Qué tanto sabes sobre las iglesias poblanas?

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La arquitectura religiosa en Puebla fue el resultado de una imposición directa y sin misericordia de las diversas órdenes religiosas, primero sobre enormes masas de indígenas que habitaban los alrededores de la ciudad y la región de Tlaxcala, y después, a partir de las últimas décadas del siglo XVI, fue la consecuencia plástica de la conquista espiritual verificada por el catolicismo sobre la conciencia y las actividades de la Nueva España. Es evidente que en la mayor parte del país la arquitectura es un producto semejante al poblano, bajo el punto de vista social, es decir, es también un resultante de la imposición religiosa, como por ejemplo en el Valle de México, pero en Puebla el fenómeno es más acentuado y más claro.

     La participación que el pueblo tuvo en las obras arquitectónicas poblanas imprimió a éstas un sello muy peculiar que las distingue del resto del país por su espontaneidad, su policromismo, su carácter esencialmente pintoresco y, desgraciadamente, también por su mala construcción. Aunque los albañiles de Puebla fueron desde la construcción. Aunque los albañiles de Puebla fueron desde la época colonial famosos por su habilidad –habilidad que todavía se manifiesta en nuestros tiempos- no era posible, dada la cantidad de templos que se levantaron y la rapidez con que construyeron, que fuesen sólidamente construidos.

     Con muy raras excepciones, entre las cuales pueden contarse la Catedral de la ciudad de Puebla, San Francisco, San Andrés, en Cholula, Huejotzingo y algunas pequeñas iglesias de diversos pueblos del Estado, y muy especialmente los de la capital, están ya muy destruidos a consecuencia de la mala calidad de los materiales y de la participación con que éstos fueron empleados. Iglesias importantes como El Carmen en Puebla, la Parroquia de Atlixco y casi todas las iglesias de esta última población, la mayoría de las iglesias de Cholula, con excepción de la Lateranense, parecen tener veinte siglos de existencia; y son cosas de ayer comparadas con las iglesias italianas o españolas construidas hace muchos siglos y cuyo estado de conservación, a pesar de su antigüedad, no es comparable con el deterioro de las construcciones que nos ocupan.

     Por otra parte, como el decorado interior fue hecho frecuentemente en madera, y ésta no siempre estuvo suficientemente seca o bien preparada, y como además, la estructura misma de ese decorado era poco sólida, es fácil notar signos muy generales de deterioro en altares, colaterales, ornamentaciones de cúpulas, órganos y decorados de muros.

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     Algunas Iglesias presentan ya de deterioro, que están convirtiendo rápidamente en ruinas los templos poblanos, debe agregarse el constante saqueo que en ellos verifican, al amparo del clero, turistas, anticuarios y agentes de los museos americanos.

     De las cuatrocientas y tantas iglesias que tiene Puebla, apenas hay cuatro o cinco cuyas pinturas conservan hermosos marcos del Seiscientos y del Setecientos. La enorme mayoría de las pinturas está ahora colgada en las paredes, sin marco, de los cuales conservan todavía las huellas. Una gran parte de los altares, de los colaterales, de los nichos están incompletos: les faltan multitud de santos y adornos que les han sido quitados para venderlos, casi siempre a muy bajo precio. Las ricas vestiduras de las imágenes, entre las cuales había algunas magníficas, han sido vendidas por unos cuantos pesos. El año pasado yo he presenciado esto en una iglesia de Puebla. Un amigo mío, que buscaba una tela preciosa para regalarla a su mujer, me dijo mientras visitábamos el templo, si yo había visto un ornamento bonito. Yo pasé mi mirada por las imágenes que había en los nichos y distinguí una virgen cobijada con un rico manto de brocado blanco.

   -Compra esa tela –le dije- me parece que es excelente.

  -Pero, ¿cómo es posible, me contestó, que vayan a despojar a la virgen de su manto?

   -Ya verás, le dije, vamos a ver a estos santos varones que cuidan el templo, que a más de ser curas son españoles.

     Y fuimos a la Sacristía y le dijimos a un fraile dominico que le dábamos cien pesos por el manto dela virgen.

     Y el santo varón cogió una escalera, subió al altar, desnudó a la virgen y nos entregó el manto –un espléndido brocado italiano del siglo XV, de un gran valor, por cien miserables pesos.

     A pesar de que la Inspección de Monumentos Artísticos y la dirección de Bienes Nacionales han tomado enérgicas medidas para reprimir estos abusos, los despojos a los templos continúan verificándose.

    Por las observaciones que anteceden el lector comprenderá que, bajo la acción del tiempo y de la rapiña, la riqueza de las iglesias poblanas y en general delas de todo el país va desapareciendo rápidamente.

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    En lo que atañe la cuestión puramente plástica, el lector habrá podido darse cuenta, por las reproducciones fotográficas y los croquis de las páginas anteriores, del aspecto casi siempre improvisado delas pequeñas iglesias y del carácter fastuoso de las decoraciones interiores. La arquitectura poblana es espontanea, alegre, y usa el color como un complemento indispensable. Se ha procurado dar a los croquis en negro y en color un carácter de estrecha relación con el aspecto “pintoresco” de las construcciones poblanas.

      De toda la arquitectura que se produjo en México, de 1600 a 1780, la poblana puede dar una serie de motivos muy importantes para la construcción y ornamentación de salas de conferencia, pabellones de exposición y para determinar la ornamentación policroma de edificios civiles o de simples casas, en su exterior. Este estudio podría evitar la serie de barbarismos que se cometen constantemente en nombre del arte colonial, y que se derivan exclusivamente de una completa incomprensión del espíritu y de la técnica que guió, y que emplearon los anónimos constructores del Setecientos.

El presente texto fue tomado del libro “Iglesias de México, tipos poblanos” de Dr. Atl y las fotografías son de Guillermo Kahlo. Éste fue editado por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego de la BUAP en el año 2000. 

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