OCTAVIO PAZ: A DOS AÑOS DE SU AÑO

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octavio-paz-01Por Eduardo Pineda

Con los ojos siempre de ida al cielo y de vuelta a la tierra de su México, del país de las desgracias, las esperanzas, los ensueños, la realidad trastocada por la nunca más región transparente de Fuentes o por los desiertos donde se libran las batallas escolares de José Emilio, Octavio Paz no solo anduvo por Mixcoac, Coyoacán o las calles grises ensombrecidas por los palacios relucientes del Centro Histórico de la Ciudad de México. Con la mirada de un hombre que escribió en círculo sobre la Piedra de Sol y la agudeza espiritual de la exploración del ser del mexicano que se introduce en El Laberinto de la Soledad e incluso va de vuelta a él, Paz alcanzó los confines de nuestro país, fue y vino del río Bravo adentrándose en la frontera compartida con la nación icónica del nihilismo en la explicación del cholo y ascendió a lo más alto de la pirámide del Sol en Teotihuacán para contemplar a los muchachos que fuman marihuana en el ocaso mientras tocan las desafinadas guitarras de la juventud en el Himno Entre Ruinas.

un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado mas danzante,

un caminar de río que se curva,

avanza, retrocede, da un rodeo

y llega siempre:

Aún no sé si así empieza o así termina la mágica y revoloteante Piedra de Sol, la que asemeja a la mujer del imaginativo en Paz con el resplandor de la plaza pública y la majestad y belleza de las cúpulas eclesiásticas; pero la obra cíclica del poeta y ensayista es una serpiente que se muerde la cola pero no se envenena a sí misma. Quizá, eso es México, quizá el México de la soledad y arropo, del recogimiento frente a las veladoras de una ofrenda que iluminan a las calaveras dulces que se ríen de la inevitable muerte de los que rezan por el alma de las animas al tiempo que comparten el dulce de calabaza, la fiesta que sugiere el papel picado y las olorosas flores naranjas y amarillas entre el inescrutable humo incensario… tal vez este país que vive y muere en el desconcierto y la contradicción festiva es, igualmente circular y aunque se muerde, tampoco se envenena.

El problema por el tiempo y la temporalidad humana ¡valga si exista otra! Condujeron al ilustre premio Nobel a la Capilla Guadalupana del antiguo Palacio de Minería. Ahí, sentado entre Salvador Elizondo y Jorge Luis Borges al disponerse a conducir “La poesía en nuestro tiempo” para la televisión local, examinó aquel “nuestro tiempo”. Si nuestro tiempo es el presente,  éste sugiere la existencia de un tiempo más vasto que contiene al actual, las relaciones de la poesía con el tiempo son singulares –decía el poeta mexicano –, a veces he pensado –continuaba– que la poesía es la memoria, Aristóteles pensaba que la poesía es lo posible verosímil, la historia se ocupa de lo que fue, la filosofía de lo que es y la poesía de lo que podrá ser…

Vemos en Paz a un hombre que trascendió la escritura artística de la poesía a una disertación filosófica, no solo sobre el tiempo, sino sobre otros aspectos de la realidad como el ser de un pueblo y el hacer de una época. Criticó enérgicamente al siglo del envilecimiento del amor, el dinero y el cuerpo, extrañó las épocas pasadas como la Europa de la ilustración o los pueblos mediterráneos del renacimiento. Sin temor a errar, explicamos la capacidad del poeta para reflexionar profundamente mediante la rima, la métrica y la prosa por la conjugación de una costumbre por observar y preguntar ante el asombro y un conocimiento y uso singular del idioma español (aunque no fue el único que conocía el poeta), la idea de la inexistencia de la sinonimia en nuestra lengua madre, derivó en que la obra vastísima de Octavio Paz contuviera la claridad de pensamiento y facilidad discursiva que le caracterizó durante y después de la vida.

Contó Elenita, al recibir el Cervantes de Literatura frente a los Reyes de España, que en una ocasión Octavio Paz fue de visita a la casa de un amigo, tras tocar el portón de la casa pudo entrever la figura de la sirvienta que antes de preguntar ¿Quién? Grito: ¡No hay nadie! A lo que Paz respondió: ¿No hay nadie, y entonces tú, quién eres? Derivado de este encuentro el poeta escribió “Los nadie” donde nos muestra a esos, a ellos, a estos que, según las remanentes ideologías inquisitivas colonizadoras son “nadie”.

Como hijos de la revolución burguesa que se suscitó en México a principios del siglo pasado, Octavio Paz, José Vasconcelos, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y otros artistas e intelectuales más de su generación, sentaron las bases y allanaron el terreno donde correría la tinta de Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Carlos Pellicer, Elena Poniatowska, Juan Rulfo, Elena Garro y muchos otros.

Se exploraría el México rural donde arde “El Llano en Llamas” y donde un hombre mata a su mujer e hijo nonato convirtiendo una choza en “El Rastro” y también la urbe nacional donde no acaba “La Muerte de Artemio Cruz” y “Aura” vive siempre misteriosa en la inexistente pero posible casa de la calle Donceles. La crónica de la ciudad, gigante megalópolis capitalina donde caben y se excluyen  todos los Méxicos, fue narrada por sus testigos que murieron en “La Noche de Tlatelolco” y prefirieron “El Universo o Nada” y“La Piel del Cielo”. La crítica política y las corrientes de los ríos de protesta de la década de los años sesenta hicieron rodar ramas, piedras, arcillas y una vitalidad infatigable en los Taibo, en Eduardo del Río (Rius), en Germán Dehesa y un sinfín de moneros, escritores y escritores-moneros que por su anonimato no logro mencionar pero que por su protagonismo si logro recordar.

Comparto con ustedes los desvaríos a los que me conduce la literatura y les exhorto a enloquecer un poco mediante las líneas y las entrelíneas de algunos de los libros que se han escrito, para esperar así, los que aún no se escriben. Hasta la próxima ¡Sigamos dudando juntos!

eduardopinedav@ymail.com

Eduardo Pineda Biólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Conduce el programa "La Duda Metódica" en su canal de YouTube: Eduardo Pineda. Divulgador de ciencia y huamanidades, ha colaborado en el CUPS y la DGB de la BUAP. Actualmente colabora con temas de filosofía y literatura los sábados por la noche en el programa "Veladas Literario Musicales" de la HR (1090 de AM) y en Lobo Radio (www.loboradio.mx) los viernes por la mañana. Conduce junto a Exal Muñoz el programa El Sendero de los Sauces en el 107.1 FM Vanguardia Radio en la Cd. de Huejotzingo, Puebla. Se desempeña también como responsable de Vinculación Internacional en la Secretaría de Vinculación de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo e imparte cursos, talleres y conferencias acerca de ciencia y humanidades.

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