Stranger Things ¿El regreso de la estética ochentera?

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por: Arturo Uriza

Tanto se ha hablado ya de Stranger Things que parece queda poco por explorar, sin embargo, este fenómeno de la nueva televisión (si es que así se le puede llamar al ser exclusiva de Netflix) parece que aún tiene mucho que dar, comenzando por su futura segunda temporada y el revuelo que ha causado durante estos meses.

 El tiempo de internet es muy extraño e increíblemente rápido. Un contenido puede estar en boga y romper records por unas horas y después desaparecer, irse al olvido; fugaz. Y la cuestión es también las formas cambiantes de consumo, las cuales además dejan un registro de fácil lectura que por supuesto, las empresas han sabido aprovechar. En este caso en especial, estamos hablando de uno de los mejores productos de esta década, uno tan bueno que hemos pasado por alto el hecho de que es casi mandado a hacer, si no es que así es en su totalidad. Tal vez nunca lo sabremos.

Stranger Things no sólo explota la estética y ritmo del cine de los ochenta, si no también a uno de los autores más prolíficos del suspenso y el terror que fue enorme durante dicha década: Stephen King. Además de todas las referencias que el mundo le ha encontrado y las comparaciones con Spielberg, lo que más me llamó la atención fueron ciertos detalles explícitos que no solo funcionan como homenaje, si no como una clara explicación de qué es lo que se trata de emular. Tomemos como ejemplo Poltergeist, la película de 1982 dirigida por Tob Hooper en la cual, una niña, victima de fuerzas sobrenaturales, queda atrapada en otra dimensión, la que además convive en el mismo lugar que su casa pero en otro plano fantasmagórico, y donde un extraño ente trata de devorarla ¿les suena? O qué tal Estados Alterados, esa película de Kenr Russel lanzada en 1980, donde unos científicos experimentan con un tanque de suspensión donde provocan alucinaciones para entrar a otras dimensiones, provocando no solo alucinaciones, sino incluso cambios en la realidad.

Vaya, las referencias son bastas y van desde quien dice que Stranger Thins es como The Goonies, hasta quien dice que siente que somos vigilados y Netflix nos roba nuestros recuerdos… o bueno no tanto, aunque sí va por ahí.

 Para quien no tenga idea de qué va Stranger Things, la cosa es sencilla. Es una historia ubicada en los ochenta, donde una pandilla de niños trata de rescatar a otro de ellos que fue abducido por un monstruo de otra dimensión. A la par, la madre del niño y un carismático policía con un pasado problemático tratan de solucionar este misterio. Todo esto sucede entre canciones de New Order y The Clash y otras tantas bastante bien elegidas. La amalgama entre historia, ambiente, cast y su enorme filtro nostálgico convirtieron de inmediato la serie en un referente cultural del internet durante estos días, pero ¿hay que creer el hype?

Como cualquier contenido o creación por más buena que sea, siempre habrá detractores, dentro de los que se encuentran los que no le ven lo novedoso, o que dicen que es un producto meramente desechable y plástico, y vaya que pueden tener cierta razón, hay cierta inocencia en como Stranger Things está hecha, pero eso no quiere decir que sea algo necesariamente negativo, y lo que sí es que habrá muchos a los que les guste, con todo y que no vivieron un solo día de los ochenta a consciencia.

 Una segunda temporada ya fue confirmada por los directores, quienes además de ser hermanos (Duffer Brothers) no pasan de los 35 años, y además de muchos rumores, como sobre qué tratará, se le han sumado otros mucho más fantásticos como que el propio Stephen King podría estar inmiscuido en el proyecto. Mientras tanto, habrá que medir que es lo que pasa con esta serie, cuál es su alcance y qué tan rápido entra al culto, si no es que ya lo hizo.

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