#CircuitoIndio Akil Ammar, el ‘Poeta Urbano’

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Por: Redacción

El Sol de Cuautla le otorgó el título de “poeta urbano” a Akil Ammar sin siquiera justificarlo. El artículo que refería a dicho acontecimiento hacía una reseña corta (aunque muchos llamarían concisa) de un evento realizado a principios de año en la Ciudad de México. Minutos después, me encontré con que El economista le brindaba el mismo sustantivo: “Akil Ammar, un rapero, un poeta urbano que a través de sus versos ha trascendido en el mundo underground de México”. Pero la conclusión fue la misma. ¿Por qué nombrarlo “poeta urbano”? Hacía unos meses veía un documental de Vice sobre el “rock urbano” en la capital, y muchos entrevistados hacían hincapié a que se dejara de llamárseles de esa forma, porque resultaba un término más despectivo que llamativo; era una especie de segregación que le hacían al tipo de música que ellos tocaban. Hacemos rock y ya, decía Alex Lora.

Dejando a un lado las cavilaciones sobre los yerros que medios así cometen, y a modo de contradicción, el sustantivo (o bien adjetivo) con que encasillan a Akil Ammar sirve a la perfección. Lo comparé, momentáneamente, con los trabajos que realizas sin tener un previo conocimiento de qué hacer, y termina por agradar a tus profesores y compañeros, que lo ven con ojos de aceptación, y que, progresivamente, acaba por agradarte a ti mismo. Pero meramente fue un golpe de suerte. Así los periódicos.

Más allá del poco dominio de los periódicos en el tema, Ammar es un verdadero poeta. En sus versos encuentras, de forma casi excelsa, letras de tópicos que aquejan al ser humano, con una forma no vulgar ni básica, que hace a muchos alejarse del hip hop. A su vez, todas estas letras utilizan una intertextualidad interesante que refieren a otros textos, personajes importantes, y acontecimientos culturales que sirven para enriquecer su trabajo. Las rimas encajan a la perfección, cada una llevada de la mano con un ritmo y rimas sin yerro alguno. No obstante, lo que más resalta en su música es aquél acercamiento que tiene a las problemáticas a las que cotidianamente nos enfrentamos: la liberación de la negatividad, la búsqueda por la plenitud y felicidad, el constante deterioro espiritual que tenemos como sociedad; todo aquello es vertido por un rapero que ha estado en el mundo del hip hop por más de quince años.

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Jhonatan Rojas, nombre real del rapero, nació en la capital mexicana, y transcurrió sus días en la colonia Obrera. Para la gran mayoría, este último dato sería innecesario, pero que, al contrario, sirve para comprender mejor el contexto en que se desarrolló. “[…] soy hijo único y me criaron dos mujeres: mi madre y mi abuela”, comentó para Ritmo Urbano. Rojas recalca la importancia que tuvo el encuentro con el hip hop a temprana edad. Sirvió como medio catártico ante los problemas que lo rodeaban, y, a su vez, lo utilizó como trampolín de escape para aquel destino que parecía tener forjado: la vida criminal y la vagancia. A través de la pluma y papel, plasmó sus pensamientos, sentimientos y conflictos que un joven vive. Gradualmente mejoró. Dejó a un lado la mirada de un adolescente, y abordó, con un nuevo punto de vista, otros problemas que el ser humano tiene. Incorporó en su música el tono de alguien que está atrapado pero que lucha por seguir adelante, siempre viendo hacia arriba o en línea recta, y jamás agachando la vista.

El nombre de Akil Ammar proviene del árabe: “Akil” significa “el que utiliza la razón”, y “Ammar” significa “constructor”. Así podríamos entender más al rapero: aquél que se centra en tocar un tópico, en una manera agradable, o bien racional, y que te invita, verso tras verso, a que mires con sus propios ojos. “Mira, ven. Esto es lo que veo, lo que siento, lo que necesito decirte”, parece que lo menciona en cada canción, en voz baja, haciéndote una seña para que te acerques y utilices su foco visual para que lo veas como él lo ve.

Hasta la fecha, Jhonatan Rojas cuenta con siete discos de estudio, todos financiados y promocionados por su propio bolsillo. Jamás dependió de nadie para buscar un podio en el hip hop mexicano. Buscaba y forjaba su nombre en la escena musical de México, y si llegaba o no a que los reflectores lo iluminaran, era algo que a él no le importaba. Se abrió pasó, poco a poco, en el underground mexicano, lugar donde muchos artistas siguen postrados con un placer inconmensurable, pues es un lugar predilecto, donde estás en contacto con la gente que de verdad se apasiona con tu música.

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El último material que sacó Ammar fue “Frenesí”, mismo que vio la luz el año pasado. El disco cuenta con catorce canciones, que muestran el lado más sensible del rapero. Las temáticas, como anteriormente había hecho Ammar, surcan en pensamientos mundiales, como el amor, los excesos, el cariño materno. Todos ellos nos enseñan la maduración que el artista ha tenido en estos quince años de existencia con su proyecto, un proyecto que le salvó la vida y le abrió camino para ayudar a otros a que miraran con otra perspectiva la vida.

Después de haber develado el álbum, se embarcó en una gira para promocionarlo, en puntos estratégicos de la república. Sin embargo, Ammar notó algo muy distinto en esta ocasión: parecía que podía llegar a más gente con su música, cosa que antes no logró debido a lo que implica viajar financiando tus propios gastos, gracias a la iniciativa que tuvo el Circuito Indio de invitar a artistas poco conocidos a tocar por el país. Ammar es uno de los elegidos a recorrer las ciudades de México, promocionando todavía Frenesí. Por cuestiones de logística, Puebla ha sido seleccionado para ser el arranque perfecto del tour, ya que estará el día 28 de Septiembre en el Beat 803, acompañado del Crew Peligrosos, así como de su público fiel, que está con él en todo momento.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Algún día seré periodista, mientras tanto disfruto lo que hago.

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