Una radiografía a For Dummies

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Nota del autor: la próxima entrevista se realizó el 16 de Julio de 2017, en Puebla, México. La idea con ésta consistía en que viera su publicación a principios de Agosto, en un medio distinto. Jamás recibí una respuesta de algún editor del medio, por lo que se pospuso indefinidamente. El problema en sí deviene con las fechas al último plasmadas. For Dummies se embarcó, a finales de ese mes, en un tour con otra banda, por lo que los acontecimientos póstumos a dicho tour permanecen desconocidos para mí. Sin embargo, refiero a lo que pudo haber pasado de forma vaga.

   Este texto bien pudo quedar inédito. No pensaba en que saliera y tenía la idea de que quedara en el baúl del olvido; o bien que saliese hasta muchísimo después. No obstante, mi fascinación por For Dummies sigue intacta, y me parece necesario que cualquiera que esté interesado en conocerlos se dé una vuelta por su historia completa, retratada fidedignamente de lo que su ronco pecho tuvo que decir.

   Del mismo modo, pido una disculpa a los integrantes de la banda si se sienten ofendidos por el hecho de tomar fotos de su Facebook personal sin su permiso. Si existe alguna aclaración, bien conocen mi número y perfil personal, donde pueden recurrir a quejarse.

   Sin más, espero que no se vomiten con el siguiente texto.

For Dummies

Por Juan Carlos Báez

“Veracruz, otra vez en las noticias”. Es algo recurrente; sucede cada dos veces a la semana, cuando el idiota ese del internet se cree reportero, y comenta la nota más reciente sobre Javier Duarte y el proceso penal que se lleva en su contra. “Xalapa, otra vez en mi mente”. Era algo recurrente; sucedía, probablemente, los siete días de la semana, con cinco horas de duración, de lunes a viernes, pensando en irme allá, cuando me aburría en clase de física. La visité una sola vez, de entrada por salida; conocí la escuela en donde me interesaba estudiar, pero descubrí lo difícil que era la admisión de nuevo ingreso. Un bonito valle: todo empinado. “Esa calle está en casi noventa grados”, me dije, y tan atónito estaba que no pude hallar su nombre, para decirle a mi amiga cuál era, específicamente. “Un hombre camina sobre ella. Siento que va a morir”. Pero no. “Xalapa, Veracruz”, capital del estado, lugar donde vivía Duarte; ciudad que conocí hace no mucho y me quedé con ganas de recorrer más. “Xalapa, Veracruz”, ahora conocida por haber tenido a un político tan corrupto como ese cerdo.

   Siete años antes de conocerla, de que llegara Duarte, yendo un poco al pasado, Orlando Mircea, originario de Poza Rica, Veracruz, emigraba de la guitarra a la batería. Harto, después de un año de tocarla, decidió empezar su formación en el instrumento de percusiones al cual se dedicaría en los años venideros. Tenía alrededor de diecisiete años cuando decide introducirse formalmente en sus estudios musicales, entrando a la facultad de música en la ciudad que residía: Xalapa. Intercaló su formación académica con sus proyectos externos, aprendiendo la teoría en el salón de clases, y poniéndola en práctica en el escenario con sus bandas. Una de los primeros grupos en los que estuvo fue Mascatuercas, de la que podemos referir como “surf/punk” gracias a su página en Facebook. Orlando sobrevivió como parte de la agrupación mientras estudiaba, lamentablemente dejándolos tiempo después por la saturación de proyectos en su vida; no obstante, si uno sigue interesado en saber qué pasó de Mascatuercas, puede encontrar cierta información de ellos en redes sociales, pues siguen activos.

Un día, Orlando caminaba por las calles de Xalapa, cuando a lo lejos dilucidó a un par de muchachos que tocaban en un huequito de la acera. Se acercó a escuchar un poco de la ‘presentación’ –clandestina– que tomaba lugar. Sin embargo, lo que verdaderamente le llamó la atención es que conocía a uno de los que tocaban. Cabe aclarar que se trataban de dos muchachos, guitarristas ambos, que estaban tocando canciones de bandas famosas –se rumora que alguna de ellas era de Joy Division–, a la par que improvisaban: jams momentáneos, líneas melódicas y armónicas que atacaban su mente. Orlando reconoció a un viejo conocido. Anteriormente había tocado con él, en algún proyecto que quedó a la deriva. Al acercarse a saludarlo, recordó su nombre: José Rodríguez, integrante –con anterioridad– de La Abuela, banda de covers, con quien Orlando había compartido escenario. “Me gustó lo que estaban haciendo, y acordamos reunirnos, para ver si podíamos retomar lo que [José y yo] habíamos hecho brevemente con el anterior proyecto que tuvimos”, rememora Orlando.

El día en que José, Orlando, y el nuevo integrante, Giovanni Pozos, acordaron reunirse, llegó. Dos guitarras y una batería; carecían del sustento armónico: el bajo. Sobre esas limitantes, el trío trabajó. En un primer ensayo hay mucho nerviosismo, si lo que se quiere es causar una buena impresión con quien se va a tocar. Exentos del sobre pensamiento característico de los ansiosos, los jóvenes tuvieron un buen primer encuentro, tal como Orlando recuerda: “Estuvo muy bueno [el primer ensayo]: fue muy fluido, hubo buena comunicación. Eso dio pauta para que volviéramos a armar algo”. Bien para José y Giovanni, quienes llevaban alrededor de tres años tocando sus respectivos instrumentos, y de los que sus historias se asemejan. Por azares del destino, fue que ambos circundaron sobre las gruesas cuerdas del bajo eléctrico, al que dejaron apenas poco tiempo de haberlo tomado. Aun cuando su vida musical se intersecta en este punto, el trasfondo dista en cada uno. “Yo no quería ser guitarrista, en un principio”, comenta Giovanni. “Yo quería comprarme un bajo. Mi papá me compró en realidad la guitarra. Él me dijo: ‘pues, es que yo te imagino más como guitarrista. Yo siento que tú vas a lucir más en la guitarra’”. Con el tiempo, Gio le agarró más cariño y gusto al instrumento que su papá eligió para él como regalo de cumpleaños.

   Tan pronto tomó la guitarra, Gio comenzó a tocar con sus amigos de la escuela, a los diecisiete. Su primer banda se llamaba Los perdedores (fka The Losers of Rock n’ Roll), y bien el verbo en copretérito está mal enfundado en la oración, pues la banda sigue activa, con la colaboración existente de Giovanni; pero debido a la holgazanería característica en el ser humano, me niego a cambiar el tiempo. La banda optó por saltarse la tediosa parte de sacar covers, e ignorar la guerra descomunal que sucede generacionalmente entre aquellos músicos arraigados en seguir reciclando música ya hecha,  y aquellos que, como nuestros perdedores, toman el camino de las composiciones propias. Las primeras canciones de los Perdedores eran “horribles, pues no sabíamos tocar nada”, comenta Gio.

La otra cara de la moneda melódica/armónica que conformaba el proyecto naciente de Xalapa tuvo una historia distinta. José aprendió “a tocar el bajo a los quince”, según sus palabras. “[Aunque] siempre me había gustado más la guitarra; el trabajo de guitarrista me interesaba más”. Su formación en la guitarra distó de lo que hacía en La Abuela, pues ésta se dedicaba a coverear clásicos rocanroleros de Zeppelin o Sabbath, orillando a José a tener que aprenderse estas canciones para participar. Cuando dimitió en el bajo, su aprendizaje en la guitarra sucedió de un modo no convencional. “[Yo] no sacaba las canciones de Guitarra fácil; yo no sacaba rolas. Más bien tocaba con ellos [Orlando y Giovanni]: ensayábamos y componíamos, y yo no tenía mucha idea de qué tenía que hacer”, dice.

Para el segundo ensayo que tuvieron, aun como trío, Giovanni llegó con una idea para un riff de guitarra, aportando así una base ya establecida, contrario a sus primeros ensayos cimentados en jams. Cuando tocó ese riff para sus compañeros, Orlando asimiló el sonido que había escuchado como math rock, un género con el que estaba obsesionado en ese momento. “Estábamos bien clavados [con el math rock]; teníamos bandas en común como Piglet, Don Caballero y Battles. Entonces cuando nos enseñó el riff sonaba […] a una especie de math rock para tontos, muy básico”, a lo que gustó denominar como “math rock for dummies”, aludiendo a la serie de libros que te enseñan a hacer cosas de forma muy básica y rápida.

Pero antes que todo… ¿qué es el math rock?

A brief history of: math rock

Nuestra gran Wikipedia, nueva biblioteca del siglo XXI, encasilla al math rock como un subgénero proveniente del rock progresivo de los años setenta, en combinación del post-hardcore, emo y punk ochentero. Aun cuando se la he denominado como el “hijo bastardo del progresivo”, tiene características que lo diferencian de éste.

   El math rock emergió de los sótanos del underground estadounidense, a finales de la década de los ochenta. Muchas bandas, hartas del sonido lineal y la supremacía blanca del hardcore, empezaron a experimentar con secciones instrumentales más largas y una complejidad musical más profunda que sólo tocar acordes de quinta, en compases de dos cuartos, a doscientos veinte beats por minuto. Críticos enmarcan Spiderland, de Slint, como el conector, pero al mismo tiempo, parteaguas, del género. Su obra maestra y último álbum salió en mil novecientos noventa y uno. Pero si uno aguza su sentido de investigador, puede indagar en los últimos años del auge progresivo de los setenta, y encontrará que King Crimson aportó las bases y estructuras musicales de un género que vería la luz siete años después de su segunda ruptura –por cierto, no tan relevante como la primera, donde jugaban con matices que nadie de sus contemporáneos se animó a tocar–.

   Conforme pasó el tiempo, y contrario a sus tíos obnubilados con el virtuosismo, la velocidad y la saturación de cambios, el math rock empezó a explayarse en otras dinámicas que le brindaron una libertad inigualable. Se rompieron esquemas y se abrió paso a una vasta cantidad de sonidos, que hoy en día hacen hincapié en que “ya hay muchas bandas de ese género, y algunas tienen tinte progresivo; algunas tienen mucho ese tinte emo; algunas tienen el tinte más hardcorero…”, como comenta José. La ambigüedad del género, según Orlando, es porque “hay géneros muy marcados, como el metal, con características muy definidas […] pero el math rock es muy ambiguo en muchos aspectos. No creo que haya algo que sea completamente math”. No obstante, el baterista y amigo nuestro, alude a que “el minimalismo y el uso de compases compuestos” son algo distintivo del género –o subgénero; la subjetividad de uno se hace presente acá–.

The End.

   El nombre agradó a los integrantes, que preferían algo no rebuscado ni pretencioso, que les diera cierto sello personal.

   Con un nombre establecido, un paso clave había quedado cubierto. La siguiente tarea era meter a un bajista. Fue cuando acudieron con Milton, amigo de la banda. “[Milton] es guitarrista, realmente […] toca en Los Perdedores”, menciona Orlando. Estuvieron unos meses con él, hasta que éste cejó su rol en la banda, dejándolos otra vez como trío. Por consiguiente, sus esfuerzos se encaminaron a encontrar alguien que supliera ese puesto. 

   A los doce años, en Cuernavaca, Morelos, Alfonso de la Rosa decidió empezar sus cursos de iniciación musical, en piano. Pasó un tiempo desde que inició: “[…] tocaba ya rolas complejillas, para después empezar a aprender teoría musical”, rama en donde, consideraba, no le iba muy bien al principio. “A los quince años, más o menos, me pasé al bajo eléctrico, y me impartía clases un amigo de mi hermana”, dice Alf. “Ahí es donde ya me fui más serio en la cuestión musical. En piano no me llegué a ver como pianista clásico en una orquesta”. Con la oportunidad de entrar a estudiar música como bajista eléctrico, Alf se mudó a vivir a Xalapa, para iniciar sus estudios en la Universidad Veracruzana de Jazz.

   “Lo vi tocar en un bar [de Xalapa], y me gustó muchísimo cómo tocó”, refiere Orlando a su primer encuentro con Alf. “El caso es que medio año, un año después, decidimos contactar a Alfonso, para tocar con él”. La entrada de Alfonso a For Dummies fortaleció el camino que empezaban a emprender; acoplaron y pulieron el detalle del sonido que la banda tenía, pues Alf desconocía el terreno del math al iniciar el proyecto. Según Giovanni: “Alfonso no escuchaba mucho math rock. Escuchaba más reggae; estaba en una banda [de reggae], y de repente se ponía a tocar cosas así”. Alfonso cubrió el espacio tan importante que estaba vacío.

El año pasó. Eran casi finales del dos mil catorce cuando la banda decide grabar una sesión en vivo. “Fue una dirección que hice junto a un amigo que se llama David [Osorio]”, comenta Orlando. Esta sesión se conformó por dos canciones: Mar y Tierra, siendo la primera la única que se puede encontrar con vídeo en YouTube. Según el comentario de Orlando, “[la sesión] fue muy informal”, pero se volvería un experimento curricular, que les ayudaría en el futuro.

   Mientras cada integrante se avocaba a sus necesidades diarias y personales, la composición y las presentaciones de la banda aumentaba. Cada personalidad aportaba algo diferente a las canciones, que muchas de ellas surgieron a raíz de “prueba y error”, como explica Alf. Basado en esto, y uniendo las influencias que por separado tienen, fue que empezaron a tener sus primeras composiciones. “Inicialmente”, dice Orlando, “componíamos de forma muy libre”. Alf continúa la idea: “una de las herramientas que se usa es escuchar una banda y pensar qué hicieron […] agarrar experiencia de lo que escuchaste”, aplicándola, si les gusta, y con su estilo propio, a la música que quieren llegar, aceptando en el camino, las limitantes y virtudes que como músicos tienen. No obstante, al momento de componer, For Dummies no pensaba –ni piensa– en qué género les gustaría anclarse. “No estamos haciendo música pensando: ‘ah… queremos que suena a math rock’, o queremos que suene a esta cosa. Tenemos muchas influencias o referencias para hacer música, pero no es como que digamos ‘queremos sonar bien math’”, dice José. El lenguaje musical que utilizan varía sobremanera. Debido al terreno teórico que tienen los individuos de la banda, todos sumergidos profesionalmente en la música, pueden cambiar las dinámicas en sus canciones, metiendo pasajes con sonidos más accesibles, así como momentos donde la canción se torna más seria y compleja.

Con sus primeras canciones sobre la mesa, como pequeña carta de presentación, fue que se cosechó el éxito local, volviéndose una de las bandas más activas del underground en Xalapa. Los primeros dos años, como comenta José, estaban atiborrados de eventos: fiestas, casas, bares –probablemente algún terreno baldío, para que la bonita costumbre de tocar en un lugar desolado no se perdiera en el under–, etc.; en cualquier lugar donde los invitaran, ellos llegaban a tocar. “En una ocasión tocamos tres veces en una noche”, afirma Orlando; Alf recuerda la experiencia: “íbamos a tocar una cuarta vez. Acabamos en una colonia cerca de otro municipio, llamado Banderilla […] la idea ahí era llegar al cuarto evento para tocar. Cuando llegamos, ya no había nadie”.

   Recabaron, gracias a todas estas presentaciones, la suficiente experiencia y el hambre de querer hacer algo más grande. Fue a mitades del dos mil quince cuando se acordó grabar una segunda sesión en vivo, mucho más profesional que la anterior. Como parteaguas tomaron el primer material que tenían; contactaron a David Osorio, otra vez, y se acercaron a una artista plástica, con el nombre de Wina Obake, para que trabajara con ellos. David se encargó de la dirección, Orlando de la producción, y Wina en la dirección artística; recurrieron a Daniel Sedas para el terreno camarógrafo, y con ayuda de Pablo Portilla y Eduardo Sánchez, en el diseño de luces y equipo de electricidad, respectivamente, empezó el proyecto; Sergio Reynoso se encargaría de ser el ingeniero de audio, para que quedara excelentemente grabada.

   El concepto giraría en torno al espacio, tomando como pilar principal algunos bocetos que Wina tenía hechos de alienígenas, a los que en su aspecto grotesco, se les puede tomar cierto cariño. Se le nombró “Live Session en Another Planeta”, y su producción duró alrededor de medio año; el siguiente medio año se basó en terminar la post-producción. Para esta nueva sesión, se tomaron en cuenta cuatro canciones que ya tenían hechas: Take Care of Alf, Soft Glandae (Le photogenique), Aokigahara y Medical Service is Over Today Because They Give Me a Ghost. “Ya estaban algunas bases, que cambiaron conforme pasó el tiempo”, comenta Alf. La decisión de grabar una sesión, y no un EP o álbum completo, fue, como dice Orlando: “por buscar algo muy orgánico”. “Justamente quisimos que fuera una sesión en vivo, porque queríamos registrar la energía que teníamos en ese entonces, antes que plasmarlo en un disco”.  Y existe una buena razón para eso, que arriba pueden leer: la banda se la pasaba tocando en presentaciones, tal como Giovanni lo reafirma: “[…] estábamos muy acostumbrados a los shows en vivo. Las canciones tenían una intención y esencia muy marcadas […] si hubiésemos grabado el disco antes, no hubiera salido el mismo resultado, en definitiva”. Y vaya que quedaron satisfechos con el resultado, entregando una sesión exquisita en el apartado visual, y teniendo en sus manos un poderoso material auditivo.

Finalizada la sesión, comenzaron a abrirse camino fuera de Xalapa. “Fue una carta de presentación”, dice Alf. Una de sus primeras presentaciones fuera, recién terminado el proyecto, fue con Joliette, en Puebla, cuando éstos tocaron en su totalidad su primer LP, Principia. Ahí “conocimos a mucha gente […] nos gustó la onda de armar fechas fuera de Xalapa”, dice José. A partir de ahí, todo corrió sobre el agua: meses después regresaron a Puebla, a una fecha con Zeta, para que después de ésta, terminaran invitando a los venezolanos a visitar su ciudad con el pretexto de tocar. Gracias a éstos, fue que ellos se pusieron en contacto con una banda llamada Whites, originarios de Colombia. Whites tenía la intención de visitar México, y fue gracias a For Dummies que llegaron a recorrer las ciudades más grandes de la república. Paralelo a esto, fue que los veracruzanos empezaron a ser invitados a fechas en la Ciudad de México, en foros pequeños auspiciados por patrocinadores independientes que creían en el proyecto.

   Llegó septiembre, mes en donde se reunirían con Whites para comenzar el tour; sucedieron ocho fechas, que les ayudarían, en unos meses, a realizar otra meta en cuestión. Whites fue la primera de muchas bandas que conocieron Xalapa, ciudad que nunca pasaría en la imaginación de ningún extranjero –ni tampoco de un mexicano, más que yo, probablemente– visitar. “Cuando hacemos un tour con banda”, dice José, “procuramos llevarlos también a Xalapa, y ponerlos al tanto del contexto”. Así como los colombianos, Totorro (Francia), Delta Sleep (Inglaterra) o Tiny Moving Parts (EE.UU.) también conocieron la capital veracruzana, aunque ya llegaremos a ese punto. Sobre esto, José continúa: “son bandas que nunca los imaginamos tocando en Xalapa, porque son personas del otro lado del mundo que no voltean a ver a Veracruz o a Xalapa; incluso difícilmente voltear a ver a México”.

   El hacer y completar un tour –tal vez pequeño– en México se había logrado; estaban a punto de atestiguar más y más cambios en la banda. INTRSTLRS, agencia dedicada a organizar shows con bandas internacionales en México, empezaba a dar de qué hablar. Para la tercera edición de su “Friendstival”, invitaron a For Dummies a participar. En él, estarían otras bandas como The Holydrug Couple, chilena. Sin embargo, a finales del año anunciaron la tercera entrega de su “Forever Alone Fest”, con titanes musicales como TTNG, Caspian y Totorro. Se llevaría a cabo en el segundo mes del dos mil diecisiete, y participarían, aparte de estas bandas mencionadas, For Dummies, The Polar Dream y Yo Triceratop, como apoyo nacional. Aparte de eso, los veracruzanos estarían inmiscuidos en un tour nacional con Totorro y Mylets (EE.UU.), que abarcaría ciudades estratégicas de México. La convivencia que se suscitó, específicamente, con los franceses, los dejó plácidos. “Fue tocar con una banda que nos gusta muchísimo y que veníamos siguiendo ya de tiempo”, menciona José. A pesar de la barrera del lenguaje que estaba marcada con ellos, José comenta que: “no impidió que nosotros tuviéramos buena comunicación, y generar una muy buena relación musical con ellos”.

   “Todo es una cuestión de aprendizaje cada vez que tocamos con bandas que nos gustan”. La afirmación de José se acopla al día en que cerraron el tour, en su ciudad natal. Por la mente de los integrantes circundaba el placer de haber tocado con bandas pequeñas como Cardiel o Zeta, así como con las extranjeras, como Totorro. Como retrospectiva pensaban que su punto de quiebre fue haber sacado la sesión; todo cambió desde entonces: armaron más shows y la gente les prestó más atención; llamaron la atención de la escena. No estaban exentos de darse cuenta cuánto habían sacrificado para llegar a ese punto. Giovanni lo describe como: “una experiencia que te marca, porque es algo que decides. Es un sacrificio muy grande que tienes que hacer, pero es por el simple hecho de que amas a la música […] si no aprovechamos estos momentos, difícilmente se va a dar en un futuro que vuelva a pasar”; probablemente, todos compartían su punto de vista. “[…] debes ir forjándote camino para que las cosas se den”, es, por lejos, el ethos que los rige.

   Acabó el tour. En secreto graban su primer disco, con pocos adelantos visibles a través de sus redes sociales, aun con su mente puesta en un proyecto más ambicioso: viajar a Colombia. Nos enteramos gracias a una foto que publicaron en Facebook antes de acabar el dos mil dieciséis, y tiempo después, supimos que el día llegaría en abril; más bien, en los restantes tres días de marzo. Era, con seguridad, el acontecimiento más complicado con el que se enfrentaban. Orlando describe como “una experiencia muy difícil; fue la primera experiencia fuera del país”. El patrocinador para su viaje serían los amigos de Whites, que en noviembre del pasado año, ayudaron a Joliette a visitar el país sudamericano.

   Descendieron del avión, y pisaron tierras desconocidas. “[…] no conocíamos más que a Whites”, comenzó así el tour, en palabras de José. Su primera fecha sería en Bogotá, a la que proseguirían otras doce; entre ellas, una visita a Ecuador, con cuatro eventos, apoyados por Escape from the Machinery. “Las culturas son muy similares. A final de cuentas, todos los latinoamericanos compartimos un vínculo muy fuerte”, fue la conclusión que Orlando asimiló desde el inicio de la aventura. Se desplazaron en sus cuatro primeras fechas al norte colombiano, para virar hacia el sur en dirección a Ecuador. Ya en éste, recorrieron en dirección sur por el país vecino, para que de Quito regresaran a la frontera entre Colombia y Ecuador para comenzar el trayecto final de su tour. En este momento, mucho habían concluido sobre las diferencias y semejanzas entre México y Sudamérica. “Uno piensa que se las ve difícil, con eso de vivir de la música, pero allá también; creo que la tienen hasta más difícil que nosotros”, comenta Giovanni, haciendo hincapié en la influencia estadounidense que tenemos directamente. Pese a estos privilegios que tenemos los mexicanos, “al final de la gira hicimos muchísimos amigos”, recuerda José. La conclusión llegó el dieciséis de abril, en la capital colombiana, Bogotá; los acompañaban Whites, Montaña y Vorágine. Las cuatro bandas tocaron, y Giovanni pensó: “Conocer otras culturas, conocer esos paisajes, conocer a la gente… Darte cuenta de todas las bandas que luchan por hacer algo, y compartir diferentes puntos de vista, es lo mejor”.

Una tercera sesión vería la luz cuando ya estaban en México, preparándose para un nuevo tour. Antes de eso, invitaron a Delta Sleep a tocar a Xalapa; otro de los eventos patrocinados por INTRSTLRS. Su mirada apuntaba a las fechas que armarían para Julio en el centro de la república. Ya había pasado un año desde que estrenaron la Live Session en Another Planeta; de hecho, se cumplió en abril. La exigencia aumentó en estos trescientos sesenta y cinco días: habían evolucionado como músicos, como personas; entendían mejor cómo se regía el mundo del arte mexicano, los factores externos fuera de su control, y los internos que debían mejorar. Alf comenta: “Lo hemos ido forjando. Aprendemos de las situaciones y circunstancias, porque no todo es tan fácil como uno lo cree”. “Lo mejor de todo es que tenemos la manera abierta para comunicar lo que uno quiere decir, y llegar a un acuerdo”, remata. Por más difícil que parezca, los sacrificios diarios que realizan, rinden frutos al final. “Todas estas cosas que hemos vivido juntos nos han enseñado, nos han unido”, dice Giovanni. “Al final, es un goce; es algo que disfrutas: ver a bandas nuevas tocar, conocer nuevos lugares, las culturas, la comida… Es esa recompensa por tu trabajo y esfuerzo […] ayuda a reforzar el hecho de querer hacerlo más”.

   Orlando, Alfonso, José y Giovanni empezaron a ocuparse en las distintas actividades llevadas a cabo día con día. Cada uno se dedicaba de sus deberes, fuera y dentro de la banda; los roles asignados en ella los ayudan a conocer su trabajo; pero fuera, deben subsistir en los diferentes ámbitos que abarcan: laboral, personal y académicamente. Más pronto que tarde, INTRSTLRS llegó con una nueva noticia para For Dummies: en agosto visitaría Pretend, banda firmada bajo el famosísimo sello de Topshelf Records, México, como parte del trigésimo (sarcasmo) evento organizado por ellos. Orlando, tal como recordó el rostro de José al iniciar el proyecto, ahondó en su mente, y encontró una plática con su ahora guitarrista, en donde tocó a la banda Pretend. “[…] justo estábamos [José y yo] en un camión, y los escuché”, dice. “Quedé atónito con la batería en ese momento. Busqué de ellos y escuché Bones in the Soil […] después Kevin [de INTRSTLRS] nos dijo: ‘hay esto’ [refiriéndose al tour]; no lo creí, me pareció increíble”.

   Fue que Orlando se acomodó en su hogar, mientras escuchaba a Pretend. “El sexto [tour] con Pretend”, dice José. Se avecinaba un nuevo trayecto, lleno de emoción y aventura; si bien dejaba a un lado compromisos personales, sacrificando tiempo y esfuerzo, sabía, que a final del día, el buen sabor en su boca lo regocijaría en todo momento. “Las metas han cambiado [desde que inició el proyecto] mucho. La banda está en un constante cambio; el sonido está en un constante cambio; los intereses y las metas también; nuestras vidas también”, recordó en el trayecto al siguiente ensayo. Cabía la gran posibilidad de que eso lo desestabilizara, pero no importaba. Lo que sabía a ciencia cierta, y con todo el placer del mundo era que “For Dummies está en una metamorfosis: está vivo”.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

1 Comment

  • Responder diciembre 27, 2017

    Giovanni Pozos

    Muchas gracias por el escrito Juan!

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