El humor y los íconos de la figura de Porfirio Díaz en las caricaturas El hijo del Ahuizonte

Redes Sociales

Por Edith Hernández Durana* y  Leticia Gamboa Ojeda**

Resultado de imagen para El hijo del Ahuizote

PREÁMBULO

La prensa es una importante fuente para la historia, y a la vez es factible de ser objeto de estudio. En las páginas de un periódico se plasma y advierte una visión del pasado, más lejano o más cercano; pero cada publicación tiene su propia voz y su propio estilo, por lo que puede ser historiada. Igual sucede con la caricatura política, que al ser un medio de expresión estrechamente vinculado a los vaivenes de la política nacional y local, ofrece una forma de ver y de acercarse a un filón del pasado. Junto a su valor estético está su valor histórico: el que relaciona cada imagen con un proyecto político-ideológico-social que la dota de sentido y la convierte en una visión histórica en sí misma. La caricatura es hija de su tiempo; ilustra una atmósfera y refiere un suceso generalmente memorable. En ella, “la persistencia de algunos semblantes se volverá la substancia de cada época.” (1)

Lo anterior se constata en las sátiras visuales del semanario El Hijo del Ahuizote, fundado en 1885 en la ciudad de México por Daniel Cabrera, quien le consagró dieciocho años de sus energías. Sin embargo no han sido objeto de mayor atención, pues si bien varios estudiosos se han fijado en El Hijo del Ahuizote, no existe publicación alguna dedicada únicamente a su estudio y análisis.

La línea de oposición al gobierno porfirista que siguió este periódico identificado con las ideas de los viejos liberales forjados en la Reforma, puede explicar la ausencia de estudios sobre sus caricaturas y los pocos existentes sobre su contenido escrito. Su militancia persistente en el tuxtepecanismo, cuando éste devino en sinónimo de antiporfirista, ha hecho que algunos la crean fuente poco fiable, en los peores casos señalada de acudir a la parodia pueril y sostener un estilo trivial. Lo cierto es que su crítica continua al régimen porfiriano le aseguró un sitial en la menguada y perseguida prensa de oposición, de la que también fue vocero; y lo cierto es también que con todo y su parcialidad expresó verdades.

En este texto se intenta valorar un rasgo de las caricaturas de este semanario, y apenas si asomarse a su utilización como documento histórico en el caso de las reelecciones presidenciales. El periodo comprende desde la muerte del tuxtepecanismo (1888) con la consolidación de la autoridad presidencial mediante la instauración de la reelección. En el terreno periodístico se asiste al desplazamiento de los viejos diarios doctrinarios dedicados a la defensa de filosofías políticas por el llamado periodismo comercial. Hasta el fin de sus días, en 1903, El Hijo del Ahuizote defendió vehementemente el principio de no reelección, esencia de la llamada revolución de Tuxtepec. Por eso mucho de su combate contra Porfirio Díaz se enfocó a su punto más débil: la legitimidad de su gobierno, cada vez más cuestionada a partir de 1888, cuando maniobrando en las cámaras se reformó la Constitución para permitir la reelección presidencial indefinida.

Daniel Cabrera, Alma del hijo del ahuizote

Resultado de imagen para El hijo del Ahuizote

 Daniel Cabrera vino al mundo en 1858 en Zacatlán, Puebla, donde tuvieron bastante acogida las ideas de los liberales mexicanos. En su familia se combinaron catolicismo y liberalismo, destacando como liberales varios de sus miembros.

Daniel declaró desde joven admirar los periódicos con “notables ilustraciones”, como El Siglo Diez y Nueve y El Ahuizote.2 En 1876 en que triunfó la revuelta de Tuxtepec se mudó a la ciudad de México, contando con el apoyo económico de su tío Ángel W. Cabrera, a la sazón diputado en el congreso de Puebla. Estudió becado en la Escuela de Artes y Oficios; luego pasó a la Academia de San Carlos, siendo discípulo de José María Velasco, Santiago Rebull y Petronilo Monroy.

Sus pinitos en el periodismo los hizo en El Eco de Zacatlán, y aunque ya vivía en la capital fue en su ciudad natal donde sacó a la luz (1881) una litografía sobre Ignacio Zaragoza, el primer trabajo gráfico publicado que se le conoce. En él se revela todavía poca experiencia, por una técnica a lápiz deficiente, un sombreado tímido, los trazos rígidos y una falta de oficio en la construcción postural. Aun así ya se anunciaba el Cabrera caricaturista, pues de acuerdo con las imágenes conocidas de Zaragoza el parecido entre retrato y retratado es indudable. (3)

Por una carta de recomendación que su tío escribió a Ignacio Cumplido, editor de El Siglo Diez y Nueve, Daniel pudo colocarse en este periódico. No estuvo allí mucho tiempo, ya que a los cuatro años fundó su semanario. ¿Con qué recursos? Si bien freneo Paz, convencido convencido porfirista y editor de La Patria lo acusó de tener una subvención del gobierno, las repetidas ocasiones en que Cabrera fue a dar a la insalubre cárcel de Belem y los cierres temporales de su semanari0 4 ponen en duda esa afirmación. Al parecer, mientras trabajaba con Cumplido se publicaron algunas estampas suyas en La Época Ilustrada, al lado del maestro José María Villasana, el caricaturista de El Ahuizote.5 Esta palabra náhuatl en el título de este cotidiano (1874-1876), hacía alusión al octavo rey de Tenochtitlan, Ahuizotl, en cuyo gobierno imperó un despotismo absoluto. De ahí que en la jerga popular decimonónica, Ahuizote se empleara como sinónimo de molesto y perseguidor. Si a estos sentidos se acogió el general Vicente Riva Palacio cuando bautizó así a aquel periódico, los mismos sentidos retomó Daniel Cabrera al denominar el suyo y reconocerlo como su hijo.

Hablando de Riva Palacio, su breve relación con Cabrera es la que responde a ja pregunta planteada más arriba; que fue este político y prolífico escritor, hombre de gran fortuna y cultura, hasta cierto momento de mucha influencia (diputado y gobernador; ácido crítico del lerdismo; magistrado y ministro en el primer gobierno de Porfirio Díaz), quien financió la aparición de El hijo del Ahuizote.(6) Cabrera nunca lo reveló, mas ja inusual inclusión de caricaturas a color en la portada y la continuidad de ese hijo indican que tuvo un padre con recursos, el cual debió asistirlo no en su nacimiento sino hasta que pudo andar solo, incluso cuando ya se hallaba lejos (en España, a donde Jo mandó don Porfirio en 1896, cuando empezó a serle intolerable). Pero también caminó -justo es reconocerlo— por méritos de Daniel Cabrera; pues como díce Rafael Barajas, se convirtió en “el hombre que le da vid. Y alma a la revista satírica antíporfirista por excelencia [ya que] él es el mismísimo Hijo del Ahuizote”. (7)

Desde el primer número (23 de agosto de 1885) el vástago se exhibe en la portada. El emblemático personaje es un hombrecillo orgulloso de su origen serrano -por eso su pantalón de manta doblado hasta las rodillas- que se muestra en son de ataque, dejando en claro que no por provinciano es un improvisado y está por lo contrario preparado para incursionar en el difícil mundo del periodismo independiente: el sombrero de copa y la chistera que porta denotan su status de periodista y hombre culto. (8) Con ligera sonrisa y luciendo su prometedor colmillo, parado frente a un caballete con el retrato de Díaz, saca punta a “una pluma de dimensiones temibles hecha de material de Palo Blanco.” (9) A sus espaldas y haciendo gala de su origen cuelga un número de El Ahuizote, mientras que el gabinete porfirista figura en la pared del fondo (Manuel Romero Rubio, Manuel Dublán. Ignacio Mariscal, Carios Pacheco, Pedro Hinojosa y Joaquín Baranda), Culmina al centro el retrato de Manuel González, ex presidente que acababa de devolver la silla a su compadre. Esta estampa, firmada por Fígaro (seudónimo de Daniel Cabrera) es a la par –observa Barajas- “una declaración de principios, una declaración de guerra contra don Porfirio, y está llena de referencias que hablan del carácter de la publicación, de la tradición periodística que pretende encarnar, de su programa editorial y de lucha, y de su genealogía política”.

Resultado de imagen para El hijo del Ahuizote

Daniel Cabrera hizo buena parte de las caricaturas del semanario, al tiempo que escribía textos y componía versos. Aquéllas y éstos le valieron cuando menos siete aprensiones. En sus labores no estuvo solo, por lo que algunos colaboradores lo acompañaron a Daniel Cabrera hizo buena parte de las caricaturas del semanario, al tiempo que escribía textos y componía versos. Aquéllas y éstos e valieron cuando menos siete aprensiones. En sus labores no estuvo solo, por lo que algunos colaboradores lo acompañaron a veces en la prisión. Su stafftuvo la presencia de Manuel Pérez Bibbins, de Salvador Pruneda, de Manuel de la Fuente y de su sobrino Luis Cabrera, entre otros. En la construcción de las caricaturas se le unieron talentos como los de Santiago Hernández y Jesús Martínez Carrión. Desde 1900 en que ya casi no intervino por la hemiplejia que padecía, fueron arrendatarios del periódico los hermanos Enrique y Ricardo Flores Magón.

El número inaugural de El Hijo del Ahuizote se agotó en pocas horas. “Consumido el primer tiro de 4,000 ejemplares, se hizo una segunda edición de 3,000 y una tercera de 2,000 que también se acabaron”. Durante su primer año el tiraje promedio osciló entre los 5,500 y 6,000 ejemplares semanales, si bien hubo “necesidad de hacer nuevas ediciones de muchos números agotados”] 0 Comparado con otros periódicos capitalinos ese tiraje era reducido, por una razón admitida en él: su elevado precio a causa de sus ilustraciones… y de los gastos en reparar los daños sufridos por las embestidas del gobierno. (11)

Hablar del precio obliga a detenerse en sus principales destinatarios. Es obvio que su mercado lo formaban sectores de la población de medianos y altos ingresos, que debían poseer cierto bagaje cultural y cierto conocimiento de la situación política, para entender cabalmente el mensaje de sus caricaturas y textos. Reconocer a los personajes aludidos por sus rasgos fisonómicos o por una palabra clave, e identificar y relacionar ciertos símbolos y elementos eran indispensables para ello. Mónica Morales dice que sus lectores más asiduos fueron intelectuales e incluso la élite en el poder; pero también asegura que gente del pueblo lo leía. (12)

Más allá de lo que hacían estos sectores para adquirir el costoso semanario, ¿cómo podían comprenderlo? En gran medida por sus caricaturas: por su trazo sencillo y preciso y el parecido de los personajes dibujados con los de “carne y hueso” conocidos por muchos; y en parte, también, por lo que Fausta Gantús apunta de la caricatura: que “impactaba de forma más general en el espectro social gracias al sentido cómico (que comportaba)”.

A este respecto, lo relevante es la forma como la caricatura construyó una eficaz asociación entre ciertos símbolos y personajes singulares como Porfirio Díaz, abonando “a forjar determinados imaginarios en torno a ellos”. (13) No está demás añadir que bajo la batuta saltarina de Daniel Cabrera se publicaron aproximadamente 620 números de Ei Hijo del Ahuizote, lo que pone en evidencia su perseverancia y la magnitud de la tarea que se echó a cuestas). (14)

*Maestra en Gistoria (ICSyH-BUAP, generación 2009-2011)

**Doctora en Historia (Universidad en París  8), profesora-investigadora del ICSyH.

(1) Monsiváis, 1994, p.115.

(2) APJCO, “carta autobiográfica”,

(3) “Por mucha exageración, desproporción, reducción o cualquier otro elemento que pueda existir en una caricatura, ésta siempre deberá ser un retrato en el sentido de que esa caricatura ha de ser necesariamente reconocible e identificable para que pueda existir” BARROS, 1994, p. 34.

(4) Entre 1896 y 1902 Cabrera sufrió siete arrestos, el más largo por 154 días (1894). En cuanto al semanario, es difícil calcular cuánto tiempo dejó de salir, pero en una ocasión se le suspendió hasta por tres meses. La requisición de máquinas fue menos frecuente, provocando que alguna vez se imprimera “fuera de casa”; también se confiscaron ediciones completas de varios números y otros se retiraron de la circulación. Los actos se denunciaron en el mismo periódico (mayo de 1896 a junio de 1902), se consignaron en las agendas del periodista (BPLCL) y en periódicos liberales como El Diario del Hogar.

(5) BARAJAS, 2010, p. 9.

(6) GANTÓS, 2009, p. 128. Otros aceptan implícitamente la inferencia dc esta autora al decir que El Hijo del Ahuizote fue continuación de El Ahuizote (1874-1876), no obstante aparecer nueve años después (www.shcp.gob.mx/difusion…/fondos_hernerograficos.aspx).

(7) BARAJAS, 2009, p. 229.

(8) MORALES FLORES, 2005, p. 132.

(9) BARAJAS, 2010, p. 2. Palo Blanco, en alusión al lugar donde se firmara el plan de Tuxtepec enarbolado por Díaz para luchar contra la pretensión reeleccionista de Lerdo de Tejada.

(10) MORALES FLORES, 2005, p. 93. EHA, 28 de abril de 1895. BPLCL, agenda de 1900,

(11) EHA, 28 de abril y 23 de agosto de 1885, Los precios anunciados en 1885 (aun mantenidos en 1889) eran en la capital 4 reales por un mes y 1 real por número suelto. En los estados 6 reales por un mes y números sueltos 1 ½ reales. Los de 1891 (ya en pesos y centavos) permanecieron hasta el final, en 1903.

(12) MORALES FLORES, 2005.

(13) GANTÚS, 2010, p. 27.

(14) Es difícil establecer en cuantos números Cabrera fue el editor. En esta responsabilidad aparece a partir del 11 de abril de 1886, en sustitución de Bibbins, quien murió en 1888, A partir de 1889 aparece como editor, propietario y fundador, pero el cargo de editor lo alterna con otros hasta 1890. Las dificultades se derivan sobre todo de los periodos de interrupción habidos por efecto de la persecución.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Algún día seré periodista, mientras tanto disfruto lo que hago.

Be first to comment