#RecomiendoLeer ‘Transgredir la realidad: Mil Monos Muertos’ – Franco Félix

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Por Iván Gómez (@sanchessinz)

¿Quién lo hubiera pensado? Estar muerto es lo peor que le puede pasar a uno. Vemos lo que hace todo el mundo, es como un Reality Show. Es repugnante.

Fragmento del cuento “Chicas suicidas”

En 2015, Franco Félix nos sorprendió con Kafka en traje de baño, publicado por Nitro Press. Mil monos muertos es el libro más reciente del autor sonorense, del que dos años después nos llega este libro: una colección de 8 cuentos publicada por Fomento Editorial BUAP en la Colección Extra(e)ditados. Los personajes constituyen un todo y la realidad alrededor de ellos se diluye, como una cámara enfocando un vaso de agua con la mesa de fondo en un segundo plano borroso.

Escribo esto para hacer la siguiente comparación: en realidad un vaso no tiene mucha importancia, y lo mismo ocurre con los personajes, quienes sólo a través de la pluma de Franco se transforman en sujetos completamente intrincados y hasta exóticos, algunas veces llenos de preguntas existenciales; otras, ensimismados en sus recuerdos o cavilaciones, los cuales se presentan desde el inicio del libro. Y ahí está el primer gran acierto del libro: generar intriga en las primeras palabras, prueba de ello es el cuento “Chicas suicidas”:

“Jenny está en el frágil borde de la cornisa griega. Sólo hay un paso entre el arrepentimiento y la muerte fatal, su cuerpo hecho trizas. Está en la azotea de la Biblioteca Nacional de Estudios Clásicos. Sólo han pasado diez minutos desde que terminó su asignatura preferida en el ciclo escolar, Filosofía de la Modernidad Sentimental, un cursillo que ha terminado por convencerla de eso: Nada es claro.”

Las narraciones en tercera persona (“La inutilidad de volar”, “Chicas suicidas”, “Esto es, innegablemente, una pipa” y “Objeto A goza la muerte”) son especialmente notables. Ahí es donde se aprecia mejor su agilidad narrativa, moviéndose de una acción a otra y de un personaje a otro. Su facilidad para plantear escenarios en una sola oración se demuestra mejor a través de este narrador, frases como “Una y otra vez intenta racionalizar la figura escalofriante que vibra y flota frente a él” enganchan de inmediato.

Los cuentos que son narrados en primera persona explotan las posibilidades reflexivas de los protagonistas, en “Anotaciones de un salto al vacío”, “Muertes falsas” y “Este pueblo es propiedad de Irán Castillo”, más allá de la historia, lo que pica, es decir, lo que incomoda –no en sentido peyorativo– son los constantes cubetazos de agua fría que le caen al lector cuando simpatiza con las preocupaciones de ellos. ¿Qué es real?, se preguntan los personajes del cuento “Muertes falsas” y junto con ellos, quienes los leen.

Por su parte, “49 flatulencias” se encierra en el diálogo que establece una pareja que está sufriendo un accidente. Muy cercano al teatro, por su peculiar forma de dialogar, pero sin perder características esenciales del cuento, la historia se transforma paulatinamente en un absurdo traumatizante.

Félix nos demuestra también que es un transgresor de la realidad; en sus narraciones, entre líneas, se siente una ácida crítica a la sociedad, como un dedo que oprime la llaga y nos dispara cuestionamientos existenciales con matices pesimistas: ¿a qué extremo puede llegar alguien por su vocación?; ¿cuánto pesa la carga moral de escribir notas amarillistas sobre lo que en realidad no pasó?; nos enseña a personas relatando sus perversiones sexuales, e incluso, se muestran planteamientos filosóficos en el absurdo de acto matar un mosquito y recibir de otro la pregunta “¿Por qué matas a ese mosquito? [… ] Bueno, y tú, ¿quién te crees para matar a ese mosquito?”

Lo mejor es que los cuentos transgreden la realidad a través del absurdo de diferentes situaciones.

Cuando mi madre se embriagaba en las fiestas y desfallecía en el suelo, yo aprovechaba para desnudarla y oler su cuerpo pálido. Acariciaba, mordía y lamía sus pezones. Esas extrañas terminaciones de carne que contrastaban con su piel nívea. Y ahí estaba mi padre también, junto a ella, inconsciente, ebrio, mientras yo acaparaba el cuerpo entero de mi madre.

Fragmento de “Este pueblo es propiedad de Irán Castillo”

Los temas que el libro aborda son también un aspecto a resaltar, y es que, aun siendo un escritor del norte del país no toca temas como violencia y narcotráfico, tópicos que se han popularizado hasta llevar al nacimiento de la etiqueta narcoliteratura; y esto, más allá de ser bueno o malo, le da un aire refrescante a lo que se escribe desde allá, pues demuestra que la narcoliteratura no es el único interés de alguien oriundo del norte, sino que, al igual que en todas las latitudes del país, los temas varían.

Por eso es que Mil monos muertos se muestra como un claro ejemplo de la pluralidad de temas que se abordan en la literatura de la región, dando pie a lo que desde hace varios años se ha mostrado como la descentralización de la literatura. Tal es así que el libro se publica en Puebla.

En varios cuentos, Franco Félix, utiliza las notas al pie de página que dan más información sobre lo que dice el narrador, aunque si bien es cierto que se presenta como un recurso, en la mayoría de los casos el lector puede prescindir de esa información sin mayor problema, por eso es que “La inutilidad de volar” no termina por ser un cuento; sin embargo, la historia y la forma en la que está contada no deja de ser extraordinaria. Analizando el texto a profundidad, podría tener características de una novela corta muy sintetizada.

Mil monos muertos es una pasarela de historias rarísimas. Desde el primer instante en el que comienzan los cuentos ya no se pueden dejar de leer. Es un libro que acaparará los reflectores. Se trata de un libro que transgrede la realidad, y con ella, la individualidad de sus lectores.

La vida siguió porque es absurda, sólo por eso. Yo alcancé los estúpidos 15 años y alcancé la paranoia como personalidad. Estaba conmovido diariamente por las coincidencias que me rodeaban. Por ejemplo: el nombre Irán me recordaba a mi individualismo, mi abstinencia al grupo: “Ellos irán. Yo no”. Un verbo que todavía practico en la actualidad.

Fragmento de Este pueblo es propiedad de Irán Castillo

 

Mil monos muertos, Franco Félix (2017). Fomento Editorial BUAP, Colección Extra(e)ditados. Puebla, México.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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