80 años de labor universitaria en la región

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•          Conversatorio con académicos de la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”

BUAP. 23 de junio de 2017.- Con 81 docentes y 468 estudiantes, el Colegio del Estado se transformó en la Universidad de Puebla, en 1937, con una destacada actividad académica y política dentro de sus aulas. La diversidad de  tendencias ideológicas por parte de su comunidad educativa y la reorganización política del periodo posrevolucionario, fueron factores estratégicos que influyeron en su conversión. En dicho tenor, académicos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” (ICSyH) llevaron a cabo un conversatorio, para reflexionar sobre los cambios que ocasionó este hecho histórico.

Durante el último tercio del siglo XIX, el Colegio del Estado no sólo contaba con estudiantes procedentes de regiones aledañas al estado de Puebla, sino que también jóvenes del resto de América Latina. De acuerdo con Elba Rivera Gómez, investigadora de la FFyL, la labor de la institución se centraba en la formación de profesionistas que posteriormente desempeñarían cargos públicos y administrativos, por lo que la enseñanza jugaba un papel crucial en las élites políticas de municipios de Puebla y de estados colindantes.

Dicha influencia se vio reflejada en el estallido de la Revolución Mexicana, ya que -como afirmó Jesús Márquez Carrillo, catedrático participante en el diálogo- los estudiantes intervinieron activamente en ambos bandos de la contienda. Una muestra de ello fue el papel de Manuel L. Márquez, quien sería el primer rector de la universidad: si bien en los inicios de la batalla se opuso a la rebelión, en 1911 se encontraba levantado en armas en la región de Tecamachalco.

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El movimiento revolucionario no únicamente cambió la organización política del Estado mexicano, sino también la concepción y los fines de lo que hoy se conoce como educación superior. Rivera Gómez destacó la tendencia nacional que se vivía en aquel entonces: escuelas llamadas “institutos literarios” fungieron como antesalas de universidades públicas, como el Instituto Literario de Toluca, antecesor de la hoy Universidad Autónoma del Estado de México.

Alrededor de 1880, la Iglesia católica se fortaleció en Puebla  y, a partir de los años 90, comienza a tener una fuerte influencia en la ciudad. Debido a ello, en 1908 se crea la Universidad Católica Angelopolitana, que además de impartir programas educativos relativos a leyes e ingeniería, ofrecía una formación en humanidades con la cual aún no contaba el Colegio del Estado. No obstante, agregó que dicha casa de estudios fue cerrada en 1914 y sus alumnos, profesores, laboratorio y biblioteca, fueron integrados a la institución antecedente de la BUAP.

La inclusión de dicha comunidad educativa, así como la creación en 1921 del Partido Comunista, el cual tuvo una fuerte presencia en Atlixco, resultó en una polarización de ideologías dentro del Colegio del Estado. Entre los estudiantes con tendencia socialista-cardenista se encontraban los hermanos Enrique y Gabriel Aguirre Carrasco, así como Esteban Gómez, quien participó activamente en la transformación de la Universidad de Guadalajara. En la tendencia conservadora, había militantes de asociaciones como la Confederación Nacional de Estudiantes y Acción Revolucionaria Mexicanista.

Con iniciativa del entonces gobernador Maximino Ávila Camacho, el Congreso del Estado expidió el 23 de abril de 1937 la Ley Orgánica de la Universidad de Puebla, con lo que se reconocía a la universidad poblana oficialmente. Si bien durante sus primeros años la institución fue regida bajo un corte conservador, la administración de Horacio Labastida Muñoz, entre los años 1947 y 1950, supuso medidas como la introducción de la filosofía moderna en la educación media superior, impartida por la Universidad de Puebla.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Algún día seré periodista, mientras tanto disfruto lo que hago.

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