Nuevos planetas, nuevos sueños

Redes Sociales

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Después de que los hombres dejaron de inventar dioses comenzaron a inventar la ciencia. Una de las primeras ciencias fue la astronomía.

Un una noche estrellada es muy fácil quedarse extasiado ante la inmensidad del cielo. Como antes no había redes sociales, ni TV, ni siquiera libros, los filósofos tenían mucho que platicar y aprender.

En nuestro continente los mayas no sólo contemplaban el cielo, sino que lo entendieron. Eran capaces de predecir eclipses y tenían calculada de manera muy precisa el avance de los astros en el cielo.

Los griegos lograron algo parecido, como ya platicamos cuando hablamos de la música de las esferas: la tierra, la primera esfera, la luna en la segunda, los planetas conocidos en las demás, y en la última las estrellas impolutas. Pero había detalles en los movimientos celestes que no cuadraban en esta teoría. Las reflexiones al respecto se ven claramente en esta escena del Ágora, donde Hipatia (allá por el siglo IV DC) descubre con pura geometría una forma de explicar estos movimientos.

Esta forma de trabajar, con geometría, y con instrumentos que apenas si superan al ojo humano llegaron a su clímax con Tycho Brahe (1600). Con una biografía tan asombrosa como su nariz de plata, y desde la isla que le reglara el rey, observa y registra minuciosamente los movimientos de los planetas.

 

Kepler, toma estos registros y en la búsqueda de las esferas logra más bien confirmar aquello que veíamos en el video de Hipatía, afirmando, como una ley física, que los planetas se mueven en órbitas elípticas.

Sin embargo no se puede ir más allá, y como una forma de especular acerca de las leyes fuera de la tierra escribe el Sueño, o la astronomía de la luna. En este sueño hace mención y homenaje a Tycho, pero lo que resalta es la descripción de cómo serían los días, las noches y los movimientos de las constelaciones vistos desde allá, y los paisajes, tal como si él hubiera estado ahí. Se suele citar como una de las primeras obras de ciencia ficción.

El telescopio astronómico de Galileo permite mejorar la precisión de las mediciones hasta entonces logradas.

Ahora recuerdo que Bertol Brecht escribió una obra de teatro sobre Galileo. Y hay una película basada en esta obra:

En la serie Juana Inés se puede ver el telescopio de Galileo en el escritorio de Sor Juana (1651, 1693) , y como lo usa para ver al cometa pasar. Se dice que su poema Primero Sueño es el único trabajo que ha hecho por gusto. También en un sueño logra desprenderse de la tierra y viajar por el cosmos. ¿Ya viste la serie del Canal Once?

Así que solo en sueños se puede abandonar la tierra. Bueno, no es cierto, Cyrano de Bergerac, contemporáneo de Sor Juana, habla en su prólogo de botellas de rocío, gansos que elevan a la persona, cohetes voladores y naves que vuelan. El amigo de Cirano edita este libro, El viaje a la luna, como obra póstuma de este espadachín, y gran poeta que tal vez solo conozcamos por la obra de teatro de Edmund Rostand.

Aquí hablan de él en otra obra de teatro.

La matemática evoluciona, y con el cálculo infinitesimal y la gravedad definida por Newton (siglo XVII) se puede describir de mejor manera la mecánica celeste y la forma en cómo se mueven los astros. Se van desarrollando mejores instrumentos y la revolución industrial permite soñar con nuevos mundos a explorar.

Julio Verne (1828,1905) nos permite ir al fondo del mar, al centro de la tierra y, cómo no, a la luna. Pero su sueño es distinto, Verne sueña con máquinas y hechos científicos que le permiten llegar tan lejos como su sobriedad le permite. En ocasiones se discute si realmente Verne escribe Ciencia Ficción o si es un futurólogo solamente.

Con una tecnología sorprendente, Gorge Méliès (1861,1938) nos muestra cómo sería este viaje, con el nuevo invento del cinematógrafo:

Esta epopeya se vuelve realidad en el siglo XX, con la llegada del hombre a la luna en por la misión Apolo 11 en 1969. Pero desde mucho antes la Ciencia Ficción ha descrito viajes a muchos más lugares. No solo ha recorrido el sistema solar, sino toda la galaxia.

Y solo eran sueños.  Sueños que iban siendo avalados por nuevas tecnologías en las formas de trabajo de la astronomía. Ver al cielo desde el espectro de la luz visible ya no solo es de aficionados. Ahora se tiene una gama de observación que barre varias frecuencias del espectro de radiación: rayos X, infrarojo, ondas de radio, microondas entre otras.

Pero ahora tenemos otro golpe de realidad. Hace pocos días se ha dado la noticia de la existencia de una estrella que tiene 7 planetas enanos orbitando a su alrededor. Esta estrella nombrada Trappist1 (Acrónimo en inglés de Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales) se encuentra en la constelación de acuario y tiene tres planetas en la zona habitable.

El  método por cual los descubrieron parece simple: se les detecta al pasar frente a su sol.De tamaño similar a la tierra, el más cercano tarda 1 un día en dar la vuelta al sol y el más lejano 12 días.

La distancia a estos planetas es de 40 años luz, un viaje que con la tecnología actual nos llevaría 300,000 años en lograr. Mucho mas que los 120 de la película Pasajeros.

Y esto nos plantea un nuevo sueño. La tecnología actual de los viajes espaciales de motores químicos y se basa en empujones gravitacionales. Se explica esto bastante bien en la película del marciano.

Ahora lo que debemos lograr es un motor de curvatura, motor warp, que según la NASA es posible, pero con gasto enorme de energía. Cabe resaltar que la base científica de este motor es la teoría del físico mexicano Miguel Alcubierre.

Con un motor de estos se ha calculado llegar a Próxima Centuari en 3 días. Esta estrella se encuentra a 4.25 años luz, claramente llegaríamos a Trapist1 en ¡poco más de tres meses!

En 1833, el Royal Edward logró cruzar el Atlántico empleando el vapor en tres cuartas partes de su recorrido. En ese entonces se hacían 70 días de viaje. Sin embargo, los escépticos eran todavía numerosos en 1836, cuando el escritor y científico irlandés Dionysius Lardner afirmaba que “el viaje directo de un vapor entre Liverpool y Nueva York es tan quimérico como un viaje a la Luna”

¿Será una quimera el llegar a Trapist1?

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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