Escribir: manchas negras sobre papel blanco.

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Esta tarea (aunque poco se le reconozca) puede llegar a tener diversas causas de inicio, por ejemplo: porque uno disfrutaba platicar con un diario pues consideraba que su vida era una completa y única locura o porque se había acabado la actividad impuesta y aún no se tenía permiso de abandonar el pupitre, y sin nada más que un lápiz y un papel para poder pasar el tiempo, de los garabatos se saltaba a escribir palabras y de palabras a crear una historia.

Lo sorprendente en sí, no era lo escrito sino el descubrimiento de que el tiempo ha pasado desapercibido y quizá en una de esas le empieza a gustar, pues al igual que la lectura son actividades que se desempeñan en soledad; por lo que sirve como excusa para evitar molestias y ponerse a hacer lo que uno quiera consigo mismo; esta soledad después de todo funge como una trampa, pues transcurrido el tiempo, uno comienza a exigirse cada vez más, se enfrentan las primeras batallas entre tantas horas muertas hojas blancas, para así descubrir que la clave no es desentenderse con la inmundicia, sino entenderse con ella, es decir que quienes escriben deciden ser aburridos a aburrirse.

Aunque… “ser aburridos” no aplica para todos, pues sólo quienes no leen, lo creen así. Hay que conocer el poder de las palabras, pues evidentemente, uno busca qué escribir, pero eso no funciona realmente porque siempre se encuentra el qué, el problema radica porque este qué se acaba pronto y así es como lo ven quienes lo distinguen como entretenimiento, sin embargo aquellos que logran volverlo una dedicación descubren que no es el que buscar qué escribir, sino el que encuentra qué buscar; pues esta búsqueda se convierte en un asunto de largo plazo, a veces inalcanzable, que no logra encontrar fin, es un camino extenso lleno de angustia, de noches frías en velo o ensoñaciones recurrentes, y que es cuando a los que escriben les comienza a interesar grandemente, qué es lo que significa escribir, como se hace, para qué… Esencialmente a los lectores, es a quienes les comienza a interesar el porqué de esta actividad, pues los que escriben, escriben y son los únicos que pueden, sin salirse de lo que hacen.

Aunque debería tenerse cuidado con aquellos que dicen “Yo escribo” porque últimamente se ha vuelto una moda el decirlo, sólo por decir y no desempeñarlo realmente.

La importancia de la palabra es esencial, habría que pensarse que el primer lenguaje que existió fue el poético, de ahí las grandes obras de literatura que se tienen, lejos de los parámetros de libros técnicos, pues las palabras, son autoreflexivas, esto es, que digan lo que digan… SIEMPRE estará hablando de sí mismas.

Los que escriben y son primerizos por supuesto se adentran a un problema, siempre que toman la decisión de llenar las hojas en blanco, comienzan y llegan nerviosos del resultado o presos de una pasión que los desborda, intentan encontrar un método que no existe, palabras que usar para demostrar, significados que exponer o cambiar o de encontrar lo que buscan, por ello es tan natural escribir sobre escribir.

Lo único que no cambia para cualquiera que piensa en escribir, es que reconocen que es una tarea de mucho fallo, error, corrección y sobre todo aprender a dejar ir. A veces se llega el momento en que esta actividad que antes daba libertad, ahora aprisiona y se convierte en necesidad.

Sin embargo, una de las mejores técnicas para dejar de hacerlo es: convertirse en un escritor, pues así se deja de ver como una dedicación y se convierte en una profesióninstitucional, que consiste en ya no escribir, sino en conseguir contactos, presentaciones, tutearse con la gente adecuada, dedicarle alguna que otra obra a alguna entidad consagrada, sólo para demostrar que sabe y mucho.

Finalmente, es importante mencionar que no existe aquello de que alguien escribe bien, porque eso es una manera de decir que el que lo hizo no le costó trabajo. Y vaya que escribir es agotador, tedioso y muchas veces desesperante, momentos en que una persona se muestra medio rendida, en constante crisis, y en esas circunstancias sigue escribiendo porque cree que ahorita no, pero después sí, podrá escribir algo mejor de lo que ya escribió.

Todo esto, hasta que finalmente se dé cuenta que ya escribió todo lo que tenía que escribir, y que ya se cansó de seguir buscando lo que jamás va a encontrar, pero el problema es que aún no se muere y entonces se topa con que otra vez, le queda el mismo tiempo ocioso de cuando no tenía permiso de abandonar su pupitre o aún le sigue escribiendo a ese viejo diario, porque su vida le sigue pareciendo poco convencional y sin nada más que un lápiz y un papel para pasar el tiempo…

1 Comment

  • Responder noviembre 4, 2017

    Nashly

    Sin duda alguna es adentrarse de alguna forma a un mundo que nosotros mismos podemos crear pero con palabras.
    Excelente artículo!

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