Sobre decir “te quiero”

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Por Sofía Abundis Mendívil

Los seres humanos somos bastantes complejos, sobre todo si hablamos de vida afectiva, y es que a veces podemos sentirnos traicionados por dichos sentimientos o creer que nos harán más vulnerables e racionales (pero no es así). La inteligencia emocional, según Goleman (1995), es “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Las personas que son capaces de reconocer sus propios sentimientos, poseen una consciencia de sí mismos que les permite tener mayor claridad de sus emociones y saber cómo manejarlas, dando como resultado individuos más independientes que conocen sus propios límites. De igual poseen una salud mental, que en momentos de conflicto hace que no se obsesionen con dicha problemática, por lo que suelen tener una actitud más positiva.

Hace tiempo en mi clase de francés el profesor nos presentó un video titulado: “Dire je t’aime” (Decir te quiero/te amo), evidentemente cómo recurso de clase, pero la temática que contiene resulta por demás interesante, pese a lo común y simple que podría parecer.

En dicho video, Solagne (Ina Mihalache), una chica quebequés, comienza mencionando que durante su infancia, sus padres le reiteraban cuanto la querían en contraste con una de sus parejas del pasado, quién su madre casi nunca le decía “te quiero”, asumiendo que ya lo sabía y que no era tan relevante de comunicar.

Sin embargo la importancia radica en que nuestros padres son el primer contacto que tenemos con el mundo y nos enseñan gran parte del “cómo amamos” además de nuestras expectativas emocionales en relación a nuestras parejas. De ahí, lo fundamental que puede resultar aprender a decir “te quiero” desde los primeros años; ya que los sentimientos de los padres se convierten en medio y mensaje que nos van construyendo cómo persona y llega a determinar en gran medida cómo interactuamos con los demás.

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Evidentemente, nadie esta inmune ante alguna mala experiencia de pequeño, resultado de un inadecuado manejo de emociones, que desemboca muchas veces en la dificultad de expresarlas, en este caso decir “te quiero”(o “te amo”).

Solagne nos refiere que en ocasiones son las mujeres, quienes les gustarían decirlo y escucharlo, no obstante se quedan inmóviles ante la idea de que su pareja salga huyendo, así que se conforman con lo que esta pueda expresar.

Situaciones similares a esta pueden ser realidad para algunas personas y se debe en parte al significado que se ha ido construyendo alrededor de este “monstruo” (cómo Solagne lo describe) llamado “te quiero”, donde hace alusión a algo comprometedor que puede llegar a aterrar.

Te quiero no quiere decir vivamos juntos 78 años, tengamos hijos, un perro, llevemos un anillo, durmamos en la misma cama para la eternidad y no tienes derecho de hacer nada sin pedírmelo.

Ella nos propone una idea del “te quiero” más espontánea; dónde reconozcamos lo que se siente en el momento y la necesidad de expresarlo, a fin de darle un nuevo significado, “Eres la persona que me hace sentir bien” o “Me alegro de que estés aquí”.

Definitivamente darle una nueva perspectiva a un “te quiero” y expresarla nos hará sentirnos mejor y nos permitirá conocernos de una forma diferente, más positiva; sin dejar de lado el hecho de que podría cambiar el día de alguien.

 


Goleman, D. (1995). La inteligencia emocional. Mexico: Ediciones B http://www.itvalledelguadiana.edu.mx/librosdigitales/maslibros/Goleman%20Daniel%20-20Inteligencia%20Emocional.PDF

 

Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo y escuchando buenas rolas. * De fondo suena 'Two Steps, Twice', de Foals *

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