.mna.inah.gob.mx/index.php?option=com_sppagebuilder&view=page&id=4994

Palacio Nacional. (s.f.). El Segundo Conde de Revillagigedo. Recuperado de: http://www.historia.palacionacional.info/visita-informativa/virreinato-finales/personaje/64-el-segundo-conde-de-revillagigedo.html

Paz, R. (2013). La Piedra del Sol aún es un misterio, señala Eduardo Matos Moctezuma. Recuperado de: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/775560.html

2 Comments

  • Responder enero 4, 2018

    EDGAR MARTÍNEZ DOMÍNGUEZ

    Excelente texto para conocer parte de nuestro pasado

    • Responder enero 11, 2018

      Mayra Guerrero

      Muchas gracias por tu comentario! Saludos!!

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