¿Muy poblano? ¿Qué tanto sabes sobre la Capilla del Rosario?

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Puebla, Pue, Capilla del Rosario. Siglo XVII

NINGÚN placer mayor puede encontrarse en Puebla, cuando se dispone de algunos días para estudiar la ciudad, que acudir, a eso de las tres de la tarde, a visitar, una vez más, la famosa Capilla del Rosario. Sus contemporáneos la llamaron la octava maravilla: para nosotros, empapados en el arte del México Colonial, es la primera maravilla. Primera por su arte, primera por representar una época del espíritu de México, primera porque podríamos presentarla como campeona en un concurso imaginario en que figuraran todas las obras de arte religiosas del mundo.

El sol poniente penetra acariciador por las ventanas de la cúpula. Las santas mártires resucitan en un momento de vida. Allí están, ofreciendo sus ojos, sus senos, su amor. Perecieron heroicas por su Dios. Y su Dios nos las devuelve intactas, en un último rapto de vida, gracias al arte.

La pequeña Capilla del Rosario, anexa al templo de Santo Domingo, fue construida de 1650 a 1690 por los empeños de algunos religiosos dominicos. Su dedicación tuvo lugar en abril de 1690 del 16 al 24, en memoria de haber sido fundada en la primera fecha la Puebla de los Ángeles.

Como entramos en la gran iglesia dominicana, al extremo del brazo del Evangelio de su crucero, se abre una suntuosa portada. Es de cantería, de estilo sobrio y ha sido dorada. Una reja de hierro impide a veces el ingreso. Si logramos penetrar, nuestra imaginación se confunde. ¡Es una gruta de milagro, es una concreción de imaginaciones dementes, es algo que escapa a nuestra pobre razón! Pero no. Una vez que hemos recibido esa impresión avasalladora, comenzamos a mirar, a la vez que admirar, y nuestras observaciones van ajustándose a la razón y a la critica.

Se trata de un pequeño templo con planta en forma de cruz latina, es decir que los brazos de esa cruz son menores que el vástago. La nave está compuesta por tres tramos con bóvedas de cañón, o sea semicilíndricas que ofrecen penetraciones, llamadas lunetos, en sus costados para que puedan allí abrirse ventanas.

Todo el interior de las bóvedas está cubierto de ornatos en yeso, dorados y policromados, y al centro de cada bóveda correspondiente a un tramo, se ven las figuras en relieve de las Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad. En dos muros de la nave se admiran grandes cuadros del pintor poblano José Rodríguez de Carnero, en lujosísimos marcos. Representan escenas del nacimiento de Cristo que llaman los misterios gozosos del rosario. Se ven ahora demasiado ennegrecidos por el tiempo.

La gloria, el placer de la capilla, está en su crucero. Es de brazos cortos; el del fondo, el ábside, más profundo. Cuando levantamos los ojos para mirar esa cúpula cubierta totalmente con relieves policromados y dorados, de santas mártires, de ornatos, de aves, de ángeles, de todo Io que se le ocurría al artista, nuestro estupor llega a lo sumo. ¿Por qué esta minucia y por qué este lujo? No podemos entender que se edificaran iglesias como ésta, ahora que las iglesias presentan diverso as-pecto, sobre todo de pobreza.

La razón se encuentra en que esta capilla fue construida en una época que abarcó la segunda mitad del siglo XVII en la cual imperaba el estilo artístico llamado Barroco. Se buscaba lo complicado, lo lleno de ornatos, Io que sugería ideas y emociones rebuscadas. La causa de eso consistía en que la sociedad vivía en una era de riqueza, de lujo y de boato. La vida y el arte eran complicados. Los poetas escribían en forma especial buscando los más difíciles símbolos. Los predicadores hablaban en un lenguaje que sólo ellos y algún iniciado entendían. Expresión plástica de esa época y sincera, puesto que todo en la vida estaba teñido del mismo color, fue el arte llamado barroco. Expresa la fe complicada y encarna el espíritu de la época, como ningún otro, en el arte de Nueva España.

Ofrece, además, técnica excelente y, por lo tanto es trabajo de arte de primer orden. Además, fuera de las razones sociales expuestas, la Capilla del Rosario de Puebla ha sido considerada como una obra maestra del arte barroco del mundo.

Para sentirla y amarla es necesario poseer los sentimientos y creencias de quienes supieron crearla. Dejaron allí, en su nave el tránsito para la Gloria y en el crucero y la cúpula la representación más perfecta de la propia Gloria. El visitante culto admira y se sorprende de tanto ornato y de tantas untuosidad. Si es un iniciado en el arte de España y de América comprenderá el mérito único de estos tallados.

Para sentirlos, para que la emoción sublime del arte nuble nuestros ojos con lágrimas al contemplar tanta maravilla, es necesario que el corazón y los sentidos vibren al unísono con los artífices que supieron crear esta obra. Hombres conscientes trabajaban para su arte. Y su arte estaba dedicado a Dios.

Febrero de 1948.

(Texto del libro Paseos Coloniales Puebla, de la autoría de Manuel Toussaint y Ritter, publicado en enero de 1988 por el Centro regional de Puebla del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en colaboración con la Secretaría de Educación Pública y el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.)

 

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Algún día seré periodista, mientras tanto disfruto lo que hago.

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