Las matemáticas salvaron mi vida

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“No, nunca, nadie, ¡jamás!”, exclama Vero, mi alumna de secundaria a la que han aterrorizado con el álgebra de Baldor. Su maestra no ama las matemáticas y les contagia su poco gusto por la materia.

Ya alguna vez me encontré con un maestro que explicaba esta actitud de los docentes:

Esta postura egoísta ha perjudicado mucho a mucha gente y durante mucho tiempo.

“Además, las matemáticas no tienen que ver con la vida real, con el amor”, insiste Vero, que voltea a ver a un compañero de la otra fila.

“Oh, ¡claro que hay historias románticas!, y relacionadas con el amor” Contesto. Y se me viene a la mente…

El problema del final feliz

Ya antes les he hablado de Erdös, pero no les conté que tenía dos amigos químicos, estos amigos eran Esther Klein y George Szekeres , y se conocieron cuando se hacían las sesiones de estudio. Un día ella propuso un problema que ella misma resolvió, pero planteó el problema general. Este problema les llamó poderosamente la atención, al grado de estudiarlo y publicar un artículo entre los tres. Más tarde George  y Esther se casaron y a ese problema se le llamó el problema del final feliz. Me gusta pensar que no solo porque se casaron, sino que se pudieron salvar del holocausto (ellos eran judíos) gracias a los amigos que los conocieron por dicho teorema. Su matrimonio duró 70 años, y murieron juntos, con una hora de diferencia.

 

¿Y esas historias siempre tienen final feliz? Pregunta que surgió de inmediato. Bueno, no siempre.

La pareja suicida

Una buena forma de definir los fractales es “un objeto es fractal si su métrica de Hausdorff no es entera”. Esta métrica es muy interesante y le sirvió a Barnsley para patentar un teorema en lo que se llamaría finalmente el formato fpg. Pero esa es otra historia.

Lo que interesa decir aquí es que Hausdorff no se pudo librar del acoso por ser judío. A tal grado que él y su esposa se suicidaron tomando una sobredosis de veronal, como nos cuentan en Gaussianos.

Bueno, no todas las historias son tan trágicas como esta, que parece sacada del libro de Las mil y una noches.

 

La bella Lilavhati

Esta era una bella princesa que debía casarse. Para no tener malos augurios preguntaron a un mago. ¿Cómo debería ser su casamiento? Y éste les respondió que debía casarse a la hora exacta para que su nombre fuera conocido por todos. La pequeña estaba muy nerviosa y veía el reloj a cada momento. Cabe decir que en esos tiempos el reloj eran dos vasijas, una con pequeño hueco por donde fluía el agua que caía en la otra. En una de esas veces que Lila se agacha a ver cuánta agua queda pierde una de sus perlas, que obstruye el hueco, con lo que se equivoca en la hora y ya no se casa.

Pero su padre le dice: “Pequeña. Si no eres recordada por una boda serás recordada por la eternidad de otro modo” por lo que mandó a sus matemáticos y poetas escribir un poema con Lila como protagonista. Un ejemplo de lo que puedes ver en ese poema es este.

¿Hay una historia donde realmente salve la vida alguien? Preguntan los compañeros de Vero, que no quieren escuchar historias románticas.  Y les contesto que sí, que de hecho recuerdo dos.

Las potencias enésimas salvaron su vida

Se cuenta la historia de un joven enamorado Paul Wolfskehl, que no era correspondido. Después del último rechazo decide quitarse la vida, y como era una persona metódica definió la hora de su muerte y unas horas antes empezó a escribir su testamento.  Pero terminó varias horas antes, y para mantener su palabra de morir en la hora marcada decidió hacer algo útil mientras tanto. Una de sus pasiones era la teoría de números, y recordó que Kummer acababa de escribir algo acerca del Último Teorema de Fermat. Durante la lectura se dio cuenta que había un error en el texto, así que sacó lápiz y papel y empezó a buscar como corregirlo.

Sin darse cuenta la hora de su muerte pasó, y pasaron muchas horas más durante las cuales recordó lo mucho que le gustaban las matemáticas. Así que al amanecer decidió que no valía la pena quitarse la vida por una mujer y como agradecimiento fundó un premio para aquel que lograra demostrar este teorema.

Este premio en efectivo se estableció en 1908 y tenía como límite septiembre de 2007, y con un monto de un millón de libras. En 1997 Andrew Wiles se hizo acreedor al premio, aquí puedes apreciar el artículo con el que se ganó el premio.

 

Las potencias de x salvaron mi vida

Igor Yevgenyevich Tamm es el protagonista de nuestra segunda historia. Este premio nobel cuenta:

Había estallado la Revolución de Octubre (el 25 de octubre de 1917 según el Calendario Juliano, que se encontraba aún en uso en Rusia en esa época; 7 de noviembre según el Calendario Gregoriano, adoptado a partir de 1918), y lo detuvieron unos milicianos cerca de Odessa, donde se hallaba buscando comida. Le tomaron por un agitador antiucraniano, pero decidieron no matarlo y llevarlo ante su jefe. Éste le preguntó a qué se dedicaba. Tamm respondió que era matemático. El jefe de los milicianos le dijo que lo demostrara:

“Calcúlame el error cometido al aproximar una función arbitraria por un polinomio de Taylor de n términos. Si lo haces bien, te dejo ir. Si no lo sabes hacer, te fusilamos”.

Tamm, tembloroso, dibujó con su dedo sobre la arena el desarrollo de la fórmula. Su vida dependía de ello. Al acabar, el jefe guerrillero le echó un vistazo y ordenó que lo soltaran.

Nunca llegó a averiguar quién era aquel jefe de guerrilleros con conocimientos matemáticos.

https://wikimedia.org/api/rest_v1/media/math/render/svg/8db364848b7df6ab826ab9f307aa8e87f9cc5d24

 

 

 

 

 

 

¡Pero eso ha pasado hace mucho tiempo! Reniegan los compañeros de Vero. A que no conoce a nadie que pueda decir algo como lo que nos contó.

 

Sonrío. Tengo una historia romántica y de salvación al mismo tiempo. Estoy cumpliendo cincuenta años. Saben, a los veintitantos me sentía deprimido y creía que me suicidaría a los treinta. Es difícil a veces vivir cuando estás solo y no encuentras sentido a la vida. Pero conocí a la que hoy es mi esposa. Sabía que era especial, por eso le mandé este mensaje “te entrego mi r=1-cos(teta)” Ella se puso a graficar ese cardiode, y al ver lo que dibujaba me dijo que tenía el suyo también. Al igual que Wolfskehl no me di cuenta cuando pasó mi cumpleaños número treinta, tan feliz que era con Claudia, y sigo siéndolo hasta ahora y creo que lo seguiré siendo siempre.

 

Puedo entonces decir que también las matemáticas salvaron mi vida.  Por eso siempre recuerdo las palabras de Renyi:

 

Si estoy feliz hago matemáticas, si estoy triste hago matemáticas

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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