¿Conoces la leyenda de la creación del Sol y la Luna?

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Cuentan los abuelos que hace mucho, mucho, muchísimo tiempo, todo se hallaba en absoluta penumbra; la claridad era inexistente. Un día, los dioses acordaron congregarse en Teotihuacan(1), ahí, interrogaron a unos, luego a otros; el objetivo de las deidades era específico: encontrar a los individuos indicados para que naciera el Sol y la Luna. Ninguno de los presentes se ofrecía. Tecuciztécatl o Señor del Caracol(2), sin dudarlo, se entregó para que se ejecutara la ceremonia. Por otra parte, continuaban preguntando a los asistentes, pero todos sentían temor, un poco de turbación. Entonces, las divinidades exclamaron el nombre de Nanahuatzin (Purulento, repleto de llagas) y él aceptó la orden.

El período comenzó. Durante 4 días, en un tipo de montículo, ambos cumplieron con la penitencia impuesta; asimismo, iluminaron la zona con fuego o como lo nombraban: Roca de los Señores. El ayuno empezó, seguido de laceraciones y ofrendas. Los utensilios que usaba Tecuciztécatl eran distintos a los empleados por Nanahuatzin. El Señor Caracol disponía de plumaje de quetzal, exquisito sahumerio, plata, joyas, esferas de oro para así incrustar las espinas de jade y extraer su sangre, pero la misma que quedaba en el corte era coral. En el caso del sujeto con úlceras, los materiales que ocupaba eran más sencillos: verduscos carrizos, flores, legumbres, no poseía incienso; por tal motivo, brindaba sus heridas abiertas; también, hojas marchitas provenientes del pino y auténticas espinas de maguey para derramar el líquido preciado.

Primavera en Teotihuacan

Cuando el ciclo llegó a su fin,  los 2 tiraron sus instrumentos; inmediatamente, los vistieron; a Tecuciztécatl le dieron tela, plumas de garza y quetzal; juntas formaban una especie de corona; a Nanahuatzin, papel para cubrir su cabeza y como indumentaria, una modesta camisa de algodón.

La mitad de la noche arribó; la hoguera seguía viva, ígnea, calcinante; las deidades la rodearon y, fuertemente, pronunciaron unas palabras e incitaron al Señor del Caracol saltar al fuego. Él tomó impulso y corrió hacia la enorme llama; sin embargo, suspendió su camino y se paralizó ante aquella colosal lumbre. 4 fueron las veces que lo intentó; no obstante, el temor era cada momento mayor.

Ante aquel terrible fallo, el turno era especialmente para el Purulento. Sin pensarlo, se dejó consumir por la inmensa llamarada. Al ver ejecutada tal hazaña, Tecuciztécatl lo secundó; del mismo modo, un Águila y un Jaguar se adentraron en la mística flama. Nuestros antepasados emitían, con orgullo, que debido al hecho antes mencionado, el plumaje del magnánimo animal (águila) es pardo, sombrío, tostado; mientras, la piel del jaguar no ardió por completo, simplemente, permanecieron unos “lunares” en la misma. De lo anterior, brotaron los términos que los mexicas daban a los valientes Guerreros Águila y Jaguar.

Prosiguiendo con el relato, después de tanta faena, finalmente, los Señores tomaron asiento aguardando la llegada del Sol. Algunos hicieron conjeturas sobre el rumbo del mundo por el cual, el astro, haría una entrada triunfal. De repente, los que observaban firmemente el este, se alegraron al ver que Nanahuatzin aparecía por ese punto.

Poco a poco iba emergiendo, pero al llegar a la cumbre del cielo, nadie podía mirarlo, su luz lastimaba la vista; de igual forma, el Señor del Caracol germinó, al lado de su compañero. Todos se cuestionaban acerca del asunto y ninguno estuvo de acuerdo con la existencia de 2 soles. Uno de los miembros tomó un conejo(3) y lo aventó dirigiéndose al semblante de Tecuciztécatl; desde aquella época, se aprecia la sombra del mismo en la majestuosa Luna.

Luna llena del 23 de febrero de 2013.

La luz disminuyó; aunque, el astro persistía fijo, sin movimiento; por esa razón, los dioses se ofrecieron en sacrificio con el objetivo de ponerlo en marcha. El responsable de las inmolaciones fue el dios del Viento.

Uno por uno pasó. La hora alcanzó a Xólotl(4) y con los ojos llenos de lágrimas pidió no morir. Su insistencia era firme; con eso y todo, Ehécatl se negó rotundamente y al oír aquello, Xólotl escapó de su destino.  Aprovechó el poder que poseía de transformarse y prontamente, adquirió la particularidad de una caña de doble tallo llamada Doble-Labrador o, según diversas fuentes, maíz doble o xólotl. Lo descubrieron velozmente y, sin concentrarse mucho, repitió la acción, pero, esta vez, maguey de doble corazón o mexólotl fue su forma. Igualmente, lo sorprendieron y como último recurso, él se introdujo en el agua, tomando la figura de un ajolote o axólotl. Posteriormente, toparon con él y nada pudo efectuar; lo ofrendaron y fue el encargado de guiar a la gran estrella en su trayecto por el inframundo.

Xólotl

Últimamente, Ehécatl antes del sacrificio, con todas sus fuerzas, logró deslizar a Nanahuatzin con un impetuoso vendaval(5).

Y así lo narraban y lo transmitían de generación en generación: El nacimiento del quinto Sol, el Sol del hombre nahua, fue en Teotihuacan; aquél que nos alumbra, nos ilumina. Él ejerce su trabajo en el día y la Luna durante la noche.


(1) De acuerdo a la cosmovisión de los mexicas, Teotihuacan fue concebido como el lugar o ciudad de los dioses, sitio donde las divinidades se forjaron. Hoy en día, no se conoce el término verdadero que era usado por los teotihuacanos.

(2) Dios nahua de la Luna. Es simbolizado con un caracol.

(3) Otra leyenda relacionada con la silueta del conejo en la Luna es la siguiente (algunas narraciones la evocan): un día, Quetzalcóatl bajó a la Tierra y caminó miles de kilómetros; al anochecer, se sentó y contempló la Luna y las estrellas. Un conejo, a su lado, comía zacate y, al advertir al gran Señor, le invitó un poco del mismo. Quetzalcóatl le indicó que los miembros de los cielos no se alimentaban de eso. El animal, rápidamente, se otorgó como alimento. El dios lleno de alegría ante tal suceso, lo elevó al firmamento y el contorno del mismo se grabó en el satélite “que guarda los misterios nocturnos” para recordar la bondad de aquella pequeña criatura.

(4) La estrella vespertina, de la penumbra, el inframundo y la muerte.

(5) Como dato interesante, unas crónicas aseguran que no fue el viento, del “ente que hacer caminar las nubes”, el que desplazó al astro; algo curioso ocurrió: un mosquito fue enviado para picarlo y zarandearlo.

Referencias

Arqueología Mexicana. (2003). Nacimiento del Quinto Sol. Recuperado de: http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/nacimiento-del-quinto-sol

Arqueología Mexicana. (2014). Xólotl, el dios perro. Recuperado de: http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/xolotl-el-dios-perro

De la Garza, M. (s.f.). Análisis comparativo de la Historia de los mexicanos por sus pinturas y la leyenda de los Soles. Recuperado de: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn16/247.pdf

De la Torre, E. (s.f.). Leyenda de los Soles. Recuperado de: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/lecturas/T1/LHMT1_004.pdf

Fundación UNAM. (2015). Leyendas antiguas de México. Recuperado de: http://www.fundacionunam.org.mx/arte-y-cultura/leyendas-antiguas-de-mexico/

INAH. (s.f.). La ciudad de los dioses. Recuperado de: http://www.inah.gob.mx/paseos/dioses/c_sala1.swf

INAH. (s.f.). Xólotl, dios del ocaso y de Venus vespertino. Recuperado de: http://lugares.inah.gob.mx/museos-inah/museo/museo-piezas/12094-12094-xolotl,-dios-del-ocaso-y-de-venus-vespertino.html?lugar_id=472&item_lugar=444&seccion=lugar

INAH. (2018). Zona Arqueológica de Teotihuacan.  Recuperado de: http://inah.gob.mx/es/zonas/23-zona-arqueologica-de-teotihuacan

Leal, L. (2007). Cuentos Mexicanos. De los orígenes a la Revolución. Recuperado de: http://www.stockcero.com/pdfs/978-1-934768-04-4_SAMP.pdf

Montiel, I. (2017). Vive Teotihuacán [Fotografía]. Recuperado de: http://www.eluniversal.com.mx/galeria/destinos/2017/03/10/primavera-en-teotihuacan#imagen-1

Observatorio Guajataca. (2013). Luna llena del 25 de febrero de 2013 [Fotografía]. Recuperado de: http://www.captandoelcosmos.com/captando-la-luna-llena-25-de-febrero-de-2013/

Xólotl. [Imagen]. Recuperado de: http://www.famsi.org/research/loubat/Borgia/page_65.jpg

 

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