Especialistas sugieren en la BUAP mecanismos para el desarrollo en América Latina y el Caribe, a través de la educación

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  • La BUAP y el Banco Mundial realizan una serie de paneles en torno a las tendencias en la educación superior y sus implicaciones para la región

 BUAP. 4 de abril de 2017. El camino hacia la superación de las crisis y el desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe pasa por el fortalecimiento de sus sistemas de educación superior y por su necesaria transformación conceptual y operativa, afirmó Ethel Marie Ríos Orlandi, ex rectora de la Universidad de Puerto Rico, durante su participación en el Seminario “Tendencias en la educación superior en el contexto global y sus implicaciones para América Latina y el Caribe”, organizado por la BUAP y el Banco Mundial.

En el panel moderado por Francisco Marmolejo Cervantes, coordinador de Educación Superior del Banco Mundial, participó además Ana García Fanelli, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, de Argentina. Ambas investigadoras se inclinaron por contratos plurianuales para el financiamiento de las universidades e institutos y la interpenetración entre la educación superior y la investigación con agenda propia, como respuesta a lo que debe incorporar la gestión de las instituciones de educación superior para lograr el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.

Durante el citado seminario realizado en el teatro del Complejo Cultural Universitario, expusieron algunos logros y desafíos, así como estrategias y políticas públicas emprendidas por gobiernos y autoridades universitarias, para actualizar el papel de las instituciones de educación superior en el desarrollo global y de sus regiones.

García Fanelli sostuvo que la regulación de la calidad y el financiamiento son políticas que cambian la gobernanza universitaria, ya que condicionan la gestión de las instituciones. Hoy predominan mecanismos de financiamiento basados en ciertas fórmulas que determinan el presupuesto en función del pasado, aunque existen casos en países de Europa que se orientan en promesas de cumplimiento –ven al futuro-, como los contratos programa o los contratos plurianuales de desempeño.

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Estos últimos, continuó, al ser acuerdos voluntarios de tres a cinco años de duración entre los gobiernos y las instituciones de educación superior, al basarse en planes de mejoramiento y contar con un periodo de negociación, fomentan el planeamiento estratégico y la diferenciación de misiones institucionales, facilitan el diálogo entre ambas partes y promueven la mejora en el funcionamiento universitario.

Son una herramienta apropiada para la mejora de la gobernanza universitaria, ya que facilita la convergencia de objetivos, fortalece la figura del rector y su liderazgo, apalanca otros recursos y capacidades disponibles y, además, robustece el análisis institucional. Es decir, la producción de información sobre el funcionamiento institucional.

A su vez, Ríos Orlandi destacó que a nivel global ha aumentado la investigación y la aceptación de la ciencia, tecnología e innovación (CTI) como fuerza motriz del desarrollo y con ello la visión mercantilista en las políticas nacionales. Sin embargo, dijo, aún existen dilemas: asentar la buena gobernanza y la ausencia de corrupción, mejorar en educación superior e investigación básica, elegir entre investigación endógena o en función de agendas externas y distribuir equilibradamente los recursos entre ciencia básica y aplicada.

Además, señaló, existen otros retos como obtener un financiamiento adecuado, lograr la colaboración saludable entre los protagonistas de la investigación y el desarrollo, el equilibro entre lo local y lo internacional, y responder qué tipo de conocimientos se deben generar: en función del bien común o para potenciar el comercio.

El camino hacia la superación de las crisis y el desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe pasa por el fortalecimiento de sus sistemas de educación superior y por su necesaria transformación conceptual y operativa. Cada sistema y cada una de sus instituciones tendrán que encontrar la mejor manera de contribuir. Para hacerlo, deberán construir, estratégicamente, una agenda propia.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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