Una palabra que se pierde

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Aunque suena a poesía, en realidad es una reflexión que me vino a la hora de darme cuenta de que casi nadie la usa, o la merece. La palabra en cuestión es sabio, que según el diccionario de Oxford, define como la persona que posee conocimientos amplios y profundos adquiridos mediante el estudio.

Yoda es el ejemplo de lo que la gente entiende ahora por sabio.

Aunque etimológicamente se pide un poco más del sabio, se pide sabor:

No hay que confundir sabio jamás con inteligente, una persona puede ser inteligente, incluso muy inteligente, y en cambio no ser sabia en absoluto porque le faltan la formación, los conocimientos y los posos de larga experiencia adquirida que permiten tantos criterios y actuaciones correctas en el conocimiento y en la vida.

Tal vez por eso es que a los siete sabios de Grecia se les conoce sobre todo por sus aforismos. Déjenme resaltar a un par de ellos:

Nada con exceso, todo con medida.
Solón de Atenas (640 a. C. – 559 a. C.)

En la confianza está el peligro.

Tales de Mileto

Por puro gusto ponemos aquí el Teorema de Tales, por Les Luthiers

Pero recordemos una idea que hemos mencionado en otro lado. En la época de los griegos la ciencia y la filosofía, empezaban apenas, por lo que podemos aceptar, que en ese entonces, la idea de que sabio es: el que sabe todo de todo. No en balde Nietzche estipula:

Otros pueblos tienen santos; los griegos tienen sabios. Se ha dicho con razón que un pueblo queda caracterizado no tanto por sus grandes hombres como más bien por la forma como los reconoce y honra. En otras épocas es el filósofo un caminante accidental y solitario en un medio extremadamente hostil, que o se desliza huraño o se abre paso con sus puños cerrados. Únicamente entre los griegos el filósofo no es un fenómeno accidental…

Se dice que el último sabio de este estilo fue nuestro admirado Julio Verne, quien mostró su sapiencia enciclopédica de la manera más generosa: novelándola e inventando un género literario. No en balde se dice que desde 1979 es el segundo autor más traducido después de Ágatha  Christie.

Poincaré (1854-1812) podría llamarse sabio matemático, ya que fue el último hombre de la historia que sabía todas las matemáticas del mundo de su época. No por nada definió una de las especialidades de la matemática que a mí me gustan más: la topología.

Pero su sabiduría se puede notar en estas frases:

Duda de los datos hasta que los datos no dejen lugar a dudas.

Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras, sino cien pensamientos.

Por otro lado, y aunque se ganaron el apodo como burla, los siete sabios de México fueron importantes, muy importantes en su época.

Como parte de la generación de 1915, siendo todos estudiantes de derecho, llegaron a fundar partidos políticos, fueron gobernadores, ser funcionarios públicos, entre otras actividades: Alberto Vásquez del Mercado; Antonio Castro Leal; Vicente Lombardo Toledano; Alfonso Caso; Teófilo Olea y Leyva; Jesús Moreno Baca; Manuel Gómez Morín.

En esta entrevista los analizan:

Lo que definía a estos hombres era su actitud ante los problemas nacionales, sostiene Krauze. Su intelecto no se quedó en el terreno de las ideas: fue llevado a la práctica siempre con una visión humanística, misma que les fue heredada por el Ateneo de la Juventud, grupo surgido durante el Porfiriato e integrado por pensadores como Antonio Caso, Justo Sierra y Pedro Henríquez Ureña.

Los Siete Sabios le dieron un saber técnico al quehacer republicano. Colaboraron con los hombres en el poder. Al primero que se acercaron fue a Venustiano Carranza. En 1915, los intelectuales no se enfrentaban a una burocracia tan engorrosa como la actual, comenta Matute.

Ahora bien, no falta quien confunde sabio por erudito y seguramente eso eran los siete sabios de México. Recordemos que un erudito es: una persona que tiene erudición, es decir, conocimiento profundo de alguna materia (en especial, relacionada con las humanidades) adquirido mediante el estudio directo de textos y fuentes.

A propósito de fuentes, mira este hermoso documento sobre estos sabios mexicanos: sobretiro de Humanitas.

O como ocurre en este artículo sobre Einstein, le dicen sabio a un especialista: persona que tiene conocimientos profundos en una rama determinada de la ciencia, la técnica o el arte o en un campo determinado de una profesión o actividad.

Conoce a la que dicen es la nueva Einstein

A propósito de esto último, Pedro Lain Entralgo, en un texto complicado, describe etapas del hombre de ciencia a lo largo de la historia, a partir del siglo XIII. Sacerdote de la verdad, creador y redentor, antes del siglo XIX, el sabio buscará mejorar la naturaleza humana hasta la perfección. Pero a partir del siglo XX aparecerá el sabio-deportista y el sabio-mercenario. El segundo término es explícito por sí mismo. Pero el sabio deportista es el científico que arriesga el físico (no realmente) de manera muy visible en cumplimiento de tareas de suma importancia. No son solemnes y no son sacerdotes de la verdad, pero están dedicados a encontrar saberes de una parcela de la realidad con entusiasmo, constancia y vocación.

Finalmente aparecerá el sabio-denunciante moral del cual tenemos a nuestro apreciado Bertrand Russel como gran ejemplo.

Espero no parecer sabiondo con tantos términos. Lo cierto es que esta palabra tan bonita, derivada del gusto, del sabor, se va diluyendo y se pierde y actualmente se usan más dos palabras nacidas de la cultura pop. En Microsiervos explicaron en 2003 lo que es un Nerd y un Geek.

Para Geek pusieron:

Una persona que ha elegido la concentración en vez del conformismo; alguien que persigue la habilidad (especialmente la habilidad técnica) y la imaginación, en vez de la aceptación social de la mayoría. Los geeks habitualmente padecen una versión aguda de neofilia (sentirse atraídos, excitados y complacidos por cualquier cosa «nueva»). La mayor parte de los geeks son hábiles con los ordenadores y entienden la palabra hacker como un término de respeto, pero no todos ellos son hackers. …

Una descripción más completa, aunque algo más larga incluiría a todos los «jugones, apasionados, aficionados a la ciencia ficción, punks, pervertidos, nerds, especies de cualquier subgénero y trekkies». El tipo de personas que no va a las fiestas del colegio, promociones y otros eventos. Y que incluso se sentiría ofendida por la simple sugerencia de que tal vez estuvieran interesados (…)

Una serie para geeks podría ser Black Mirror. En sus inicios la palabra Nerd fue sobre todo despectiva, denostando a un “cerebrito”, o “empollón” como le dicen en España. “Matadito” o de manera más fina “ratón de biblioteca”, siempre sonaba feo. Es ya clásico este video donde una niña le pregunta a Wil Wheaton si en su escuela le llamaban nerd. Él contesta que sí y le da una hermosa explicación de lo que significa y qué hacer ante eso.

Actualmente ambos conceptos se funden, y un ejemplo palpable se visualiza en los personajes de The Big Bang Theory, donde los chicos cumplen ambas definiciones y las chicas solo son nerds, excepto Peny que es una persona normal. Me confieso haber sido nerd, y ser también geek, pero aspiro algún día poder llamarme sabio, aunque sea para mis nietecitos.

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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