La música importa

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You told me to look much further
You told me to walk much more
You told me that music matters
And to chase the dogs back from my door.
-Faithless, Music Matters (2006)
 

Siempre que me toca hablar de música, comienzo inevitablemente recurriendo a la misma cita. En El Ocaso de los Ídolos, uno de los tantos aforismos que escribe ahí Friedrich Nietzsche, afirma que “sin música la vida sería un error”, y al menos para mí, aquello no podría ser más acertado.

De todas las formas que existen del arte, considero que es la música la que con mayor facilidad y potencia penetra tanto el cuerpo como la mente, la razón y la emoción. Es, a mi parecer, la mejor evidencia de la subjetividad humana, la más real. Por lo mismo nunca entenderé el prejuicio y el rechazo que éste conlleva.

El prejuicio es posiblemente el mayor enemigo que he encontrado y con el que he batallado. El prejuicio hacia la gente y hacia aquello que les gusta, aquello que sienten, para ser más específico. No hay actitud más tirana que querer controlar el placer de los otros. Y justo esto se traduce en la música.

En los poco más de 10 años que tengo de haber hecho de la música un estilo de vida (ya sea como músico, DJ, locutor o cualquier otra cosa que salga), me he topado con personas que deciden rechazar algo sin ir más adentro o sin siquiera tratar de comprender; gente que se cierra a la música por alguna nimiedad, que evita un género porque se le ha dicho que es correcto evitarlo, que se niega a una canción porque suena mucho o muy poco en la radio, o que cancela cualquier posibilidad de aproximarse a un artista por lo que los medios han publicado o por lo que otras personas le han dicho. Y esto es algo simplemente terrible.

Cada género, cada expresión musical, cada canción, cada artista ofrece una infinidad de posibilidades que, si desde un principio son negadas, se cierra una puerta a un mundo inmenso, uno en el que podemos ver la realidad desde otras perspectivas, otros tiempos y otros espacios. Incluso otras personas. Si algo he descubierto en todo este tiempo es que, generalmente, las personas que suelen ser intolerantes ante la música lo son también hacia la gente y hacia otros aspectos del mundo.

Es por eso que procuro que todo lo que hago le recuerde a la gente que la música es, ante todo, una experiencia y que, negarnos a ella es negarnos al mundo. Y por ello, cada semana revisaremos tanto en este espacio como en el radiofónico esas propuestas que nos ayudarán a expandir ese mundo. No importa si es Thalía, no importa si es David Bowie, tampoco si es Fey o Nine Inch Nails, la cumbia o el glam, el post punk o el future R&B. Lo importante es que cada uno tiene, muy a su manera, algo que decirnos.

No se niegue, pues, a la música. Que como bien dijo el buen Nietzche, sería un error. Mejor deje fuera sus prejuicios musicales y acompáñeme en este viaje que, estoy seguro, le dará bastante. Y es que, parafraseando a Faithless, la música importa y mucho.

"El mundo, la música y la gente son tan vastos como para adentrarse en cualquiera de ellos con prejuicios. Durante una hora, Velvet Boy te llevará sonidos diversos que harán de la música una auténtica experiencia. Deja afuera tus prejuicios musicales y disfruta de La Hora de Velvet Boy".

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