La industria del placer del tabaco

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Cuando se tomaba café o una “bebida espirituosa”, sobre todo en un negocio ad hoc, qué mejor que hacer más grato el momento con un aromático puro o un cigarro de las manufacturas que había desde tiempos coloniales en la ciudad (88 cigarreros en el censo de 1790-1792). En 1852 existían 14 talleres de tabacos labrados, artículo igualmente llegado de otras ciudades del estado y de la República —sobre todo de Veracruz— e Inclusive de Cuba. De este país fue oriundo el principal fabricante de cigarros en Puebla (Manuel Penichet Rodríguez). Como él, otros cubanos llegaron al México porfiriano para hacer fortuna aplicando los secretos del oficio, siendo el caso más conspicuo el del español Ramón Balsa en Veracruz, millonario a la vuelta del siglo y con una sucursal en Puebla de su gran fábrica de puros y cigarros, instalada en 1898 y activa todavía en 1918. De ese mismo decenio era La Esperanza (1892) de Cornelio Aguilar, aunque sólo llegó a los balbuceos de la Revolución. Mayor antigüedad tenía La Oriental, de Antonio Domínguez, porque se fu desde 1867 y subsistía en 1918.

Respecto a las factorías que solamente hacían cigarros, para 1910 continuaban vanas decimonónicas: La Seductora y El Faro, de Rafael Torres e Hijos (1861); La Simpática, de Joaquín Cordero e Hijos (1887); La Conquistadora, de Fernando Cid (1892), además de la de Penichet. Se desvanecieron en el camino las de R. Florido y Compañía, Carlos Pérez y Compañía y Emilio Márquez, existentes en los 1870’s; en cambio surgirían La Rosa (1905) y La Libertad (1906), más las de puros El Sueño Infantil (1904) y La Balsa y Anexas ( 1905), que junto con once que fueron abriendo ascenderían a 21 en 1918. En este año sobresalían la de Penichet —ahora de su viuda—, la de Balsa Hermanos (La Prueba) y la de Peláez Hermanos (La Balsa). A nivel de los propietarios cabe resaltar a Francisc Amézquita, en la medida en que poseía dos factorías de cigarros (El Indi y La Libertad) y una de cigarros y puros (sugestivamente llamada El Ri Aroma). El Porvenir se fundó en 1870 pero nunca pasó de ser un expendio; en los años de 1920 pertenecía a Juan Manuel García Pineda.

Penichet comenzó su carrera económica a fines de los 1860’s, poniendo un comercio de tabacos labrados y en rama, bajo el título de “El Amigo de los Pobres”. Para fomentar el negocio se asoció en 1874 con José María Carsolio; pero cuánta no sería la modestia del mismo si tenemos en cuenta que el cubano puso $ 600 de capital en especie y su socio $ 300 en efectivo, de modo que con 900 pesos se constituyó M. Penichet y Compañía De ese pequeño comercio saltó a instalar en 1875 una pequeña factoría que mantuvo por unos quince años su primitivo nombre (El Deleite). Puramente cigarrera, experimentó un crecimiento ininterrumpido al ganar buena porción del mercado local, parte de los del sureste del país y sobre todo al exportar sus productos a Europa. Una vez modernizados sus procesos tomó el nombre de El Pabellón y a veces contó con nuevos apoyos de efímeros socios, como el conocido agricultor Rodolfo Bello en 1895. Empleó tabaco producido en el país pero es posible que utilizara al mismo tiempo tabaco importado, ya que tuvo una bodega en el puerto de Veracruz. De diversas marcas, sus cigarrillos fueron sin duda los preferidos de muchos poblanos de ambos sexos, pues las mujeres fumaban mucho, como hizo notar madame Calderón de la Barca en tiempos de Maximiliano.

Una idea de la demanda por el esbelto tubillo de fino papel embutido de picadura nos la dan algunas cifras: 24 610 000 cajetillas producidas por El Pabellón en 1906 (conteniendo generalmente 15 cigarrillos cada una), contra 2 541 000 puros hechos en La Prueba y 2 435 650 en La Balsa, calculándose en 559 318 pesos la producción de la primera, $ 1 10 530 de la segunda y $ 48 242 de la tercera. Si el total del giro de tabacos labrados se valoró en $ 783 057 en ese año, El Pabellón produjo 7196, La Prueba 14% y La Balsa 696. Si separamos las ramas, la fábrica de Penichet hizo el 90% de la producción cigarrera, y la de los Balsa y los Peláez el 69% y 3096 respectivamente de la producción purera Podría decirse, pues, que desde la última década del XIX y con cierto reforzamiento en la primera del XX —al instalarse La Balsa—, este giro se oligopolizó de forma acentuada en sus dos ramas, pues había tres grandes fábricas al lado de unas pequeñas y otras minúsculas, cuya producción osciló entre $ 12 000 y $ 22 000 respecto a las segundas, y entre $ 275 y $ 871 en cuanto a las últimas. Ratifica el cuasi-monopolio el elevado número de trabajadores: en 1906, 340 en El Pabellón (de 470 en la rama cigarrera); 111 en La Prueba y 56 en La Balsa (en conjunto 167, de 177 en la rama purera).

Texto tomado del libro Las actividades económicas en Puebla de 1810 A 1913, de la autoría de Leticia Gamboa, publicado en 2010 por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en colaboración con Ediciones de Educación y Cultura, en el año 2010.

Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo y escuchando buenas rolas. * De fondo suena 'Two Steps, Twice', de Foals *

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