#Cuento Kalimán y la sombra del desierto

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La tranquilidad de la mansión del profesor Douglas Farrell se veía interrumpida por los juegos y risas de un niño.  El pequeño Solín se encontraba inquieto. Estaba por cumplir ocho años y tenía muy poco tiempo que había quedado a cargo de Kalimán, el hombre increíble, por lo que aún no había aprendido a tranquilizarse con la meditación.

Kalimán, que era tierno con los niños, galante con las mujeres, ¡implacable con los malvados! le condujo a la habitación mientras le preguntaba por qué estaba tan inquieto, aunque sabía la respuesta de antemano.

– ¡Mañana es 6 de enero! -dijo Solín con su tierna voz. – Los Reyes Magos traen juguetes a los niños buenos. Kalimán ¿Yo soy un niño bueno? ¿tú los conoces? ¿me traerán algún regalo?

-Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín, serenidad y paciencia. Si te mantienes tranquilo te contaré la primera vez en que los conocí.

Los azules ojos del hombre increíble se entrecerraron recordando…

Estaba en medio del desierto, buscaba el templo de Karnak cuando una tormenta de arena me hizo desviarme de mi rumbo. Para evitar que mi camello saliera herido me refugié en una de las dunas en lo que la tormenta pasaba. Sin embargo, esa tormenta tenía algo extraño. El viento parecía hablar, con voces terribles, que sonaban heridas y pedían ayuda.  Al pasar la tormenta decidí seguir su dirección, y no tardé mucho en encontrarme con una escena fantástica.

La tormenta parecía tener brazos. Brazos que golpeaban unas rocas que sobresalían de la arena, en donde se veían unas figuras luchando por sobrevivir.  Levanté mi puño al cielo y convoqué los poderes de Amón-Ra, que de inmediato calentó los vientos y detuvo la tormenta.”

Otra persona escuchaba la historia. La hermosa Jane, hija del profesor Farrel: había llegado a la habitación de Solín para ofrecerle un poco de leche cuando escuchó la voz de Kalimán, y solo pudo quedarse escuchando fascinada por la voz aterciopelada del narrador. No le costaba nada imaginar a Kalimán en medio del desierto, con su atuendo blanco, capa con forro rojo, casaca y turbante de príncipe engalanada por una hermosa esmeralda verde ostentando una letra K. Lo veía en su mente sin inmutarse por la tormenta, deteniéndola solo con su puño levantado. Imagen soberbia de la justicia y el temor de los malvados.

La historia continuaba mientras Solín escuchaba con total atención :

“La tormenta cedió, pero al diluirse creí ver una sombra que se alejaba. Me dirigí hacia las rocas para ver quien estaba en problemas.  Eran tres hombres, cuyas ropas, ahora en harapos, parecían de regia procedencia.”

– ¡Nuestros ruegos han sido escuchados! – dijo el de piel negra, cuyo atuendo, aunque deshilachado, dejaba ver una riqueza extrema.

– Permítenos presentarnos caballero – dijo otro – Mi nombre es Melchor, vengo de los reinos del este y soy astrólogo al igual que mis compañeros. Baltazar es originario de más al sur de estas calurosas tierras y Gaspar viene de las tierras de donde sale el sol. Nos hemos citado, como cada año, para una tarea que tenemos encomendada, y aunque salimos de diferentes sitios y quedamos de vernos en la catedral de Santa Sofía en Estambul, de algún modo nuestros caminos han sido desviados por múltiples y extraños accidentes que nos han traído hasta aquí. La tormenta que acaba de pasar es lo menos que hemos sufrido, pero estamos tan cansados que nuestro intelecto no ha podido elucubrar un modo de salir de ella. –

En este punto el pequeño Solín saltó de alegría al reconocer los nombres, pero sabía que debía estar calladito para seguir escuchando la historia. Jane por su parte aprovechó para sentarse junto a ellos.  Kalimán sonrió a Jane y continuó con su relato.

– Pido que me disculpen por no haberlos reconocido desde el principio, estoy a sus órdenes desde este momento y les ayudaré con todos los poderes que me han sido concedidos. Soy Kalimán, séptimo hombre de la dinastía de la diosa Kali, diosa de la justicia y de la venganza. Mil ojos tiene Kali para descubrir la mentira y la maldad, cien brazos para castigar a los culpables, y yo estoy a su servicio –

Algo iba a decir Gaspar, pero en ese momento escucharon una risa y apareció un ejército de seres descarnados que empezaron a acercarse lentamente hacia el grupo. No tardó en verse el alfanje de Baltazar, la cimitarra de Gaspar y el sable de Melchor, con las que habían resistido estos ataques anteriormente. Sin embargo, la hermosa daga de Kalimán permaneció enfundada. Algo raro pasaba y debía averiguarlo.

– ¡Kalimán! – se escuchó una voz tenebrosa – ¿Acaso no vas a pelear? ¡Cobarde!

– El valor consiste en vencer el miedo – dijo nuestro héroe a la vez que se dirigía a un punto específico del regimiento.

Mientras tanto, los valerosos magos lanzaban golpes, tajos y estocadas, sin poder vencer a los seres que se arremolinaban alrededor del trío. Era una escena épica donde los tres bravos magos se defendían haciendo gala de las mejores tácticas de batalla, pero pronto quedarían vencidos debido al considerable número de enemigos.

De repente todo se detuvo, y al voltear hacia el campo pudieron ver a Kalimán luchando contra otro tipo de ser, oscuro pero poderoso.

Luchaban cuerpo a cuerpo, y el hombre increíble demostraba sus conocimientos en las artes marciales ancestrales, dando golpes que en otro pudieran ser mortales y que hubieran derrumbado a cualquiera. Pero aquel ser oscuro era un enemigo formidable y de un desafortunado golpe pudo derribar a Kalimán.

Solín y Jane se abrazaron emocionados, pero Kalimán seguía sonriendo y la historia continuó.

Después de soltar una tenebrosa carcajada el ser oscuro se volvió hacia los magos.

– ¡Ahora sufrirán mi ira! Hasta ahora han podido escapar de las múltiples trampas y de no ser por Kalimán habrían seguido peleando con mi ejército hasta morir. Pero hoy tendré el placer de que acabarlos con mis propias manos. Ya no tengo la energía suficiente para otro portento como la tormenta de arena o de fuego, así que prepárense a morir –

Ambas manos del ser se convirtieron en armas filosas y corrió hacia los magos que lo esperaban, cansados, pero decididos para detener el ataque.

– ¡Alto Magnor! – Gritó Kalimán mientras caminaba hacia el ser oscuro – Te he reconocido bajo ese disfraz horrendo, y por tus trucos de ilusión. Ya decía que era raro que semejante ejército no produjera polvo bajo sus pies. Recuerda Magnor que el que domina la mente lo domina todo, y si bien has podido cansar a los magos con todos tus trucos, no pudiste usar los poderes que tu disfraz parecía tener, y tu técnica de pelea cuerpo a cuerpo es lo que te ha delatado –

La figura oscura se desvaneció y dio lugar a un hombre de atuendo oriental cuyos ojos parecían lanzar llamas.

– Será terrible tu muerte Kalimán, si insistes en evitar que me deshaga de estos magos –

– ¡No lo lograste antes y no lo harás ahora malvado! – gritó Kalimán, a la vez que sus ojos empezaron a brillar.

– Cuando Magnor despierte estaremos lejos – decía Kalimán mientras conducía a los magos hacia el tempo de Karnak, donde podrían conseguir agua y descanso. Había logrado hipnotizarlo, y le habían dejado peleando con una ilusión parecida a la que les había hecho a los magos tantas veces.

– Te lo agradecemos- dijo Gaspar- y a pesar de que eres seguidor de la diosa Kali y no del único dios verdadero queremos agradecerte dándote un regalo-

– Y queremos pedirte un favor – dijo Baltazar

– Queremos que nos ayudes a cumplir nuestra tarea – agregó Melchor.

– ¡Les ayudaste a repartir los juguetes! – gritó Solín emocionado mientras  Jane pensaba en el regalo intrigada.

-Así es – dijo con Kalimán tranquilamente – al llegar al templo y recuperar sus fuerzas, que después de semanas de ataques por parte de Magnor el ilusionista habían perdido poco a poco, lograron realizar portentos mágicos y recuperar sus monturas.

Su magia permitió que por una noche mi camello pudiera seguirlos y viajar a todas aquellas tierras que visitaron, en un abrir y cerrar de ojos. Las distancias no existían y el tiempo transcurría tan lento que pudimos ir de un extremo a otro del mundo en un instante, entregando los presentes a los niños que, como tu mi pequeño Solín, tienen un alma noble y se portan bien. –

Jane miraba con cierta desconfianza a Kalimán, sabía que era capaz de hazañas físicas e intelectuales sin igual, pero esto era difícil de creer, sobre todo para una científica como ella. Sin embargo no dijo nada, y arropó a Solín cuando se durmió.

Al salir de la recámara se acercó a Kalimán, quien la miró con sus penetrantes ojos azules.

Al terminar el beso le preguntó cuál había sido el regalo que le habían dado los magos, a lo que él respondió: conocer a Clem Uribe, uno de mis más grandes amigos.

 

 

 

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Este es un pequeño homenaje a uno de los grandes héroes de mi niñez. Espero que a los niños que desde los sesenta oían las historias del hombre increíble les guste esta historia y también ¡al propio Kalimán!

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

1 Comment

  • Responder enero 8, 2018

    Eugenia Mata

    Fascinante. Es como leer los cómics de color sepia y las descripciones. Kaliman…maravilloso simplemente.

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