Dos mil años para abrir nuevos senderos

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Martín Corona Alarcón

Enarbolamos cotidianamente la bandera de “por los niños”, sin darnos cuenta a profundidad del compromiso tan profundo y difícil que conlleva. Tengo más de diez años dedicado a trabajar para los más pequeños y he conocido mucha diversidad al respecto, sin embargo son muy pocas las personas conscientes del compromiso de compartir con los cachorros de nuestra especie al menos los dos mil años de historia humana que nuestra civilización occidental ofrece.

Las culturas con mayor sabiduría en la historia han dejado claro que su legado debe ser depositado en los más pequeños, los saberes relacionados con la alimentación, el trabajo, el tiempo y el entorno. Una cultura es justamente eso, un montón de saberes adquiridos generación tras generación, con base en muchas muertes, en muchos fracasos y alguno que otro éxito. Cuando un niño no adquiría esos conocimientos era considerado un salvaje y, por ende, condenado a la muerte; ya que no podría sobrevivir en su contexto, pues seguro uno de los tantos peligros que la sabiduría le habría rebelado lo mataría sin remedio.

Un desheredado, entones, no es aquel individuo cuya vida económia comienza desde cero, sino aquel que comienza sin ningún conocimiento de su historia, sin herramienta alguna para enfrentarse a su realidad, tanto natural como social.

¿Y un mundo globalizado y basado sólo en el dinero será capaz de preservar los saberes de la natureleza entre los humanos? Definitivamente no, quizá es por ello que las generaciones criadas en la telvisión y las comodidades artificales de la ciudad son incapaces de medir el impacto ambienta de sus decisiones, no les importadestruir bosques, selvas o desiertos con tal de vender más gasolina, de montar negocios que les daran más dinero. Asistimos entonces a un devastación de especies animales y vegetales, al aniquilamiento de espacios naturales, vemos cómo la vida misma corre un gran peligro ante la ignorancia total de quienes han sido despojados de la sabiduría de miles de generaciones.

Este empobrecimiento de los saberes, a cambio de una “educación” que diseña individuos incapaces de sentir empatía con su entorno a favor de una cultura de competencia cuya unica ganancia es el dinero, tiene estragos en la actualidad como el cambio climático, la pérdida de especies, la contaminación y las enfermedades mortales relacionadas con el uso de sustancias tóxicas en la industria.

La humanidad ha delegado la educacion de los más pequeños, primero fue a la iglesia, luego al estado y, actualmente, dejamos que sea Disney quien proporcione a los niños la bases éticas, sus ideas respecto a las maneras de relacionarse con los demás e inclusive sus maneras de comportamiento como niños. Encima, somos completamente ignorantes de ello y, por ende, no hacemos nada al respecto. Miramos cómo nuestros líderes, sean gobernantes o empresarios, deciden arbitrariamente a favor de la ganancia económica, sin que les importe su comunidad, su entorno y, a menudo, ni siquiera su propia familia.

Es momento de re plantearnos la educación, no como una materia en la curricula universitaria, sino como el cimiento de la trama humana. Ha llegado el tiempo de hacernos cargo de nuestros hijos, si queremos que ellos puedan vivir en el mundo devastado que les heredamos. Y para ello requeriremos analizar no sólo las películas y los contenidos de los últimos 50 años, sino adentrarnos al análisis de los mças de 2 mil años de cultura que cargamos a cuestas. Quizá en alguno de esos saberes exista la posibolidad de re hacer de a poco lo que hemos arrazado en los ultimos años.

Más allá de la queja, nuestros compromiso es mostrar camino, senderos, maneras diversas. Sea desde los juegos, los juguetes y las escuelas o desde la música y los libros que les ofrecemos. ¿De qué sirve serguir machacando hasta la saciedad lo mismo que les da la televisón? Y como no se trata sólo de quejarse, debemos seguir abriendo espacios en los medios de comunicaciòn, sea en la radio o en la televisión, en youtube o spotify, pero comenzar ya mismo a ofecer algo más que contenidos cuya unica finalidad es convertios en pasivos consumidores y voraces depredadores a cambio tan solo de dinero.


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Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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