La reglamentación farmacéutica a finales del siglo XIX en Puebla.

Compartir

Por Ana María Dolores Huerta Jaramillo

La farmacia se desarrolló a partir del siglo XIX en el ámbito académico y en el de la salud pública, y a ambos campos correspondieron diferentes formas de la administración de la ciencia. En el primero, la academia, se administraron conocimientos a través de planes de estudio articulados con normas internas colegiadas que moldeaban conductas; en el segundo, o ámbito de la administración pública, se regulaba a través de leyes y reglamentos municipales o urbanos la práctica o ejercicio profesional.

Y en relación con la aparición de la norma legal no hay que olvidar que:

no existe conjunto de instituciones o prescripciones legales independientes de las narraciones o prescripciones que los instauran y le confieren significado. Por cada constitución hay una epopeya, por cada decálogo una Escritura. Una vez que se adquiere una concepción suya en el contexto de las narraciones que les confieren significado, el derecho se vuelve no sólo un sistema de normas a cumplir, sino un mundo en el que vivir. (1)

Los reglamentos muchas veces nos revelan prácticas que se producían en la sociedad.

Como señala Raúl Rodiíguez Nozal “la revolución terapéutica acaecida durante la primera mitad del siglo XIX modificó de manera sustancial el modelo de ejercicio profesional farmacéutico imperante durante siglos”(2). Las ordenanzas de corte colonial y gremial que regularon la práctica farmacéutica en México durante siglos se fueron modificando a partir de las revoluciones liberales, al igual que las relaciones entre las comunidades y colectivos que buscaban ese conocimiento. Durante el periodo virreinal en México, los farmaceutas o boticarios se formaban y reproducían dentro de relaciones gremiales, que incluían una jerarquización del conocimiento a través de diferentes niveles, como aprendices, oficiales y maestros. La actividad boticaria era fiscalizada por las leyes del Real Tribunal del Protomedicato, institución colonial que sancionaba las actividades sanitarias, y por las autoridades municipales. (3) En Puebla, las leyes emitidas por el Ayuntamiento en el siglo XIX en materia de Sanidad fueron también el resultado de la interacción de los profesores de medicina y farmacia que se relacionaban con la academia y el gobierno urbano.

El aspecto central que aquí se abordará es la dosificación de los medica-mentos farmacéuticos y su despacho, pues la reglamentación municipal sobre la práctica de la farmacia abarca muchos otros aspectos de los que ahora no nos ocuparemos. En 1897 se dio a conocer un “Proyecto de Reglamento para la

Inspección y venta de sustancias medicinales y de las apropiadas a la Industria en la Municipalidad de Puebla” (4). Si bien se anunciaba como un proyecto, en él se integraron las prácticas que desde por lo menos siete años atrás se producían en el despacho de la Farmacia (5). Este tipo de proyectos reglamentarios, después de discutirse, se aprobaban en sesiones específicas de cabildo; lo que aquí recuperamos es el significado de sus disposiciones. El título de tal normatividad encontraba estrechamente relacionado con los conceptos que para la época tenían sobre el importante papel del farmaceuta en la sociedad. El farmaceuta en razón de sus conocimientos politécnicos, desempeñaba oficiosamente en las sociedades artísticas, industriales y agrícolas una misión suficientemente reconocida y apreciada. No sólo se trataba de productores de fármacos: si había un vino adulterado, agua malsana, un aire mefítico, un alimento peligroso, a nadie mejor que a un farmaceuta químico se podía consultar para remediarlo. También se acudía a él para saber si un mineral contenía las sustancias metálicas o las sales que se podían aprovechar; si una planta era útil como alimento, como medicamento, como tintura o para las artes; y para conocer los métodos para extraer de tal fruta o de tal raíz azúcar o una fécula nutritiva. ¿Cómo neutralizar tal veneno, analizar tal licor? No se conocía a nadie mejor, en las artes y la tecnología, que al farmaceuta verdaderamente digno de su título. (6)

(1) ROBERT COVER, “The Supreme Coun”, 1982, “Term, Foreword: Nomos and narrative”, citado por Jerome Bruner, Lafábrica de historias. Derecho, literatura, vida, Fondo de Cultura Económica (Sección obras de psicología y psicoanálisis), Argentina, 2003, p. 28.

(2) RAÚL RODRÍGUEZ NOZAL, “La industria del medicamento como motor de cambio profesional de la farmacia española decimonónica”, en ANTONIO GONZÁLEZ BUENO y RAÚL RODRÍGUEZ NOZAL (editores), La historia de la farmacia hoy: proyectos y perspectivas a futuro. Actas de las Jornadas celebradas por la Sociedad de Docentes Universitarios de Historia de la Farmacia de España (SDUHFE), Madrid 12/13 de diciembre de 2002, Madrid, 2003, p. 93 http://www.ucm.es/info/sduhfe/lactas sduhfe.pdf

(3) Para el caso de Puebla, véase ANA MARÍA HUERTA JARAMILLO, Los boticarios poblanos. 1536-1825, Secretaría de Cultura/Gobierno del Estado de Puebla (Colección Portal Poblano núm. 8), Puebla, 1994, 281 p.

(4) Archivo del Ayuntamiento de Puebla (AAP), “Proyecto de Reglamento para la Inspección y venta de sustancias medicinales y de las apropiadas a la Industria en la Municipalidad de Puebla”, Boletín Municipal, Órgano especial de la asamblea de concejales, Puebla de Zaragoza, tomo 46, vol. 17, núm. 12 (9 de enero de 1897).

(5) En 1890 se elaboró un Proyecto de Reglamento de boticas que posee casi la misma estructura y la normatividad. Boletín municipal, tomo x, vol. 23, núm. 43 (1 de noviembre de 1890). El reglamento de 1897, hasta donde se ha constatado, reguló la Práctica farmacéutica desde ese año de 1897 hasta 1910 por lo menos.

(6) FRANÇOIS DORVAULT, L’officine, ou Répertoire générale depharmacie, 11e édition, Asselin, Paris, 1886 p. 15.

Fragmento del libro Norma y espacio urbano: Ciudad de Puebla siglos XVI-XX, texto bajo la coordinación de Lilián Illades, publicado en diciembre de 2008 por El Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

Be first to comment