En la Revolución también hubo milagros

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Veintidós meses habían pasado desde que estalló el movimiento de Madero, dieciséis desde su primer triunfo parcial al haber logrado derrocar al presidente Porfirio Díaz, exactamente diez meses hacían que el norteño Francisco I. Madero había tomado posesión de la presidencia de México, pero también hacía casi el mismo tiempo de que Emiliano Zapata había proclamado el Plan de Ayala, reclamando que el coahuilense no había cumplido con los postulados del Plan de San Luis, y hacían seis meses que otro personaje, Pascual Orozco, también se levantó contra el gobierno maderista. La convulsión nacional era latente, el “sufragio efectivo, no reelección”, materializado en las elecciones de 1911, no pudo calmar las aguas en las que el barco que llevaba a la nación naufragaba; en muchas partes del país se sucedían atracos, asesinatos, vejaciones diversas; el hambre y las enfermedades galopaban por muchos sitios, dejando se estela mortal, México vivía momentos políticos y sociales sumamente difíciles.

            El estado de Puebla, vivía –a la par que el resto del país– una situación también compleja, del gobierno férreo de Mucio P. Martínez, se pasó al interino de Rafael Cañete, quien influyó para que el nuevo gobernador fuera el veracruzano Nicolás Meléndez, personaje que tuvo que enfrentarse a las guerrillas anti-maderistas que existían en el estado: en la sierra norte, los seguidores de Francisco Vázquez Gómez (quien se había distanciado de Madero, al no ser favorecido con la candidatura a la vicepresidencia), sumaban mil personas y lograron desestabilizar a la región; en las regiones suroeste y sur del estado, la principal amenaza eran los zapatistas, quienes había logrado hacerse del control de la zona, incluso, en marzo de 1912, declararon a Petlalcingo su capital y como gobernador al cantinero de Ayutla y amigo de los hermanos Zapata, Jesús “el Tuerto” Morales, además hacían repartos de tierras, todo al grito de “Tierra y Libertad”, este grupo era el más fuerte ante el gobierno y, sin lugar a dudas, el más temido entre los poblanos. El gobierno dictó ley marcial en gran parte del estado, a la par que los gobiernos nacional y estatal, fueron debilitándose paulatinamente.

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            En este contexto, llegamos al 6 de octubre de 1912, el lugar: Cholula, Puebla. En nocturna procesión, los cholultecas honraban a una de sus devociones más arraigadas, más milagrosa, a la aparecida en un muro, a la que en el siglo XVIII había librado a la región de epidemias, de males, de muerte, a la Virgen de Tzocuilac, venerada desde la época colonial en esta región; sin duda alguna, los fieles imploraban el auxilio divino, no pidiendo el fortalecimiento de los gobiernos de Madero o  de Meléndez, no implorando el justo reparto de tierras, de ninguna manera, lo que los cholultecas pedían era que la tranquilidad y la paz reinaran, que tuvieran lo suficiente para comer, que las epidemias no llegaran, que las hijas no fueran violadas, que a los hijos no se los llevara la bola, que los comercios no fueran saqueados, en fin, acudían al auxilio de la Virgen, para que su cotidianidad no fuera trastocada de manera violenta.

            La procesión se llevó a cabo de la mejor manera, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, niños, clérigos y laicos, portaban faroles y caminaban al son de la música marcial, todo era calma y ruego, cuando de pronto, esto cambió, los sonidos de las pistolas alertaron a la población, todo fue confusión, gritos, pasos veloces para ponerse a salvo de lo que pudiera ocurrir, máxime en un periodo tan convulso donde las detonaciones eran signo inequívoco de muerte. Los causantes de las detonaciones, fueron los zapatistas, que entraron a Cholula y no sólo eso, tomaron la prisión, la asaltaron, mataron dos policías y liberaron a algunos reos, aunque se sabe –por el testimonio de uno de los inculpados– que originalmente se tenía pensado atacar al acto religioso, pero que por haberse cambiado de ruta la procesión, se frustró el plan inicial.

            ¿Cuál fue el saldo de la abrupta incursión zapatista en Cholula, esa noche de octubre de 1912? Pues además de los policías muertos y la prisión saqueada, los participantes en la procesión no sufrieron ningún daño, el testimonio recogido por las autoridades eclesiásticas, lo refiere de esta forma: “Los disparos de armas fueron innumerables, pudieron matar, herir a muchas personas que en oleaje humano se agitaban por loza y calles; los presos libres, hombres criminales unidos a los primeros asaltantes pudieron hacer un saqueo espantoso, violaciones y ultrajes y cometer toda clase de crímenes, como de ordinario los causan en todas las poblaciones donde penetran los funestos Zapatistas. Cuando no se perdió ni un alfiler, ni una vidriera se rompió […]No hubo atropellos o empellones en la confusión de las masas populares, ni un niño caído, machacado, aplastado en las carreras vertiginosas de asustadas gentes que tomaban en tantas direcciones.”

            Y ¿Cuál fue la causa de tan extraordinario hecho? Los cholultecas inmediatamente respondieron: “Dulce Madre Nuestra, tu protección sobrenatural nos salvó; un prodigio público obraste en nuestro favor, así creemos y así lo confesamos para honra tuya, consuelo nuestro a conocimiento de las futuras generaciones.” Y testificaron como cierto, los curas de: San Pedro Cholula, San Andrés Cholula, Santa Isabel Cholula, Coronango y Tzicatlacoyan, seis sacerdotes más, y ciento ocho vecinos, cabezas de familia, quienes dieron fe del hecho milagroso producido por la Virgen de Tzcouilac. En una sociedad donde los saqueos y los crímenes eran cotidianos, donde las autoridades fueron rebasadas por grupos insurgentes, donde la población no ve remediadas sus necesidades básicas de seguridad por aquellos que deberían de proveerlas, se buscaban otros niveles de protección, donde la efectividad fuera contundente, en una sociedad tan religiosa como la de Puebla, particularmente la cholulteca, ligada a la divinidad de una forma milenaria, donde sus innumerables templos dan testimonio de su carácter profundamente religioso, sus necesidades de protección en épocas revolucionarias, fueron remediadas por la Virgen de Tzocuilac.

            Pero falta un milagro más relacionado con los hechos del 6 de octubre. Los hermanos: Victorio, Miguel y Merced Daniel, Inés Tépox y Remedios Quichula, fueron los autores de los hechos antes relatados, aprehendidos la mañana del día 7, y procesados por los delitos de: destrucción de un aparato telefónico, robo mediante ataque y homicidio. La pena fue dada por el Mayor de Caballería de las Fuerzas Federales, Amado L. Cristo, quien resolvió dar la de muerte a los cinco inculpados. El abogado defensor, Antonio Daniel, impulsó el recurso de indulto ante la presidencia de la república, fincando sus esperanzas en que fuera concedido, aunque sabedor de que con la suspensión de garantías decretada por el ejecutivo federal en agosto del mismo año, era muy poco factible que se concediera, por lo cual además del recurso terreno, puso en marcha el recurso celestial, pidió a la comunidad dirigir sus súplicas a la Virgen de Tzocuilac, esperando que los trámites que en la tierra se entorpecieran, el cielo los destrabara.

            La respuesta a las súplicas llegó, contra todo pronóstico, el Diario Oficial de la Federación, con fecha 22 de noviembre de 1915, publicó lo siguiente: “El Ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos en uso de la facultad que le otorga el artículo 9º del decreto sobre suspensión de garantías, de 7 de Agosto del presente año, ha tenido a bien acordar que se conceda a Remedios Quichula, Inés Tepox, y Merced, Miguel y Victorio Daniel, la gracia de indulto de la pena de muerte que por los delitos de destrucción de un aparato telefónico, robo mediante ataque y homicidio, les impuso con fecha 15 de Octubre último el Mayor de Caballería de las Fuerzas Federales, Amado L. Cristo, conmutándose dicha pena respecto a Remedios Quichula, por la de veinte años de prisión que extinguirá en la Penitenciaria del Distrito Federal, y que se contarán desde el día 15 de Octubre último en que se dictó la sentencia relativa, y respecto a Victorio Daniel, por la de cinco años de prisión, que también extinguirá en la Penitenciaria del Distrito Federal, y que se contarán, igualmente desde el 15 de Octubre último, quedando los demás reos en absoluta libertad.

            La respuesta a las súplicas no pudo ser mejor: tres en absoluta libertad y dos con penas en prisión, sin lugar a dudas, nuevamente los cholultecas comprobaban la gran intercesión de la Virgen de Tzocuilac, quien pareciera se hizo abogada de las causas revolucionarias, ya que no sólo estos sucesos están asentados como milagros producidos en este periodo, testimonios de madres agradecidas porque sus hijas no fueron violadas al paso de la bola, de sacerdotes que metidos a revolucionarios fueron capturados, condenados a muerte e indultados, de casas que no fueron saqueadas, en fin, un centenar de milagros más, permiten reflexionar sobre las preocupaciones más inmediatas de la población de a pie durante los años de la Revolución, la gente no estaba atenta de si mandaba Madero, Huerta o Carranza, sino de que sus necesidades más inmediatas fueran remediadas y sobre todo que su integridad, la de los suyos y la de sus bienes estuvieran salvaguardadas. Historiar a la Revolución Mexicana, no es sólo enumerar: héroes, villanos, planes y batallas, es hablar de la cotidianidad, de hombres, de mujeres, de epidemias, de hambre, de muerte, pero también de milagros.

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