Dos décadas de NITRO/PRESS: entrevista a Mauricio Bares

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Mauricio Bares. Foto: Óscar Alarcón.

Este año no solo en Radio BUAP estamos con los festejos del 20° aniversario, sino que también nuestros amigos de la editorial independiente NITRO PRESS celebran dos décadas de trabajo en el medio cultural mexicano. Debido a ello, a continuación presentamos una entrevista a Mauricio Bares, quien ha liderado el proyecto desde su comienzo. De la misma forma, aquí se encuentra disponible una entrevista a Lilia Barajas, directora de arte.

Previo al nacimiento de NITRO, Mauricio fue colaborador de suplementos como La Jornada Semanal, de La Jornada, y Sábado, de Unomásuno, entre otros. En 1993 formó parte de A sangre fría, una publicación cuyos cuatro números tuvieron un impacto tal que, en el 2008, Editorial Almadía los recopiló y lanzó en un único tomo “obituario”.

Primer número de la videorevista Glycerina.

Más tarde, en 1997, nació en forma NITRO/PRESS con la publicación del primer número de su revista y el primer título del catálogo: Streamline 98, de Bares. Durante esta etapa, fueron publicados 6 libros, además de postales, stickers e incluso una videorevista. No obstante, debido a la quiebra de dos de sus distribuidores, la editorial entró en una etapa de recesión.

En dicho lapso, comprendido entre 2003 y 2009, Mauricio se enfocó en su carrera literaria y publicó Apuntes de un escritor malo, novela que fue finalista en el Premio Herralde de Novela 2005 (el mismo galardón con el que fue premiada Casi nunca de Daniel Sada y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño). Asimismo, su libro de ensayos Posthumano resultó finalista del Concurso Literario Nacional Abigael Bohórquez de Ensayo, en 2003.

El impacto de Apuntes de un escritor malo, así como la invitación por parte de la Alianza de Editores Mexicanos Independientes para participar en la primera Feria del Libro Independiente fueron factores que propiciaron que la editorial regresara a la actividad. De esta manera, el año siguiente surgió una de las propuestas más distintivas de NITRO/PRESS: Lados B. Esta antología reúne desde 2011 textos de jóvenes escritores de todo el país, de “narrativa de alto riesgo”, como la misma editorial la define.

Alan Robles: ¿Cómo fue tu experiencia en A sangre fría? A pesar de que no duró tantos números, tuvo un gran impacto.

Mauricio Bares: La idea original era de J.M. Servín y Delia M., que es una cantante y escritora de Tijuana. Su idea era crear una publicación de nota roja y rock en fotocopias que se regalara en librerías. A mí me parecía un poco inviable porque la idea de ellos es que fuese en tamaño tabloide doblada a la mitad o doble carta doblada a la mitad. En ese entonces, en el D.F. al menos, yo solo conocía dos o tres casas de fotocopias que hicieran ese tipo de trabajo y era muy costoso. Yo pensaba que, a la larga –y si además la ibas a regalar–, iba a ser insostenible.

A mí se me ocurrió que más bien hiciéramos una publicación en tamaño tabloide, que es un tamaño que me gustaba mucho y que tiene muchas implicaciones. En México, pocos diarios tenían ese formato: La Jornada y el Unomásuno, de los periódicos digamos serios y, por el otro lado, deportivos o de nota roja.

Sacamos la publicación y se me ocurrió que más bien hiciésemos una especie de parodia de diferentes medios editoriales en el país, como la sección de horóscopos que podías encontrar en Contenido, el Rincón Sentimental, la Página 3 del Ovaciones, etcétera, y que eso nos permitiese hacer una crítica, mediante la parodia, de cuestiones culturales. Por ejemplo, cómo asumes la literatura, porque teníamos ahí retratos de personalidades artísticas del país con nombres falsos y ocupaciones falsas, con el fin de crear una especie de broma–.

Realmente le fue muy bien a la publicación, se hacía completamente en mi casa, yo la financiaba y la distribuía… tuvo un impacto que fue mucho más allá de los 6 meses que duró porque nos seguían llegando invitaciones para presentarla, para solicitarnos ejemplares y demás. Pero hubo un problema: esto fue en el 93, para 1995–1996 se le ocurrió a periódicos como Milenio o como Reforma hacer algo similar el Día de los inocentes. Ya después, cuando pasó el tiempo y la gente veía nuestra publicación, decían Ah, están haciendo lo mismo que el Reforma y el Milenio, cuando de cierto modo podría considerarse que fue al revés.

Intentamos empezar un nuevo proyecto. Yo sentía que esos recursos ya estaban muy quemados, muy gastados, y que dentro de nosotros mismos ya no había mucho juego que dar. Entonces, comenzamos con un proyecto totalmente nuevo que también retomaba muchas cosas relacionadas con el crimen, con la nota roja. Hay que tomar en cuenta que en el 97, cuando sale Nitro, ya es fin de la década, de siglo, de milenio y están muy latentes en el aire las cuestiones futuristas, los cuestionamientos de a dónde vamos. Dejamos atrás una fecha emblemática del futurismo, que es el 1984, y no acercábamos al 2000, al 2001; había avances tecnológicos muy importantes propiciados por la computadora. Estaba toda esta cuestión de la asunción de la cirugía estética ya no como algo exclusivo de superestrellas del cine y la música, sino como algo accesible: algo que era mal visto hacer se comenzaba a naturalizar; comenzábamos a convivir con gente muy retocada, en ese entonces. Se nos ocurrió tener ese enfoque en la publicación.

Creo que otro de los méritos que tiene es el ángulo desde donde lo abordamos, que es el vernos como el futuro que en el pasado se veía como ciencia ficción; lo que se veía como futurismo ya era nuestro presente. Mucha de nuestra gráfica y de nuestro enfoque al escribir los ensayos que conformaban la revista tiene esa característica.

AR: En la transición entre A sangre fría y Nitro, ¿cuáles fueron las experiencias editoriales que retomaste?

MB: Yo trabajé un tiempo en una trasnacional. Vengo de lo underground, de donde tienes que ahorrar por todos lados y tratar de sacarle el mayor provecho posible al material y a tus recursos económicos. Fue por eso que me parecía inviable hacer una publicación en doble carta, que era muy caro en ese entonces: no te  cobraban el doble de lo que costaba una carta porque era una máquina especial para fotocopiar. Me di cuenta de que nos convenía utilizar el offset y lo hicimos de esa manera.

En ese inter que tú mencionas, yo trabajé para una trasnacional haciendo libros muy caros de enseñanza de inglés para niños, básicamente, que se vendían en todo el mundo, principalmente en Asia y en el norte de África. Ahí trabajas con todos los recursos y las novedades tecnológicas del momento. Eso me permitió aprender un montón de cosas que no conocía y que después se pudieron aplicar en la revista. De hecho, la idea era que fuese a color completamente, pero al hacer ya un análisis financiero, por decirlo así, nos dimos cuenta de que nos convenía más ahorrar en ese sentido, así que decidimos hacerla con una técnica que se llama duotono, que es utilizar el color negro con una tinta más y tratar de hacer combinaciones con ambos colores.

AR: En el 97 empezaban a pegar los mass media, el internet, la comunicación súper rápida. ¿Cómo afectó eso a la visión de Nitro, tanto a la revista como a la editorial?

Portada de la revista Nitro, no. 3.

MB: Creo que, de entrada, como artista debes estar al tanto de lo que está sucediendo. Yo estaba en ese entonces muy enterado de los avances tecnológicos, pero también de propuestas estéticas. Había muchos artistas que comenzaban a cuestionar, por ejemplo, la pseudo perfección del cuerpo humano y usaron sus propios cuerpos como experimentación para ver si era posible o no mejorarnos de alguna manera.

Finalmente, en ese momento, creo que no había ninguna otra publicación que estuviese tratando de reflexionar y de crear una propuesta estética con todos estos avances. Es muy difícil a veces hacerlo porque necesitas que primero haya un impacto de algún fenómeno, que se asiente y que tú reflexiones sobre él. Nosotros lo que estábamos haciendo era hacerlo a botepronto y, sin embargo, me parece que teníamos que acostumbrarnos a que las cosas iban a ser así porque el avance, por ejemplo, tecnológico, de la cibernética fue –y sigue siendo– cada vez más rápido. Incluso en ese entonces pensar en celulares era casi un sueño o una cosa muy muy primitiva todavía; hoy es prácticamente tu computadora de bolsillo.

Te das cuenta de que no tienes que pedir permiso ni tener la aprobación de nadie.

Ya había muchos artistas y científicos experimentando y pensando en qué sucedería si te pudieras implantar un chip dentro de tu cuerpo, conectado a tu sistema nervioso: serías capaz de transmitirle tus emociones y tus sentimientos a una persona que está frente de ti sin mover un músculo ni expresar una sola palabra. No había ninguna otra revista u otro grupo de artistas y pensadores que estuvieran haciendo todo este tipo de reflexiones en su momento.

AR: En esa primera etapa de NITRO, que es de 1997 al 2003, ¿cómo considerabas que era el panorama editorial, al menos aquí en México?

MB: Como lo sigue siendo y como lo ha sido siempre: muy pobre, muy conservador, muy mojigato, muy de buenas maneras o, por el contrario, muy autoritario, muy respondón, muy agresivo de gratis. La ventaja que tuvimos fue que encontramos gente en la prensa que entendía por dónde íbamos y siempre hablaron bien de nosotros. La gente a la que no le interesábamos o no le gustábamos nunca mencionó nada de nosotros; pero aquellos que pudieron haberlo entendido porque tenían proyectos que de alguna manera pudieran ser similares –como ahora los editores de la revista Matiz– siempre hablaron bien de nosotros, sacaron reseñas dentro de sus revistas e incluso en otros medios donde colaboraban. En ese sentido, el hecho de haber tan diferentes nos facilitó mucho las cosas.

AR: Si del 2003 hasta acá sigue siendo, en las formas y en los mecanismos, el mismo el mercado editorial en México, de manera superficial, ¿qué cambios puedes notar desde esa pausa en el 2003 hasta el regreso en 2010?

MB: Hay una muy importante –y que tiene que ver precisamente con el hecho de que tomáramos la decisión de regresar– que es el hecho de que hay una nueva generación. Para nosotros era muy importante, en ese entonces, el hecho de que nuestros lectores eran muy jóvenes todavía como para pensar en ellos como creadores. Si tú revisas la primera parte de nuestro catálogo, somos tres o cuatro escritores con varios libros porque realmente no había muchos autores; todos nosotros éramos también jóvenes, no escribíamos ni teníamos tantas obras como ahora de las cuales poder echar mano, hacer una revisión de esto o lo otro, tener un libro nuevo o terminar uno que se quedó pendiente por ahí años atrás.

Foto: Óscar Alarcón.

Realmente teníamos muy pocos títulos y no había muchos otros autores escribiendo. ¿Qué cambió radicalmente? El hecho de que vienen una, dos o tres generaciones nuevas con un montón de obras: gente que fueron lectores de nosotros o que, si no lo fueron, ahora son gente muy afín, de tal manera que podemos contar con un suministro de artistas muy grande.

Esto también define a la editorial en otro sentido. Antes teníamos mucho más influencia, contacto e intercambio con artistas plásticos; ahora podemos echar mano de tantos escritores que nuestro proyecto se convirtió exclusivamente literario. Ya no tenemos una revista donde podamos exponer artistas plásticos o gráficos, sino que ya nos dedicamos exclusivamente a la literatura.

AR: Con este aumento de escritores en el regreso de Nitro en 2010 y también desde la perspectiva de la radiografía que es Lados B, que año con año está sacando a estos escritores jóvenes, ¿cuáles consideras que son las líneas temáticas –si las hay– que se van perfilando y consolidando en la narrativa de riesgo?

MB: Temáticas son muy variadas, pero creo que algo muy importante es que hay una sinceridad respecto a su trabajo. En generaciones anteriores era mucho más común encontrarte con que el medio estuviese repleto de autores cuidando las formas, sintiéndose muy literatos, donde el modo era más importante que el fondo. Yo siento que ahora vienen generaciones mucho más comprometidas con lo que quieren decir y con encontrar las formas más adecuadas para hacerlo, que creo es algo que distinguió de alguna manera a mi generación o a la gente con la que comencé a hacer trabajo editorial. No me atrevería a decir que fuimos una influencia en ellos, pero sí que ahora nos hace más fácil poder trabajar en conjunto.

Mauricio Bares en entrevista. Foto: Óscar Alarcón.

AR: Dentro de este crecimiento en la cantidad de jóvenes que escriben y se comprometen con lo que hacen, así como el avance de la tecnología y la globalización, ¿consideras que las editoriales independientes pueden servir como nichos de resistencia ante la comercialización de la literatura y su centralización?

MB: Sí. El mercado editorial a nivel de las trasnacionales ya marcó una serie de pautas: ellos dicen no nos interesan cuentos, no nos interesa la poesía, el ensayo no vende, etcétera. Nos vamos a concentrar en novelas; si son del narco, históricas o biográficas, mejor. Yo creo que las editoriales independientes, con pequeños proyectos sumados, cubrimos la posibilidad de desarrollo de escritores y de contacto que ellos deben tener de manera natural con sus lectores.

La editorial es una propuesta; ya hay un “algo” que los lectores buscan

AR: En la línea de la globalización, mucho se ha hablado de que se extinguirá el libro en papel y pasará al formato del ebook. Yo creo que eso está muy lejano, pero sí considero que las nuevas tecnologías implican una reformulación de los mecanismos tradicionales. ¿Cómo le hace frente NITRO a esta situación?

Portada de Humo, de Efrén Ordóñez.

MB: Como bien dices, creemos que va a hacer falta mucho tiempo. Las cifras del año pasado de ebooks marcaron un tremendo retroceso: se esperaba que comenzaran a comerse el pastel en rebanadas más grandes y, al contrario, tuvo un retroceso muy grande. Sin embargo, creo que va a ser inevitable, creo que a la larga va a ser así.

Lo cierto es que antes, hasta hace relativamente poco, como por 2011, cuando nosotros sacamos Lados B y retomamos la línea editorial, hacer un ebook era muy caro y complicado. Nosotros teníamos unos grandes amigos, que son la editorial Malaletra, y nos contaban lo difícil que era el proceso para hacer un ebook. Ahora no, ahora es mucho más fácil y mucho más barato. A nosotros no nos interesaba meternos en ese lado porque imprimir en offset es muy costoso; pensar en otro proceso costoso nos iba a llevar a la bancarrota.

Ahora que aparentemente es más fácil y económico, es muy posible que empecemos a tener parte de nuestro catálogo  –sobre todo el que vaya saliendo de bodega– en ebook y comercializarlo de esa manera, tratando de conservar el diseño. Por ejemplo, antes no era tan fácil hacer un libro digital a partir de un PDF: lo tenías que hacer a partir de Word y era un relajo. Al parecer, ahora lo puedes hacer de un PDF y eso te permite partir ya de un libro diseñado, porque en Word es volverlo a diseñar no solo electrónicamente, sino gráficamente. Ese era uno de los grandes problemas, por el lado técnico y el lado económico.

AR: Del 2010 para acá, además de la faceta tecnológica, también NITRO/PRESS ha colaborado tanto con instancias gubernamentales como con universidades públicas. Tras esta experiencia en coedición, ¿cuál consideras que es la postura de estas instituciones frente a los jóvenes que están comenzando a escribir?

MB: Creo que, a diferencia de años anteriores, ahora hay gente joven e inteligente en puestos claves de las instituciones. Ya no son estos viejitos amargados que estaban cuando yo era joven –ahora yo soy el viejito amargado–. A algunos los conocemos, algunos son incluso escritores, algunos otros son gente que hemos publicado. Sabemos que ellos tienen una posición mucho más abierta que otros. Seguimos teniendo gente muy retrógrada en algunas instituciones –por eso no hemos podido trabajar con ellos– o gente que se maneja éticamente de otra manera: tú llegas a proponerles una coedición y ellos te sacan su librito para proponértelo y a ver si se los publicas; si no se los publicas, entonces no se hace la coedición del autor que le estabas proponiendo.

Hay instituciones con las que no hemos podido trabajar por ese motivo, pero con las que hemos podido, ha sido porque hay un margen de apertura al título que se va a publicar y también a las formas que nosotros tenemos, tanto editorialmente como en el modo de movernos en el medio.

Yo tengo 54 años: no me voy a poner a hacer ahorita libros para agradarle a alguien

AR: En ese moverse, ¿cuáles son las diferencias que has detectado entre el mercado editorial de México y el de otros países?

MB: Hay varias cosas. Finalmente siempre nos quejamos de que en México no se lee, pero también somos un montón de gente. Yo siempre he dicho que con que nos lea el 0.001 por ciento tenemos un montón porque somos 120 millones de habitantes. Chile, por ejemplo, tiene menos habitantes en todo el país que lo que nosotros tenemos en la Ciudad de México. Platicando con editores chilenos, ellos nos dicen que su tope es un tiraje de 300 ejemplares; eso para ellos ya es muchísimo. Si pueden hacer tirajes de 150 o 200, se dan por bien servidos y si se venden, qué bueno.

Por eso, México es un mercado que le interesa mucho a los argentinos, a los chilenos, a los españoles. Nos quejamos mucho porque la situación no es para nada ideal en México, podría ser mucho mejor, pero realmente estamos en el paraíso comparados con otros países. Ya no digamos Ecuador, Panamá o Guatemala.

AR: Dentro de esta comercialización –considero que no solo en la literatura–, en algunas ocasiones se van creando élites que producen y reflexionan solo para sí mismas. Desde tu perspectiva, ¿consideras que las editoriales son quienes crean públicos mediante lo que ofrecen, o bien, son los públicos quienes dictan las líneas temáticas de las editoriales?

MB: Creo que son ambas cosas. Yo tengo 54 años: no me voy a poner a hacer ahorita libros para agradarle a alguien. Quiero sacar los libros que a mí me interesa que se publiquen o hacer lo posible para que sea así. Es inevitable que tu primer círculo sea de gente que quiere escribir; que tu segundo círculo sean lectores con, a lo mejor, aspiraciones a algún día ser escritores; el tercero, lectores que disfruten de la literatura y el siguiente círculo van a ser los hermanos y parientes de los autores. Eso es inevitable, siempre va a ser así.

Sí creo que nosotros hemos ido creando lectores. No tanto gente que empiece a leer a partir de nuestros libros, pero sí, por ejemplo, gente que está al pendiente de qué sacamos cada año y trata de comprar lo del sello. La editorial es una propuesta; ya hay un “algo” que los lectores buscan, al margen de que saques temas policiacos, otros más realistas –por decirlo de algún modo–, algún libro como Nenitas, que tiene una temática muy centrada en la problemática de las mujeres, en fin.

Vas encontrando determinados nichos. Difícilmente alguien que sea un súper fan del policiaco te va a comprar un libro como Nenitas o Malcriadas miniatura, pero vas abarcando diferentes estratos.

AR: Hablando de las diferentes temáticas de los títulos, me gustan las ediciones que hace NITRO. Al respecto, ¿cómo es el diálogo con Lilia al momento de conjuntar el diseño con el contenido del libro?

Portada de ‘Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio’, de Rafa Saavedra. El título es parte de la colección Punto de Quiebre.

MB: Ya hay muchísimos años de trabajo. Ella ya sabe qué tipo de libros nos interesan y hay una propuesta gráfica en ese sentido, que por un lado se amplía pero, por otro, se va haciendo muy específica de acuerdo al autor y a los contenidos de la obra. Cada libro trata de reflejar el contenido gráficamente.

Hay muchos años de trabajo, de tal manera que no se requiere tanto de que nos sentemos a discutirlo, pero sí, por ejemplo, a la hora de elegir portadas, ella elabora unas 7 y escogemos de esas unas 3, quizá combinando características de unas con otras. Esas son las que se le proponen al autor y él decide cuál es la que se queda.

Ahí hay mucha libertad por cada parte; editorialmente, si yo tengo alguna duda, en un momento dado puedo consultarla o ella misma ¿sabes qué? Es que este párrafo no me suena, Aquí como que falta una palabra o Hay que ordenarlo de otra manera. En general trabajamos de manera muy independiente, sabiendo plenamente que podemos confiar el uno en el otro.

AR: Con relación a los mercados fuera de México, ¿de qué trata el intercambio que va a hacer NITRO con Chile para llevar las propuestas mexicanas?

MB: La cuestión es muy sencilla. Son editoriales independientes: una es Ceibo, en Chile, y la otra es Carena, en España. El intercambio consiste en publicar un título de ellos aquí, con los logotipos de ambas editoriales, y ellos publicarán uno de nosotros en sus países.

Portada de Gemelo de sí mismo, de Dauno Tótoro.

Ya arrancamos con Chile: estamos publicando Gemelo de sí mismo de Dauno Tótoro, el director de Ceibo; ellos se interesaron en primera instancia por Apuntes de un escritor malo, que escribí yo. El año que entra saldría Kafka en traje de baño, que ellos conocieron durante la presentación del libro en la Feria de Guadalajara; les gustó mucho, les encantó y, ahora que hay esta posibilidad de intercambio, es el que va a salir allá. Con Carena estamos sacando El olvido de Bruno de Edgar Borges, que ya formaba parte de nuestro catálogo como autor, y ellos sacará a su vez Apuntes de un escritor malo. Ya tendremos que ver cuál es el título que sacarán el año que entra.

Estamos intentando algo así con Argentina y vamos a intentar que sea anual, en la medida de lo posible. Si en algún año no se puede, ni modo. Y si en un momento dado nos conviene cambiar con alguna otra editorial o con algún otro país, también tendremos que hacerlo. Somos una editorial muy chiquita y nos cuesta mucho trabajo sacar más de 10 títulos al año, por ejemplo. Sabemos que cada vez que sacas libros extranjeros, como en este año que vamos a sacar 3, le estamos quitando posibilidades de publicación, digamos, a 3 autores mexicanos. Tenemos que encontrar un modo de regular eso, para que no afecte el número de títulos de autores mexicanos.

Me gustaría agregar una cosa respecto a lo que comentábamos hace un rato de este rollo de las nuevas generaciones de escritores. Yo siento que los autores se sienten menos acojonados de quedar bien con una estructura literaria desde el momento en que esa estructura pierde poder, al momento en que el avance tecnológico permite que tú puedas publicarte un libro en Amazon o, desde mucho antes, publicar tus propias cosas en un blog. Te das cuenta de que no tienes que pedir permiso ni tener la aprobación de nadie.

Empieza a crearse una especie de libertad con respecto a la selección de tus temas y de tus formas. Entonces, el autor se comienza a sentir más libre y mucho menos comprometido con quedar bien con una élite, con un grupo o con ser aceptado por alguien. Menos comprometido con una especie de estructura que antes era muchísimo más visible, poderosa, influyente y determinante para definir quién publica y quién no. Creo que eso nos favoreció muchísimo como editorial, porque te encuentras ya con una camada muy grande de escritores –aquellos que nacieron a principios de los 70– que ya viene con mucha más libertad creativa. De ahí pa’cá, ya tenemos incluso a los nacidos en los 90’s, por ejemplo.

Peor que un encuestador del INEGI.

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