Chiluca no es el arte de hacer ruido

Redes Sociales

Resultado de imagen para EL sHIROTA

Por Juan Carlos Báez

Yo tengo una frase que repito constantemente entre pláticas con mis amigos: ‘El Shirota cambió mi vida’ hace alusión al momento exacto en donde cuatro individuos de un suburbio en el Estado de México se pararon frente a un público [donde me encontraba yo] y por medio de distorsión y tamborazo[no]s estruendoroso[no]s, me transmitieron la catarsis por la cual estaban siendo sometidos en ese preciso instante. Sobra nombrar aquellos artistas que dejan todo en el escenario, pero había algo más aquí, algo que estas personas daban a notar; y es que, esa hora que tocaban, esas letras que emitían por medio de gritos, era lo que verdaderamente los llenaba, lo que los hacía ser tan especiales.

El Shirota es su más reciente material, del cual quiero hablar, y el cual también se vuelve su carta de presentación, aquél que encapsula la esencia de una banda que promete mucho. Aun cuando con anterioridad habían realizado exitosamente Chiluca no es Satélite, su EP homónimo nota una maduración muy grande por parte de los integrantes de la banda, que experimentaron más a profundidad con el sonido que habían logrado a través de los años a partir de su primer material, y que los llevaron a tomar influencias y matices de distintos géneros. Iniciada como una banda que “quería tirarle al hardcore de los noventa”, actualmente El Shirota se vuelve un caos sonoro, con guitarras cargadas de fuzz, bajos tremendamente melódicos, batería que parecen estar en una composición jazzística, y voces que denotan una angustia enorme.

Resultado de imagen para EL sHIROTA

Producido por Hugo Quezada, el material cuenta con pocas canciones (cuatro, específicamente), durando 23 minutos en total. “No quiero” es la balada que abre el disco, en donde la introducción son guitarras que asimilan ser rasgadas con papel aluminio, haciendo un sonido metálico, abriéndole paso a lo que consideraríamos un jam, pero que nos llevan a la explosión de Alonso y Nacho gritando el título de la canción: “¡No quieroooo!” muestra la efusividad efímera que se tiene en un lugar aislado, la desesperación y claustrofobia que logra el vivir [en un lugar] así, pero que siempre regresando al lugar monótono de donde partió esa emoción.

Listo (El Tornillo) es la segunda canción, que en términos más tangibles y abstractos, es el punto donde la banda se encuentra con su pasado y logra hacer una rola más apegada a su sonido original, con voces difuminadas entre el ruido de la instrumentación pero que siguen la misma línea experimental; pero que si lo vemos en un viaje más sentimental, es la misma celeridad –orillada por el mismo ritmo de vida del mundo– con la que se vive, con la que uno debe luchar día con día, y que a veces te tiene al borde de la locura.

El lado B empieza con Intro, una composición que la primera vez que la escuché en vivo me voló la cabeza, y que en el estudio refuerza el encanto por ella. Es la canción que raya más con un sonido kraut, y que te lleva gracias a los crescendos proporcionados por los pedales, a lugares en donde la cotidianeidad se rompe a tal grado de quedar satisfecho con esa ruptura, encontrando paz en tu interior. Pero aquí parece que lo bueno acaba, y se debe reiniciar con todo. Saqué siete es eso, es el punto donde acabas volviéndote loco con tu propia vida, donde ves cómo todo se pasa muy rápido y no te da tiempo de controlarlo; y no es simplemente mi percepción, sino que en realidad está hecha con esa intención: la voz que narra con velocidad lo que pasa con un fondo musical que emula a una alarma sonando constantemente en tu cabeza, cosa que logran las guitarras y el ritmo que se le da.

El Shirota es un viaje musical, una obra maestra que logra en menos de media hora llevarte a trayectos donde la angustia y ansiedad (social) son tópicos de composiciones que ondean la bandera del amor hacia el ruido y hacia la simplicidad, pero que abundan de emociones honestas, buscando en realidad plasmar todo ello de forma purificante para ellos, y que transmiten a su vez, un consuelo para el que lo escucha. Pueden adquirir su copia en 12’’ Aquí.

 

Estudiante de 17 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Algún día seré periodista, mientras tanto disfruto lo que hago.

Be first to comment