Misterios de Puebla: La Calle de la Calavera

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La ciudad de Puebla almacena en el interior de sus calles diversas historias, mismas que han hecho leyenda lo sucedido en ellas.  Una de ellas es la Leyenda de la Calle de la Calavera, ubicada en la 7 sur y 7 poniente, de acuerdo al libro “Las calles de Puebla” de Hugo Leicht. Era el siglo XVII cuando el Marqués de Alba-Flor, don Juan de Ibarra y su esposa doña Inés Torroella tuvieron una hija llamada Estrella de Ibarra. Desde su nacimiento, la muchacha había sido ofrecida a Dios.

En su juventud, Estrella de Ibarra deslumbró a toda Puebla por su encanto y belleza. Dedicaba su tiempo a los rezos y rosarios y participó activamente en los festejos de la consagración de la Catedral de Puebla en 1649. Cuentan que un día conoció a un joven apuesto quien le robó el corazón: don Alberto Rubín y que al cruzar miradas, el amor nació entre los dos. Alberto y Estrella decidieron callar su amor ante todos y acordaron verse a solas por un tiempo. Cuando su padre, el marqués de Alba-Flor supo de la relación, obligó a su hija a dejar a su amado.

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Estrella se alejó unos días de su amante. Sin embargo, no soportó el dolor y decidió escapar con Alberto para casarse. Fue tal la desdicha de Don Juan de Ibarra de saber que su hija lo había desobedecido que sufría alucinaciones, fiebres constantes y un dolor insoportable. Una noche, el marqués escapó y recorrió la ciudad hasta averiguar el paradero de su hija. Incesante, tocó a la puerta de aquella morada, donde al abrir apareció Estrella. La muchacha con el rostro pálido, quedó petrificada al verlo. Enseguida apareció Alberto Rubín, quien intentó tranquilizar la ira del marqués, sin embargo el padre de Estrella, lleno de rabia lo persiguió hasta el sótano de la casa y fue ahí donde le clavó un puñal en el cráneo. Alberto cayó muerto. Al ver la escena, Estrella de Ibarra enloqueció. Minutos después llegó al lugar Doña Inés Torroella, quien se llevó a su hija de ahí.  Pasaron varios días de aquel trágico incidente y Estrella no podía recobrar la cordura, seguía amando al recuerdo de su querido Alberto.

Dicen que en un arranque de desesperación, la joven escapó hacia su antiguo hogar y bajó al sótano. En ese frío lugar encontró el cráneo de Alberto. Con dolor, lo tomó en sus brazos y corrió de nuevo lanzando gritos de dolor, hasta caer muerta, en la puerta. Desde entonces, los pobladores han llamado a ese lugar “la calle donde pasó lo de la calavera”, “la calle de la calavera”.  Hay quienes dicen que hasta hoy, el espíritu de Estrella vaga por la zona, pues no ha encontrado la paz que su alma necesita.

 

Fuente: Poblanerias

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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