#RecomiendoLeer Traducir al mundo en palabras: ¡Canta, herida!

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Por Iván Gómez (@sanchessinz)

Decir que fui un niño, como si fuera tan fácil dejar de serlo; como si perder la infancia fuera una prenda que ya no nos queda, una moneda que se salió del bolso

Fragmento del cuento ¡Canta, herida!

Me gusta creer que se debe leer con los ojos cerrados, en otras palabras: no sólo leer los libros que año con año publican las editoriales monstruo, sino revisar también los títulos que sacan las independientes, las editoriales subsidiadas por universidades o instituciones culturales, pues de igual forma se puede hallar libros que atrapan, con una propuesta diferente a lo comercial, más refrescante, ya que en general se encuentran ahí los autores jóvenes que están revolucionando la literatura de nuestro país.

Sé que mucha gente también gusta de este tipo de lecturas, y en ese sentido confío en que el libro de Gabriel Rodríguez Liceaga, ¡Canta, herida!, llegará a los lectores indicados.

Libro ganador del premio “Agustín Yáñez 2015” y publicado en 2016 por Editorial Paraíso Perdido, nos muestra personajes llenos de patrones de conducta que se repiten entre las personas que vivimos en este país, pues sus cuentos son eso: el reflejo de la sociedad actual, una que va sin un rumbo fijo, con pocas esperanzas, apática, rencorosa, infestada de personajes cotidianos. La mayoría se halla concentrada en una de las urbes más grandes del mundo, la Ciudad de México, que en el libro de Liceaga se presenta decadente, sucia, sobrepoblada, llena de inseguridades, de corrupción, de miedo…

Eso interviene en las actitudes de los personajes y hace más verosímiles los relatos, pues sea cual sea el cuento, todo el tiempo la ciudad se siente palpable a tal grado de hacernos creer que el protagonista de la historia es el señor que atiende la tienda, los niños de la otra calle que dicen muchas groserías, los teporochos de la esquina, o hasta el amigo de un amigo que terminó en la cárcel.

¡Canta, herida! tiene varios aciertos, desde el mismo título: genera desconcierto e intriga; al verlo por primera vez hace eco en la cabeza mientras que la portada se adueña de la vista por lo peculiar de ésta -a cargo del artista plástico Smithe.

La pregunta más importante que me hice al verlo, y de la que estoy seguro que toda persona se hará, es: ¿de qué van los cuentos?

Me atrevo a definirlos con una sola frase: las historias nos muestran el comportamiento humano cuando está siendo asfixiado por uno o varios hechos.

¿Qué se puede hacer por conseguir un poco de dinero estando preso? ¿De qué manera lo que vivimos de niños permea en nuestra mente y nos forma como adulos? ¿Qué le puede importar a un señor con pie y medio en la tumba? ¿En qué lugar vivimos? ¿Cuándo perdemos la infancia? Son preguntas que los cuentos nos responden.

Gabriel nos presenta en sus historias a personas apagadas, sin ganas de vivir, confundidas, temerosas, melancólicas, reflexivas, sucias… pero al final de cuentas, humanos.

No estoy guapa ni soy particularmente ingeniosa y todos los hombres que salen conmigo acaban diagnosticándome que soy medio aburrida. No me lo dicen así directamente pero segura estoy de que a sus cuates les dicen con ese tono desenfadado y de camisa sin fajar: «a la pinche Verónica ya no le voy a hablar, es de hueva esa vieja, buey» Ni siquiera es que me aburra tanto, simplemente, no sé, esta es la cara que tengo y no puedo poner otra.

Fragmento del cuento “Nuestros tatuajes están envejeciendo”.

La ciudad se hace aún más presente en los cuentos “Cielo no lluevas”, donde un personaje acude a una misteriosa casa a hacer un misterioso trabajo del que sólo sabe que tiene que ver con unos libros; o “Génova”, que corre a cargo de un solitario personaje que nos muestra la ciudad mientras se dirige a un restaurante que resulta ser un asco, quien haya visto el video de la canción “Paranoid android” de Radiohead podrá encontrar una sutil referencia cuando el protagonista del video va caminando por las calles de su ciudad y ve lo peor de ésta: vandalismo, exhibicionismo, suciedad. Otro cuento con la ciudad muy presente es “Gallenas, chompelo, vigajas”, donde el protagonista se ve directamente afectado por la ciudad y sus hechos curiosos.

El título de esta reseña nació a partir de un tuit que leí del autor: “… agradezco mucho a quienes les interesa mi limitada forma de traducir al mundo en palabras”. Por aquel entonces ya había leído este libro, y con esas palabras regresó a mi memoria, cuento por cuento, para que después de analizarlo un poco, me diera cuenta de que su obra habla por sí misma. Es un compendio sólido, en el cual una historia complementa a la otra.

Siempre te ha parecido tan sarcástico como grotesco que justo al inicio de la Zona Rosa esté ubicada la escultura de una mujer cargando a su bebé.

Fragmento del cuento “Génova”

 

¡Canta, herida! Editorial Paraíso Perdido, Guadalajara, México. 2016

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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