Quejarse: Práctica nacional  

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Cierta vez un profesor me dijo que me hacía falta motivación o una actividad que me ocupara porque siempre gimoteaba de todo. Qué si había mucha tarea, si el clima estaba feo, que si la gente ya era más grosera o los autobuses no llegaban puntuales… Lo cierto es: que quizá el deporte nacional sea quejarse.
¿Cuántas veces lo hacemos durante el día?, definitivamente es innegable que es la manera en la que expresamos nuestras inconformidades, pues manifestamos una protesta que colinda con el reproche o la pedantería, su origen yace en la sensación de que las cosas o situaciones no deberían ser de esa manera. Es normal la inconformidad en el ser humano, sí, pero es notoriamente mal vista; independientemente de cómo es que se formule, pues esta puede ser con irritación, locura, con sosiego, sin motivo o de forma constructiva o destructiva, siempre se  catalogará como un hábito erróneo que por supuesto no sólo las mujeres cometemos.
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Todos hemos visto aquellas frases que comparte la gente optimista, la cual enuncia que es mejor buscar soluciones, y no intento decir que su diálogo sea erróneo, sin embargo pienso que la queja tiene un sutil funcionamiento para la sociedad: la lucha contra la conformidad.
Un pueblo conforme jamás anhelara mejoras, pues estará situado cómodamente en donde se encuentra. La queja es entonces, el mecanismo que nos permite el uso creativo de la imaginación para buscar soluciones, aunque no se puede negar que en la mayoría de los casos es más fácil solo desahogarse que emprender la solución, pues ceñirse siempre en lo imperfecto o la carencia de algo nos convierte en seres que hasta cierto punto llegan a estorbar en la vida o que son incapaces de aceptar que las cosas son así.
Por supuesto, no todas las quejas tienen solución, hay algunas monumentales que no se pueden cambiar de un día a otro o no está en nuestras manos, por ello la queja resulta ser tan universal como arma de una negación en la que el sujeto reconoce que todo siempre podría ser mejor. La queja incluso se ha escondido socialmente, separando a las personas en dos grupos: los pesimistas que se quejan de todo y los optimistas que no se les oye jamás quejarse pues buscan siempre el lado de las cosas, pero habría que preguntarse si realmente existen esos camaradas satisfechos o sólo es una fachada que deslumbra una vida de acciones contra aquello que es imperfecto, porque admitámoslo…NADA es perfecto.
En la literatura inclusive la queja ha sido motivo de búsqueda siempre, Fausto en sus diferentes versiones a lo largo de la historia, inicio con una queja de no tener todos los conocimientos del mundo que estaba descubriendo; pero cuando tuvo la oportunidad de poseer todo ese juicio volvió a la queja porque finalmente estaba condenado por vender su alma a Mefistófeles o la gente que vive alrededor de Momo de la obra de Michael Ende con este nombre, en el cual la gente comienza a vender su tiempo para ahorrar y de esta manera conseguir más, pues el ritmo de la vida los obligaba a quejarse por la falta de este. Los desconciertos en aquello que deseamos siempre han sido el impulso de la acción para la realización. Ojo, la queja es tan extensa que dentro de ese parámetro donde ya se habló que se usa para motivar, caer mal y que se esconde socialmente, se abre la brecha de su utilidad a manera de petulancia.
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Presunción a la hora de quejarse, no es más que reflejo de un diálogo entre líneas el cual refiere a: “Yo ya vi la imperfección de esa situación, por lo tanto yo no formo parte del problema”. Excluirse, porque evidentemente todos cargamos con cierto narcicismo, que provoca que no queramos ser parte de la molestia que ejerce la queja, pues siempre resulta más fácil localizar los errores o fallas en los demás que en los propios, es por ello que esa vertiente de la queja funge como anticipo ante posibles comentarios.
Quejarse en su mayor parte será para terceros, porque el desarrollo de una queja justificada implica colocarse en el centro, esperando que las mejoras o el cambio de esas situaciones beneficien al propio sujeto o cumpla con las expectativas que se disponen.
Finalmente para equilibrar a la queja y no quedarnos como individuos pasivos, la respuesta sería rodearse de gente que no tema hacernos el comentario de que ya estuvo mucho de tanto lamento y posteriormente levantarse de donde se esté, preguntarse si es posible cambiar esa situación (no queramos que deje de llover o que las manecillas del reloj se atrasen porque se nos ha hecho tarde) y comenzar a actuar en el mejor de los casos, pues se debe crear una congruencia con lo que se dice, se hace y se piensa.

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