¡Felicidades Radio BUAP!

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Los universitarios estamos de fiesta celebrando los veinte años de Radio BUAP. Y estamos contentos porque su historia forma parte de nuestra historia personal, como la mía, que te cuento ahora.

Todo empezó con el Big Bang, o al menos eso dicen los físicos, aunque no todos, como nos cuenta Galfard en su libro.

Bueno, estoy exagerando. En realidad, era 1986 cuando fui a hacer examen de admisión para la carrera de matemáticas. Meses antes había ido a CU a buscar la escuela y me dieron un tríptico, en una hoja fotocopiada, con la información básica y el listado de materias. Esa hojita me acompañó por toda la carrera, y que cada que pasaba una materia la rayaba cuidadosamente con lápiz.

El examen de admisión me pareció realmente sencillo, no recuerdo mucho las preguntas, pero lo que si recuerdo es que había como veinte solicitantes para la carrera de matemáticas, que tenía cien lugares. Y así sucedió que en enero de 1987 fui a mi salón de clases para iniciar mi curso con tres materias: matemáticas elementales, álgebra e introducción a la física. Muy iluso de mí, creía que eran muy pocas materias, y que tendría todo el día para leer o jugar con mis hermanitos. Así que ahí estaba, en mi salón que estaba en donde ahora son los cubículos de la facultad de computación. Después de la primera semana ya me había dado cuenta de que faltaría tiempo para entender lo que habíamos visto en clase y hacer los cientos de ejercicios propuestos por los maestros.

Pero una de esas tardes, buscando la biblioteca de la escuela, subí al piso de arriba de mi salón y pude ver un cubículo con varios instrumentos y con las paredes forradas de cartón de huevo. Era claro que ahí se hacía algo relacionado con la música, pero hasta el otro semestre me enteré que era la cabinita de la radio universitaria.

Hoy en día puede ser difícil de comprender, pero en ese entonces no traíamos gadgets en los bolsillos, aunque existían los radios transistores, y había unos muy pequeños y fáciles de transportar. Lo cual cambió con el walkman, ya que podrías cargar un par de cassettes y así hacer llevadero tu viaje para ir o regresar de la escuela.

Y esto lo menciono porque nunca se me ocurrió que podría oír la estación en CU, y escuchar la música y los programas que en ese momento solo se podían escuchar en un radio de algunos metros a la redonda pues sólo tenían 40 wats de potencia.

Pero sería en mi segundo semestre que sabría un poco más de esa radio. En ese entonces se realizaron varias manifestaciones para pedir subsidio para la universidad. Y cada escuela se encargó de hacer un plantón en una dependencia de gobierno relacionada con su disciplina. En nuestro caso nos tocó estar en Comunicaciones, y la solicitud era que se le diera el permiso a la radio universitaria para poder transmitir. Los maestros Flor Coca y Nicolás Dávila explican muy bien los distintos personajes y momentos en que se buscó tener este permiso en su libro Radio BUAP, una historia por contar (2015).

Sin embargo, yo no tenía una idea clara de por qué no daban ese permiso y como joven universitario acompañé a mi grupo a tomar clases en las escaleras exteriores del edificio de esa dependencia, mientras la maestra nos explicaba sobre las raíces de los polinomios y el Teorema fundamental del álgebra.

Pasarían más de diez años sin saber gran cosa de ese proyecto, entré a trabajar en la escuela de electrónica como profesor de matemáticas, y a los pocos años empecé a organizar el torneo de Sumobot: dos robots de no más de veinte centímetros de lado, dos kilogramos de peso se enfrentan en una tabla circular y, sin destruir al oponente, el que saque al otro de la tabla gana la pelea.  Por eso y por los talleres de robótica para niños que hacía en la facultad un día me invitaron a una entrevista.

Recuerdo muy bien la sonrisa de Mónica Azcárate recibiéndome y preguntando de que trataba el concurso y cómo estaba relacionado con los talleres de robótica para niños.

Aunque pronto hubo otras visitas a la radio, una que me pareció muy importante fue cuando la maestra Flor Coca me invitara a su programa “Vidas Universitarias”, para hablar de quien era yo, que hacía, y que es lo que me gustaba. Recuerdo que inició el programa con la canción de “Tus ojos”, de Los locos del ritmo, porque le había dicho que era una de las canciones favoritas de mi mamá. Al final del programa me preguntó si cambiaría algo de mi vida y contesté: no, porque ese viaje me hizo conocer a mis amigos y a mi esposa, y la volvería a vivir tal cual, a pesar de los sufrimientos y tropiezos.

No tengo ese audio pero aquí dejo el del Dr. Honorato Azucena.

El libro de Flor Coca me ayudó a enterarme que gente que yo conocía fue pionero de esta estación. En particular admiré a mis compañeros de la facultad de electrónica, que estuvieron al principio en esa cabinita arriba de mi salón. Es justo decir que el Dr. Honorio Vera, en ese entonces profesor y más tarde director de la facultad de físico matemáticas, me comentó que había más personas que las que se mencionan en ese libro, que hicieron gestiones y trabajos para la radio. A ellos les dedico un saludo y reconocimiento desde estas líneas.

Ahora la radio universitaria es un referente necesario para conocernos como institución y para proyectarnos hacia la sociedad.

Hace más de un año he empezado a colaborar con estas entradas en el blog invitado por su actual director, el maestro Ricardo Cartas. Y eso me ha llenado de grandes satisfacciones. Me ha permitido conocer a más gente y poder devolver a la sociedad un poco del conocimiento que la universidad de ha dado. ¡Hasta pusieron audio a mi cuento del Santo! Por eso me da gusto festejar este aniversario.

Si fuera una persona le diría:

Querídisima Radio BUAP, tu gestación llevo mucho tiempo, tu nacimiento fue complicado, pero tus balbuceos nos llenaron de energía y ahora eres joven y vigorosa y estas dando mucha alegría información y entretenimiento a la sociedad. En este tu cumpleaños te deseo que sigas creciendo, que la gente te escuche y que todos los universitarios te visiten alguna vez en su vida para que puedan presumir que te conocieron, aunque sea un poquito.

 

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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