El problema de la ciencia en estos días.

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Apenas estaba recordando cuando salió la primera película de Scooby Doo. Una de las escenas que más risa me daba era cuando el asesino Mike responde una llamada telefónica y pregunta si está el señor Doo, y alguien más responde “¿Melvin Doo?”, y dice, no, Scooby Doo.

Era una película muy esperada por los fans de la serie, y en una primera vista la imagen de los personajes no era tan apegada a la original, incluso el gran sabueso que es Scooby parecía un poco distinto. Después de que la vi la segunda vez con mi hijo pude apreciarla mejor.

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Uno de los fans de la serie era Carl Sagan, que decía que era tal vez el único programa que valía ver en la televisión. Esto porque es el único en que se plantea una situación y los personajes buscan una explicación racional al fenómeno. Siempre había alguien detrás de la máscara, con una motivación muy clara para asustar a los demás.

Todo lo contrario al Doctor Who, que dice enfáticamente ¡los monstruos existen! y nuestra que detrás de la máscara de un humano malvado se encuentra un extraterrestre que quiere tomar el planeta.

Y sin embargo llega a la conclusión casi la misma forma que en Scooby Doo: usando el método científico, lo cual en pocas palabras significa que hace preguntas y trata de responderlas con los hechos. Hacer experimentos como cuando cocinas algo nuevo. Pero sobre todo hacer ciencia es ver al mundo con ojos de niños y preguntar.

O como en este poema de Silvio:

¿Por qué la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es blancura
que engorda como adelgaza?
¿Por qué una estrella se enlaza
con otra, como un dibujo?
Y ¿por qué el escaramujo
es de la rosa y el mar?
Yo vivo de preguntar:
saber no puede ser lujo…

Escaramujo, Silvio Rodríguez

Pero no basta con preguntar. Una vez que tienes respuestas debes usar tu pensamiento crítico para decidir si son correctas o todavía no responden tus preguntas. Como en niño de “La gallina dijo ¡Eureka!” de Les Luthiers:

Este uso del método científico, y del pensamiento crítico es uno de los grandes problemas de que la ciencia sea aceptada. En un estudio reciente se planteaba que los mexicanos tenemos una pobre preparación en ciencia y tecnología.

De hecho muchos tienen más confianza en los horóscopos que en la ciencia.

El Dr. Antonio Lazcano nos dice algo al respecto.

Y es que es mucho más fácil creer que razonar.

Tal vez eso explique también el poco interés, si no la aversión a las matemáticas. Ahí nada es por creencia, ni siquiera las tablas de multiplicar son ciertas en todos los posibles sistemas numéricos. Pero si te detienes un poco, sin miedo y te adentras en sus conceptos puedes entender de qué estamos hablando e inclusive disfrutarlas. Por ejemplo, la teoría del caos nos indica que si un sistema es sensible a condiciones iniciales puede presentar un comportamiento caótico. Y eso es muy claro en este péndulo doble.

Verás que si das otra oportunidad a la ciencia te divertirás mucho, como los chicos de 31 minutos.

Pero más aún, si sabes de ciencia tendrás otras herramientas para ver la belleza. Eso nos cuenta Richard Feynmann en este video.

Aunque somos optimistas, todavía está el problema de la democracia mal entendida que decía Asimov:

Existe un culto a la ignorancia en los Estados Unidos: siempre lo ha habido. La presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que la democracia significa que mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento.

Los griegos inventaron la democracia, que indica que todos tienen voz en su gobierno, porque sus ciudades eran pequeñas, y así todos sabían más o menos lo mismo, y estaban enterados de los asuntos del pueblo, por lo que su opinión era informada y fundada. Pero en el problema que plantea Asimov, de que cualquiera puede hablar, puede ocurrir que se hable sin decir nada, un ejemplo de este principio lo podemos ver aquí:

Y tristemente tenemos una tradición, de no leer, e inclusive de creer que los libros son peligrosos. Una de las consecuencias del Índex resultó desastrosa para nuestra idiosincrasia, y pongo aquí una cita larga de Joseph Pérez porque me parece importante.

Al prevenir a los fieles en contra de ciertas lecturas peligrosas, se acabó inculcando la desconfianza ante cualquier lectura” y, sobre todo, que la Inquisición “representó un obstáculo importante para el ejercicio del libre examen y del espíritu crítico” ya que “mucho más que la ciencia y la literatura, el humanismo fue el blanco de las sospechas y de la hostilidad de los inquisidores”, porque según ellos “el espíritu crítico conduce a la herejía”. Pérez pone de ejemplo a Fray Antonio de Arce, uno de los jueces del proceso que la Inquisición instruyó contra Fray Luis de León a causa del cual pasó cuatro años en la cárcel, que se jactaba de no saber ni griego, ni hebreo y que afirmaba que los humanistas eran unos seres insolentes y mordaces. “Así fue como se acabó esterilizando la investigación y el pensamiento en la España inquisitorial.

En estos días se hacen cada vez más recortes presupuestales a la investigación científica. Vivimos un momento en que será más difícil hacer ciencia. Sin embargo, los científicos tenemos la responsabilidad (y el placer) de seguir haciendo ciencia a pesar de que las políticas parezcan decir lo contrario. Y tú tienes la oportunidad de aprender a pesar de todo.

Otra vez, como dice Silvio:

Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo.

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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