Carrusel de Eurofobia

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por: Francisco Cruz

Al lado de la noticia del agravio de Donald Trump a China, al conversar con Tsai Ing-Wen presidenta de Taiwan, la “isla rebelde” que Pekin reivindica como parte inalienable de su territorio; y mientras esperamos que la diplomacia mexicana se acerque al gigante asiático, a Europa y a nuestra América Latina para contrarrestar las agresiones económicas del magnate a México, Europa esta siendo escenario de elecciones y referendums de alto riesgo.

Efectivamente, la Unión Europea que acaba de cimbrarse con el brexit, fue testigo este domingo de una elección y un referéndum, respectivamente en Austria e Italia. Ambos sucesos de alto riesgo –reitero- para la existencia misma de la Europa comunitaria, hoy acosada por gobiernos, partidos y comunidades nacionales que desean liquidarla.

El retardatario aislacionismo y el racismo burdo de Trump en Estados Unidos tiene su equivalente en esta Europa enferma de islamofobia, nostalgia del pasado, identidades nacionales excluyentes y racismo. Enfermedad ésta empollada por movimientos multiformes, en diversos países, que aunque no constituyen una internacional como las izquierdas o la derecha moderada, coinciden y se identifican en su fobia a la Unión Europea.

El más emblemático de estos movimientos es el Frente Nacional de Francia, dirigido por la carismática Marine Le Pen, que, habiendo alcanzado el 27.88% de votos en las elecciones regionales, podría ganar las elecciones presidenciales en 2017 frente a la derecha moderada que sale apenas de una interna desgastante y los socialistas que podrían pagar la factura de la presidencia torpe, impopular de François Hollande.

Hay que mencionar, asimismo, al Partido de la Libertad, de Geert Wilders, en los Países Bajos, islamófobo feroz y anti élites, que alcanzó en las elecciones europeas de 2009 el 17.29%. Y Ukip del Reino Unido, que en 2014 obtuvo el 27.69% también en las elecciones europeas y fue principal impulsor del brexit –el líder de Ukip, Nigel Farage, puede válidamente ostentarse como amigo de Trump.

Otras formaciones anti Unión Europea son la alemana Pegida –Patriotas europeos contra la islamización de Occidente- con 8.70% de sufragios en las elecciones europeas; Aurora dorada de Grecia, con 13.27%; el Partido de los demócratas de Suecia -12.93%; y el Partido de los finlandeses -17.6% en las legislativas- actualmente dentro de un gobierno de coalición.

De esta multiplicidad de partidos de extrema derecha los que gobiernan Hungría –Fidesz- y Polonia –PiS, Derecho y Justicia- son rabiosamente chauvinistas, anticomunistas dispuestos a “purgar” a quienes lo hubieran sido, según lo dictamine el propio gobierno y xenófobos.

De vocación autoritaria esos gobiernos “tuercen el derecho” para legitimarse –un analista los asemeja a lo que llama la “democratura” de Rusia. Y, decididamente anti Unión Europea, Hungría quiere someter a referéndum su permanencia en ella y pretende formar un eje con Polonia y Croacia para enfrentar a los países oeste europeos que –afirma- dominan Europa.

Escapan felizmente a esta eurofobia España y Portugal, al igual que Irlanda. De las interpretaciones que dan al fenómeno los especialistas, destaco, por obvio interés para un mexicano, las referidas a España: la existencia del Partido Popular, fundado al concluir la transición democrática y que aglutinó a los cuadros moderados del franquismo, privó de oxígeno –se afirma- a movimientos extremistas. Se dice también que el peso del catolicismo ha frenado “la socialización del racismo”. Yo añadiría que incluso en los actuales partidos anti establishment y los secesionistas no se respira anti europeísmo.

En el mencionado escenario ayer tuvo lugar el referéndum sobre importantes reformas constitucionales al que convocó el primer ministro italiano Matteo Renzi. Con un resultado ampliamente adverso –casi un 60% por el “No”-, lo que obligó al premier a dimitir. Como lo exigieron los líderes de la oposición, uno de los cuales –lo destaco- Mateo Salvini, dirigente de la Liga del Norte aprovechó la oportunidad para elogiar ruidosamente a Putin, Trump y Marine Le Pen: un vociferante apoyo a la eurofobia.

Lo sucedido en Italia, consecuencia de la ingenuidad arrogante de Renzi –como fue ingenuidad, no sé si arrogante, la convocatoria a los recientes referendums británico y en Colombia- abona a la inestabilidad política en Italia, lo que no es sorpresa en un país que ha tenido 63 gobiernos en 70 años, desde la posguerra.

Sin embargo, abre las puertas, de nuevo al corrupto Silvio Berlusconi al mando de la derecha; a un cómico, en el sentido estricto del término, como Beppe Grillo y su casi anarquista movimiento 5 Estrellas. Y también a la Liga Norte; lo que instala una peligrosa atmósfera de populismo y eurofobia.

El descalabro de Renzi afecta particularmente a la estabilidad económica de Europa –el euro y el sector de la banca europea e italiana ya lo resintieron. Aunque Bruselas ha descartado de manera tajante que se esté ante una nueva crisis del euro, y da asimismo tiempo para que Italia haga ajustes de presupuesto que le permitan cumplir sus metas fiscales.

Ayer domingo también tuvieron lugar –nuevamente- las elecciones presidenciales en Austria, enfrentándose el ultraderechista de 45 años, Norbert Hofer, jerarca del partido antinmigración FPÖ, a Alexander Vander Bellen, de 72 años, líder de los Verdes. Para alegría y consuelo de los europeístas y del progresismo europeo, triunfó Vander Bellen. Con ello se mantiene la coalición centrista proeuropea, principal protagonista político en Austria.

En este campo minado de la política europea tendrán lugar el año próximo 3 elecciones de importancia vertebral: las parlamentarias de Holanda el 15 de marzo, la presidencial francés el 23 de abril y las federales de Alemania entre agosto y octubre. No es exagerado decir que de su resultado depende en gran medida el futuro de la Europa comunitaria.

 

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