“Hay que tener una visión crítica de la lingüística”: entrevista a Julio César Serrano Morales.

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Doctor Julio César Serrano Morales en la conferencia “Reflejos del cambio lingüístico en el cine. El caso del español de la Ciudad de México”.

Como parte del Primer Ciclo de Conferencias: La Lingüística Actual, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), el doctor Julio César Serrano Morales, presidente de la Asociación de Lingüística Aplicada (AMLA), visitó la BUAP e impartió la ponencia titulada “Reflejos del cambio lingüístico en el cine. El caso del español de la Ciudad de México”. Durante su charla, el experto expuso cambios fonéticos y léxicos que ha sufrido el español de la capital del país, atestiguado en dos cintas: Los Caifanes (1967) y Amarte duele (2002).

Dicha ponencia fue la última del ciclo rescatado por las docentes del área de lingüística Eréndira Cervantes Carreto, Karina Fascinetto Zago, Velia Torres Corona y coordinado por la maestra Miriam Mancilla Amaro. Las charlas anteriores estuvieron a cargo de investigadores en materia de lengua de señas mexicana y la variante del zapoteco de San Pablo Güilá, Oaxaca. Así, estas conferencias buscan crear vínculos entre la comunidad estudiantil de la BUAP con especialistas destacados en materia de lingüística a nivel nacional.

El doctor Julio César Serrano Morales es originario del estado de Sonora. Egresó de la Licenciatura en Lingüística, por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Posteriormente, realizó estudios de posgrado en lingüística, tanto de maestría como doctorado, en El Colegio de México. Laboró durante 9 años en la Dirección General de Educación Indígena, de la Secretaría de Educación Pública, y desde el 2007 es académico de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. A continuación se presenta una entrevista que tuvo a bien en conceder, realizada el 26 de noviembre de 2016 tras su charla en la FFyL-BUAP.

Alan Robles: ¿Por qué decidió dedicarse a la lingüística? ¿Por qué estudiar la licenciatura en lingüística en la ENAH?

Julio César Serrano Morales: Creo que todos tenemos algo de músico, poeta y loco. A mí me interesaba mucho estudiar música. También me interesaban los idiomas; sentía que tenía cierta facilidad para pronunciar el inglés. Nunca llevé clases de inglés fuera de la secundaria y la prepa, lo que te dan en la escuela pública –que no era gran cosa–, pero me animaron, eran buenos maestros de inglés.

Me gustaba mucho la música en inglés. Al menos en la época en que crecí en Sonora había mucho apasionamiento; siempre había estaciones de radio en inglés. Que, bueno, no es que sea raro en México, siempre ha habido, pero como que allá había más estaciones y estabas escuchando pop, heavy metal y todo eso. Fue por la música que me acerqué al inglés, porque quería saberme lo que decían las letras y poderlas cantar bien.

Es muy interesante cómo un hoobie, una afición, te lleva a algo lingüístico, en este caso. Yo veía las letras o las conseguía en revista. Estamos hablando de los 80’s, realmente no había internet: tenías que conseguir revistas especializadas en rock. Si te gustaba Iron Maiden, tenías que buscar o que tu amigo tuviera una revista –había una revista que se llamaba Toca Rock, otra Conecte–. Había revistas de rock donde estaban letras y ponían su traducción.

Cuando llegué a D.F. porque me invitó un tío que vivía ahí, mi tío Servando, busqué escuelas donde pudiera aprender idiomas o algo así. Vi que la Facultad de Filosofía y Letras tiene Letras Modernas, inglés, francés, alemán… te vas especializando, pero no me terminaba de convencer. Interesarme en un solo idioma se me hacía extraño. Un amigo me llevó a la ENAH y ahí dijeron en una conferencia que la lingüística en realidad trata de encontrar patrones generales de todas las lenguas del mundo e, idealmente, cuando uno egresa de la licenciatura, debería poder analizar cualquier lengua aunque no la hable. Si te pones a pensar, es impresionante. Qué herramientas tiene la lingüística que me permitirían entender cualquier lengua. Eso me fascinó y por eso es que entré a lingüística.

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AR: ¿Cómo fue su experiencia docente en la Dirección General de Educación Indígena (DGEI) de la SEP?

JCSM: La educación indígena es una tarea muy necesaria. Uno en el centro –yo estaba en las oficinas centrales de la Dirección General de Educación Indígena- hace su mejor esfuerzo para hacer buenos talleres. Lo que estábamos haciendo eran talleres de adquisición de la lengua materna, lectoescritura bilingüe y oralidad en lengua materna porque, para pasar a la lectoescritura, se sugiere que haya ciertas prácticas pedagógicas que fomenten la oralidad, que el niño recupere algo que ya tiene de entrada en el seno familiar y la vida cotidiana (plática, hacer narraciones, argumentaciones… diferentes tipos de textos orales) y luego empezar a escribir.

Trabajábamos en colaboración con Conafe [Consejo Nacional de Fomento Educativo] y hacíamos talleres de educación intercultural bilingüe. Era interesante el trabajo, pero en el centro queda planeado muy bien y tienes mucho tiempo para dar esos talleres –los hacíamos de 40 horas en una semana–, pero cuando comienzan a llegar a zonas de supervisión, a los estados, y tienen que llevar esas capacitaciones magisteriales a los profesores frente a grupo, empieza a disminuir el número de horas que se dedica a los talleres, a compactar contenidos y terminan siendo versiones muy esquemáticas de talleres que en verdad eran algo complejos. No digo que fueran perfectos, para nada; incluso la perspectiva podía ser criticable, pero claro que era una capacitación pensada en un auditorio que va a tener mucho tiempo para reflexionar sobre eso y el maestro frente a grupo muchas veces no tiene tiempo para capacitarse y cumplir con todas las tareas burocráticas

Es una tarea enorme. ¿Cómo dotas de un corpus escrito a todas estas lenguas? ¿Cómo organizas a los hablantes para que te ayuden hacerlo? Hay muy pocos lingüistas involucrados en el asunto, hay hablantes con cierta formación en lingüística, pero nunca es suficiente. Necesitas equipos más amplios de personas trabajando en estos materiales para educación indígena y hay equipos relativamente reducidos. Los materiales llegan a las comunidades y las comunidades dicen es que éste no es de mi dialecto, no corresponde a mi variedad, y los rechazan.

Ese es otro problema: en educación indígena, el docente indígena pide muchos materiales, pero en la práctica puede ir quitando materiales, aunque no esté sancionado. Si tú tienes interés en que los niños se eduquen, vas a encontrar los recursos; obviamente deberían estar bien orientados esos recursos, asesorados… son tareas muy complejas.

En educación indígena, la única que funciona es la que hacen los pueblos, o sea, que surge en la comunidad. Los proyectos autogestionados son los únicos proyectos que funcionan.

AR: ¿En qué años estuvo trabajando en la DGIE?

JCSM: Desde 1998 hasta 2007. En el inter estuve 3 años haciendo un doctorado, pero igual tuve que ir. En forma, estuve 6 años ahí. Tuve la oportunidad de irme a un montón de regiones indígenas y darme cuenta de primera mano de lo que estaba ocurriendo: no se están usando los materiales, los maestros en pocas ocasiones les hablan o fomentan la lengua indígena a los niños.

Ahora, ojo: muchas comunidades  tampoco quieren que les enseñen en lengua indígena a los niños. El modelo intercultural le indica al maestro que tiene que hablar primero en la lengua materna, fomentar la oralidad de los alumnos, alfabetizarlos en esa lengua, preferentemente, y pasar al español, también oralmente y luego trasladar esas habilidades de lectoescritura al español. Se busca lograr un niño bilingüe equilibrado. Pero los papás dicen no, no, no, yo mando a mi hijo para que aprenda español. Para que hable en lengua indígena, ¿para qué, si ya la habla en la casa? Los hablantes así razonan y, bueno, ni modo que no les des la razón.

Desafortunadamente, el sistema no les permite salir adelante hablando sólo una lengua indígena. Una salida viable es el bilingüismo (español y lengua indígena), pero tampoco lo quieren aceptar muchos hablantes porque creen que el bilingüismo los vuelve deficientes, creen que no van a aprender bien ni la lengua indígena ni el español, que es falso. Un niño puede hacerse bilingüe “de nacimiento”, digamos, y no va a tener conflictos en su vida adulta. Claro que hay interferencias de las dos lenguas en un periodo de la adquisición y el niño se confunde, pero en un momento se superan esas interferencias y tienes un ser humano que se maneja muy bien en dos entornos lingüísticos y culturales distintos. Tiene ventajas sociocognitivas importantísimas el bilingüismo. Hay estudios sobre sus ventajas a nivel cognitivo; sin embargo, no es una idea que puedas compartir y sea fácilmente aceptada por las comunidades. Para ellas, si los niños hablan la lengua indígena, van a “contaminar” o hacer menos “puro” el español que aprenden.

Así, el profesor está entre un modelo educativo que le pide bilingüismo e interculturalidad y una comunidad que le exige monolingüismo en español. Aunque el maestro sea muy bien intencionado y el sistema le diga que lo tiene que hacer así, no lo va a hacer: va a terminar dando las clases y el contenido en español.

AR: Finalmente, la comunidad es quien decide…

JCSM: Sí, esa es la cuestión. Las comunidades son las que toman las decisiones. A nosotros como lingüistas nos entristece que se vayan perdiendo las lenguas, pero hay que tomar en cuenta los factores macroestructurales e ideológicos. Es cierto que si llega un chavo acá y no habla ni jota de español, va a batallar mucho para salir adelante. Y, ¿qué es lo que pasa? En su comunidad no tiene las oportunidades para sobrevivir: ese es el problema. Es un problema estructural: si las comunidades indígenas tuvieran oportunidades para poder sobrevivir sembrando, si tuvieran apoyo y agua, servicios básicos, a lo mejor no estarían perdiéndose las lenguas. Muchas comunidades indígenas son de migrantes y tienen que venir a las ciudades grandes donde el monolingüismo en español reina. No les dejas opción. El problema de la migración es ese, que la gente no puede salir adelante en su región, tiene que salir de ahí y vienen los problemas.

AR: ¿En qué estado se encuentra actualmente el proyecto  de rescate de los archivos sonoros del Centro de Lingüística Hispánica “Juan M. Lope Blanch”, emprendido tras su colaboración en la DGEI?

JCSM: La digitalización de todos los materiales, el paso de la cinta analógica hacia digital, se completó ya hace años. Llevó 3 años hacerlo; eran alrededor de 600 cintas de duración variable: muchas de ellas de media hora, otras de una hora. Tenemos en total 550 horas de grabación y más de 800 informantes.

En cuanto a la transcripción, que es el otro paso –ya tienes digitalizado el audio, pero la gente quiere el corpus escrito– es mucho más tardada. Un transcriptor experto se lleva más o menos 10 minutos en transcribir un minuto de grabación. Te podrás imaginar que ha tardado el proceso. Se han publicado transcripciones con un sistema actualizado, que es el de PRESEEA [Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y de América] y, adaptado un poco con el Corpus Sociolingüístico de la Ciudad de México, de ahí tomamos la base para las adaptaciones que hicimos nosotros.

Están publicadas en internet 24 transcripciones de norma culta y espero a fin de este año ya subir 36 entrevistas de habla popular transcritas con ese sistema. La mayoría son hablantes mayores, porque lo que buscábamos era profundidad temporal –algunas personas mayores de los años 60 nacieron en el siglo XIX–. Yo les comenté a mis colegas, en la comisión de materiales del Centro de Lingüística Hispánica, que era importante comenzar primero con las personas mayores y estuvieron de acuerdo. De esas 36 entrevistas estamos en las revisiones: además de la transcripción –que ya está muy revisada por el transcriptor original–, necesitas al menos 3 revisiones que las hagan personas distintas. Las 24 entrevistas de norma culta que tenemos ya montadas tienen 3 revisiones; ahora vamos hacia la segunda revisión de los materiales de habla popular. Espero que en enero ya estén subidos los materiales y se va a continuar con la transcripción. Lo que hay que lograr es un núcleo base de aproximadamente 100 entrevistas de habla popular y 100 de norma culta, vamos como un 30% de la meta.

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AR: De acuerdo con su experiencia en el ámbito académico, ¿cuáles considera que son los nuevos campos interdisciplinares en que se desarrollan los estudios lingüísticos?

JCSM: Está cobrando mucha fuerza la lingüística forense. Reconocimiento de voz, minería lingüística… en general lo que es lingüística judicial: análisis del discurso, identificación de autorías; obviamente el área de aplicación, de enseñanza de segundas lenguas, esa nunca se va a detener. La lingüística general –lo que comentaba en la conferencia– tiene un giro fuertemente empírico: se va a exigir cada vez más que trabajes con datos levantados en el campo, ya no con datos de introspección o experimentales.

En general se sugiere un proceso de documentación que trate de dar cuenta de todos los formatos posibles de lengua (lengua de la vida cotidiana, lengua ritualizada, lengua en medios masivos, lengua escrita, lengua tecleada, lengua oral…) para que sea justamente nuestro ímpetu a futuro, para que nosotros como lingüistas podamos trabajar con esos materiales. Pero sí hay un giro hacia la complejidad también. Ya se ven los procesos de cambio lingüístico vinculados con los procesos de adquisición lingüística y, en medio de todo esto, la variación lingüística y la percepción. Hay expertos, como Croft, que están proponiendo esto, una visión más integral del lenguaje, pero partiendo de datos, de corpus, de medición de la frecuencia de uso.

La perspectiva base –yo creo– es de tipo cognitivista. Ya los formalismos pueden ser –para mí– distintos, pero de que hay un giro hacia el empirismo y la complejidad, es claro. Hacia allá vamos, hacia la multidisciplina. Chomsky ya tiene años colaborando, en su programa Biolinguistics, con antropólogos, paleoantropólogos, genetistas, expertos en computación, en modelos computacionales de evolución, psicólogos, psicolingüistas y neurólogos, entre otros, para entender la complejidad del lenguaje humano     .

Necesidades es otra cuestión. Digamos, que se esté dando ese giro a la complejidad –o que hacia allá vamos, idealmente– es una cuestión, pero qué prioridades de investigación hay, yo creo que es otra cuestión. Por ejemplo, en México siempre va a ser una prioridad de investigación la descripción de las lenguas indígenas: no tenemos descripciones completas de ninguna lengua… bueno, de ninguna lengua del mundo. El español tiene más 500 años con una gramática completa, que fue la de Nebrija. Tenemos 500 años analizando el español y lo seguimos estudiando. ¿Te imaginas qué pasa con las lenguas indígenas, que casi no tienen descripción? La que tiene más material seguramente es el náhuatl, pero no hay descripciones completas de muchas de sus variedades.

De todas maneras, muchas descripciones se levantaron en los años 50 o algunas son coloniales… ¿cómo se hacen las gramáticas descriptivas ahora? Con otras herramientas. Una gramática que se levantó en los años 50 va a presentar un estado de la lengua muy particular; los procesos de contacto con el español se han intensificado muchísimo en los últimos 40 años. Seguramente vas a ver lenguas muy cambiadas, muy transformadas.

Eso es prioridad. También una mejor integración de la lingüística con la educación, en general. En educación básica, los niños están presentando peores resultados que hace treinta años en las pruebas estandarizadas. La misma enseñanza del español en México es un problema que hay que abordar.

AR: En relación con esto, durante su administración como presidente de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada (AMLA), ¿cuál considera que es el estado de la investigación lingüística en nuestro país?

JCSM: Hay áreas que no han crecido, han estado estancadas 20 años, 30. Por ejemplo, en lingüística computacional, sí hay algunos unos focos: el doctor Gerardo Sierra, de la UNAM, el doctor Carlos Méndez –que ahora ya se fue a Morelos- y gente vinculada con el doctor Sierra. No puedo decirte que sean los únicos, pero si ves la bibliografía que hay respecto a lingüística computacional en México, son muy pocos trabajos respecto a las demás áreas. La línea es plana en los últimos 30 años, no ha crecido.

Creo que urge incentivarla. Lo que pasa es que es complicada la lingüística computacional: necesitas formación dura en ingeniería y programación y también una dura formación lingüística. Tampoco es que sea fácil y quizá eso explique la falta de personal en esa área. Los estudios de adquisición de lenguaje tampoco han crecido tanto. Siempre voy a decirte lo de lenguas indígenas: nunca va a ser suficiente lo que se haga.  Yo creo que, más o menos, eso: computacional, adquisición… análisis del discurso tuvo un auge en los 90, pero se ha estabilizado.

Hay varias áreas que necesitan crecer, pero otras han aumentado impresionantemente: los estudios fonológicos de lenguas indígenas, sintaxis en general, el estudio del español mexicano… sobre todo las que se dirigen al sistema, entendido como fonética-fonología, morfología, sintaxis, semántica… pragmática, quizá. Por ejemplo, pragmática es otra área que, de hecho, va de bajada; no hay estudios de pragmática. Hablando del Lingmex, la bibliografía lingüística de México, coordinada por la doctora Rebecca Barriga, en el Colmex, y que tiene toda la bibliografía desde el año 80, hice ese análisis: hay áreas que no han crecido, que incluso han bajado, y otras que van aumentando.

Los de sociolingüística han aumentado; hay más interés por lo social, pero hay algunos focos rojos. Para mí, lo computacional, lo forense –que todavía no está ni siquiera clasificado, es muy incipiente- debería crecer. También la lingüística aplicada, segundas lenguas, lengua materna…

AR: Tocando esta parte del enfoque social que se le está dando a los estudios lingüísticos, ¿usted cree que estas investigaciones pueden aportar a cuestiones como violencia de género y discriminación, por ejemplo?

JCSM: Nosotros como lingüistas tenemos la responsabilidad de ir acabando con prejuicios, por ejemplo. Es parte de nuestras tareas. Si tú eres lingüista y escuchas a alguien que diga Ah, es que ese habla dialecto, dices No, no se dice dialecto, se dice ‘lenguas’. No es el dialecto mixteco, es la lengua mixteca. Y explicarle: todos hablamos un dialecto particular de una lengua. Tienes que hacerlo, tienes que explicar. Ese es el principio de corrección del error, de William Labov.

Desde esa tarea tan sencilla, como corregir a tu tío, tu primo, tu hermano, tu mamá, tu papá… desde ahí podemos contribuir, en aclarar y erradicar prejuicios, sobre todo contra lenguas “minorizadas”, les voy a decir -no minoritarias, la gente las hace menos-. Es que no tienen gramática: no es cierto, claro que tienen gramática y son muy complejas también.

Hay que involucrarnos más con la sociedad y es quizá donde más hemos fallado, yo me incluyo. No estamos escribiendo para la gente, no estamos vinculándonos. Sí hay colegas haciendo aplicaciones de la lingüística, o lingüística aplicada. Muchos colegas en lenguas indígenas ven que hay necesidades más importantes que contar con una descripción de la sintaxis de tal tipo de verbos o la fonología del sistema tonal de esta lengua, sino que dicen Oye, es que la gente me está pidiendo un diccionario, por ejemplo. Se están involucrando estos lingüistas, que no eran lexicógrafos o no hacían gramáticas prácticas ni diseñaban alfabetos prácticos, pero lo están haciendo ahora.

Nosotros como lingüistas tenemos la responsabilidad de ir acabando con prejuicios.

Claro que podemos contribuir. Algo que debemos hacer también como científicos de la lengua es ir a foros que no sean de lingüistas, porque somos muy endogámicos: sólo vamos a congresos de nuestra especialidad, en general. Si quieres tener un impacto en educación, vete a un foro en educación, inscríbete a la sección de lengua y, si ves que alguien tiene una idea errónea sobre el lenguaje, tienes que intervenir.

Tenemos que ayudarnos entre todos porque cada disciplina tiene sus aparatos conceptuales y sus métodos, pero no suelen dialogar. Por ejemplo, la lingüística aplicada y la sociolingüística –que lo investigué recientemente en un ensayo- no están dialogando y deberían hacerlo, porque tienen muchos puntos en común. Si tú ves manuales de sociolingüística y manuales de lingüística aplicada, siempre hay una sección de bilingüismo y educación, en los dos, pero los autores y las perspectivas no son las mismas. Unos vienen de la lingüística aplicada, de la enseñanza de idiomas o de entender mejor la esencia de una lengua materna y los sociolingüistas venimos de la dialectología, la lingüística histórica, la antropología o la sociología.

Los aparatos conceptuales y los métodos no son los mismos y no estamos dialogando. Deberíamos empezar a hacer eso. Como lingüistas, irnos a foros distintos a los de nuestra especialidad para contribuir más, aparecer en radio y televisión, cuando sea necesario, pronunciarnos cuando hay algún evento o legislación que va en detrimento de la diversidad lingüística, por ejemplo. Tendríamos que participar de manera, como dicen ahora, proactiva.

El conocimiento que se genera en lingüística por supuesto que tiene una utilidad. Me dicen ¿Y para qué sirve?  Y siempre les digo Pues para decirte que el ser humano es muy distinto, muy diverso, y que debes entender que así va a ser siempre. Tenemos que convivir con eso, con esa diversidad; no aplastarla, anularla. Algo tan esencial como eso. Uno aprende lingüística viendo cientos de lenguas distintas.

AR: Finalmente, me gustaría preguntarle: a 100 años de la publicación del Curso de Lingüística General, ¿cuáles considera que son los principales avances que ha tenido la lingüística y cuáles los retos más representativos que aún le faltan por sortear?

JCSM: Hubo muchos. Fue un giro impresionante el saussuriano. Al poner la descripción sincrónica en el centro del asunto, obligó a todos a mirar lo que estaba ocurriendo en las lenguas manifestadas en su oralidad. Ese fue un gran salto. Antes de Saussure, en la práctica gramatical descriptiva, por ejemplo, cuando la América colonizada, los españoles tenían que hacer gramáticas de varias lenguas, pero gramáticas con una base latina, totalmente. Buscaban el caso en lenguas que no contaban con un caso morfológico, que tenían otra estructura. Era muy limitante, en este sentido. Obviamente, ¿a qué hora? El misionero con trabajo estaba aprendiendo la lengua y aparte tenía que hacer una descripción (y la hacían muy bien muchos de ellos).

Fuera de esa tradición gramatical, no había un aparato conceptual para una ciencia del lenguaje humano. Por supuesto que hay precedentes a Saussure, pero él es el que aclara todo, le da un objeto de estudio y cuáles son las unidades, sus relaciones, etcétera. Yo creo que el gran logro fue ese: poner la oralidad en el centro de la lingüística y la sincronía. Lo que estaban haciendo en el siglo XIX era diacronía. Cuando se descubre el sánscrito, inicia la lingüística comparada y la lingüística histórica (bueno, el sánscrito lo descubren en occidente  a finales del siglo XVIII).

¿Qué es lo que estaban estudiando? Es una sobregeneralización, pero básicamente eran lenguas escritas. El pasado de las lenguas y cómo fue evolucionando. Por supuesto que hay mucho avance conceptual, pero no se estaban analizando las lenguas vivas y, sobretodo, las lenguas que no contaban con escritura. En Estados Unidos, detectaron la urgencia de hacer esa descripción porque se estaban muriendo las lenguas. Edward Sapir, Franz Boas, Leonard Bloomflied, Kenneth Pike, el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) decían es que hay que describir todas estas lenguas porque van a desaparecer. Claro, el ILV es otra historia; ellos tenían fines religiosos, pero también México le debe mucho al ILV. Las primeras descripciones de muchas lenguas son del ILV.

Había una urgencia de describir estas lenguas que estaban desapareciendo, aunque a Saussure no se le reconocía tanto en América. Su impacto es básicamente europeo, esa es mi visión. Hjelmslev con su glosemática, el Círculo de Praga… todos van a tener inspiración sausseriana. El impacto de Saussure en la antropología es evidente con Claude Lévi-Strauss. La cuestión del binarismo, donde todos los modelos se definen en oposición; la oposición como principio básico para definir las unidades del sistema… estas ideas son saussurianas.

Hay que tener una visión crítica de la lingüística, de lo que hacemos y de cómo nos involucramos con lo social

En Estados Unidos, el descriptivismo americano tenía base conductista. Leonard Bloomfield tiene una visión conductista del lenguaje. Sapir, por su lado, tenía una visión más antropológica. Eran desarrollos algo distintos en paralelo. Para mí, es el gran maestro Ferdinand de Saussure. Lo que quizá no terminó de cuajar es la idea de que las lenguas son sistemas inmanentes y autocontenidos; eso no estoy seguro de que haya impactado. Yo siento que todavía se sigue haciendo lingüística en la que buscas categorías, como lo decía ahorita de la gramática latina que buscaba una estructura de caso morfológico donde no había. Siento que se está haciendo lingüística que busca esas categorías universales en las lenguas particulares.

La perspectiva saussuriana estricta era a ver, olvídate de todas tus categorías, no sabes cómo es. Este sistema es autocontenido y se va a explicar en sí mismo. La lengua te va a decir cuáles son sus categorías y cuáles son sus clases de palabras léxicas y gramaticales. Te lo va a decir la lengua, no llegues con prejuicios, pues. Hay un trabajo muy interesante de Lazard, The case for pure linguistics, que en español sería A favor de la lingüística pura. Para él, la lingüística pura es esa, la que llega sin ningún apriorismo, en términos de categorías y relaciones, a cualquier lengua no conocida y trata de entender su sistema.

Pero bueno, es un punto de vista. Yo estoy de acuerdo con esa visión, deberías llegar de forma inocente a las lenguas, por decirlo así: no prejuiciada, sin apriorismos, y tratar de entender cuáles son las relaciones entre los componentes del sistema, sus unidades, sus clases, categorías léxicas y gramaticales. Ahora bien: la descripción totalmente pura no existe, debes tener un aparato detrás. También es ingenuo creer que llegas sin ningún tipo de esquema detrás.

AR: ¿Algo más que usted desee agregar?

JCSM: Hay que tener una visión crítica de la lingüística, de lo que hacemos y de cómo nos involucramos con lo social. Es algo que tenemos que aprender, bajarnos de nuestra torre de marfil y empezar a hablarle a la gente, a los no lingüistas, los no especialistas, para justificarnos también en un mundo dominado por pragmatismo donde todo tiene que servir para algo. Yo no estoy de acuerdo con esa visión de la ciencia, del conocimiento, pero desafortunadamente es la realidad que impera en las políticas educativas de casi cualquier país.

No podemos ser insensibles ante eso. Creo que estamos viviendo en una torre de marfil donde vemos desde arriba el asunto y no hemos bajado. Va a servirnos para que nos acerquemos a la gente y contribuyamos a una sociedad que nos mantiene. A mí, por ejemplo, que trabajo en una universidad pública, me mantiene el Estado Mexicano, constituido por todos los ciudadanos que andamos acá y pagamos impuestos. Yo le debo a México mi existencia. ¿Por qué no voy a hacer trabajo que beneficie a la gente que lo habita? Y no sólo a tres o cuatro colegas que les interesa ese tema. Yo siento eso, que muchas veces le estamos hablando a tres colegas, nada más.

La Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada es muy noble: empezó como una instancia para integrar a los lingüistas que estaban aislados. Fue un pretexto para juntarse y decir oye, ¿qué estás haciendo? Ahora ya se superó esa etapa en la que nadie se conocía, ya se conocen, tenemos un congreso internacional, una revista.

Es una asociación sin fines de lucro, sólo vive de cuotas de los miembros. No tenemos inyecciones presupuestales de ninguna otra identidad. Entonces, tampoco es fácil hacer trabajo con presupuesto tan limitado. Luego tendremos que ver cómo la asociación puede hacerse de más recursos para poder hacer becas, por ejemplo. Tenemos que hacer muchas cosas y esa va a ser una de mis tareas durante los próximos dos años.

Peor que un encuestador del INEGI.

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