Fenomenología del conocimiento

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El conocimiento humano toca tres esferas: la del sujeto, la del objeto y la de la imagen. Cuando se trata del sujeto, la psicología estudia la forma de conocer de éste, pero ignora la concordancia de la imagen y las cualidades del objeto. Respecto a la imagen la lógica aborda dicha concordancia pero ignora al sujeto como elemento cognoscente y al objeto en sí. En lo que toca al objeto en cuanto a su ser en sí, la ontología puede hacerse cargo, sin embrago no considera ni la concordancia de la imagen ni el proceder del sujeto, por ello ni la psicología, ni la lógica, ni la ontología pueden estudiar el conocimiento. Es aquí donde surge otra disciplina: (en palabras de Nicolai Hartmann citado en la obra de Ricardo Maliandi) la gnoseología  o (según J. Hessen) la teoría del conocimiento, que es precisamente la que nos disponemos a abordar.

contemplacion (1)

Antes que nada debemos distinguir al método fenomenológico del psicológico en tanto hablamos del conocimiento; puesto que el primero aborda al mismo desde su estructura general, esencial. Y el segundo desde su construcción individual, los procesos psíquicos concretos en su curso regular y su conexión con otros procesos.

Al realizar una investigación fenomenológica respecto a la teoría del conocimiento debemos conceptualizar el término teoría como una interpretación y explicación filosófica de los fenómenos, si el fenómeno que nos compete es el conocimiento, entonces la teoría  del conocimiento es una interpretación y explicación del conocimiento.

En el fenómeno del conocimiento reconocemos a la conciencia y al objeto, es decir, al sujeto y al objeto, el sujeto es entonces la parte cognoscente (que posee conciencia y por ello pude conocer) y el objeto es el elemento a conocer; destacando que ambos son lo que son, sujeto y objeto en tanto son él para el otro. Distingamos que, el sujeto cognoscente no lo es, si no existe un objeto a conocer; ni el objeto lo es si no es cognoscible para un sujeto que se dispone a conocerlo, (J. Hessen, 1925).

Así, podemos concluir hasta aquí, que el papel del sujeto es  aprehender el objeto y el del objeto es ser aprehensible por el sujeto y que nunca un sujeto podrá ser objeto al mismo tiempo y en el mismo sentido ni viceversa, en relación al otro.

Partiendo del sujeto esta aprehensión se da como sigue: éste abandona su propia esfera, es decir sale de ella e invade la esfera del objeto haciéndose de las propiedades del mismo, en este proceso no ocurre que, el objeto entre a la esfera del sujeto, no, el objeto permanece sin cambio, por el contrario, el sujeto experimenta un cambio por obra de la función del conocimiento, el sujeto ahora posee la imagen del objeto que le fue dada mediante las propiedades que de éste se apoderó. En este proceso, el objeto es el determinante, el sujeto el determinado. El conocimiento puede definirse, por ende, como una determinación del sujeto por el objeto. Pero lo determinado no es el sujeto pura y simplemente, sino tan sólo la imagen del objeto en él. Esta imagen es objetiva, en cuanto que lleva en sí los rasgos del objeto. Siendo distinta del objeto, se halla en cierto modo entre el sujeto y el objeto. Constituye el instrumento mediante el cual la conciencia cognoscente aprehende su objeto.

En tanto para la filosofía de J. Hessen el problema radica en la construcción de la imagen del objeto ante el sujeto y la existencia de uno en correspondencia con el otro, para la filosofía clásica alemana representada en Kant, el problema es cómo ocurre la aprehensión de la imagen del objeto por parte del sujeto cognoscente, la cual se da a priori y a posteriori; entendiendo a priori como las intuiciones y conceptos puros que no han pasado por el “filtro” de la experiencia ni han sido repensados y a posteriori como aquellos que son producto del empirismo.

Ahora bien, acerca de la naturaleza de los objetos, éstos pueden ser tanto reales como ideales, los objetos son reales cuando nos son dados en la experiencia externa o interna o se infieren de ella, son ideales cuando son meramente pensados, es decir son irreales, no pertenecen a la realidad pero sí a nuestro pensamiento, en este sentido podemos esclarecer el problema de la distinción semántica y filosófica entre realidad y existencia, para lo cual se propone volcar el estudio hacia la filosofía de Kierkegaard, quien asegura que “la existencia corresponde a la realidad singular (como ya antes había afirmado Aristóteles). Para un ser en particular, la existencia es algo decisivo,  un hombre en particular no tiene por cierto una existencia conceptual sino tan solo particular”.  En tanto que la realidad, según Aristóteles se corresponde a todo aquello fuera del que la contempla, así, el cuerpo del contemplativo pasará a la realidad al ser también contemplado, el contemplativo si se contempla a sí mismo se notará dentro de la realidad y si no lo hace se entenderá fuera de ella, aunque este “estar fuera” sea tan solo su existencia ficticia fuera de la realidad por causa de no contemplarse a sí mismo en su ejercicio.

Así, a los pensamientos sobre irrealidades les llamamos abstracciones, los números por ejemplo son una abstracción de la realidad y no están en ella, solo en nuestro pensamiento, sin embargo, ellos poseen cualidades autónomas al pensamiento, así como las relaciones ente ellos, por eso a pesar de ser ideales son objetos (en el sentido amplio fenomenológico que hemos visto aquí y no en el sentido físico que se puede intuir de las ciencias duras), son autónomos y poseen propiedades que el sujeto puede aprehender durante el fenómeno del conocimiento, en este caso el conocimiento matemático.

 

La determinación del sujeto por el objeto durante el fenómeno del conocimiento puede verse invertida si durante este fenómeno el sujeto emprende una acción sobre el objeto en lugar de solo una concepción del mismo, es decir, no se limita a la contemplación. Entonces el objeto se determinará por el sujeto; por ello la acción es distinta e incluso contraria al conocimiento.

 

Si el sujeto y el objeto (sea real o ideal, es decir, sea real o tan solo exista, en términos de Kierkegaard) se encuentran en correlación durante el fenómeno del conocimiento siendo que el sujeto aprehenderá las propiedades del objeto, podemos considerar que todo conocimiento es verdadero, si fuese falso no sería conocimiento, pues al no apoderarse el sujeto de las propiedades del objeto no se completaría el proceso del conocimiento, es decir el sujeto no conocería al objeto, entonces cualquiera que sea la cosa que se diga del objeto y que no corresponda a sus propiedades es solo un error o una ilusión. Según lo dicho, la verdad radica en la concordancia de la imagen con el objeto, es una relación. Aún incompleto, el conocimiento es verdadero si la imagen obtenida del objeto es una representación del mismo, la verdad no requiere ser completa, solo concordante. Sin embargo, para aclarar este punto debemos decir que, todo conocimiento es verdadero por su propia esencia y, de hecho, para serlo, más no todo lo que creemos conocer es verdadero pues no tenemos certeza de que nuestras conclusiones o aseveraciones sean realmente producto de un conocimiento, es decir, no sabemos si estamos frente a un error, una ilusión o un conocimiento, para saberlo requerimos el criterio de verdad que en estas líneas no abordaremos.

 

Si no todo lo que creemos conocer deriva del conocimiento en sentido estrictamente filosófico, tal y como lo hemos esclarecido, cabe la pregunta ¿cuáles otras formas de abordaje del sujeto sobre el objeto podríamos encontrar fuera del conocimiento estricto? Al respecto Juan Villoro, filósofo mexicano del siglo XX propone distinguir entre creer, saber y conocer en su obra del mismo nombre poniendo el acento en que casi todo el tiempo el sujeto cree las propiedades del objeto más no las conoce pues no las aprehende por causas distintas que en la obra se abordan.

 

 

La investigación fenomenológica constituye como ya lo hemos experimentado una mera descripción del fenómeno, en este caso el del conocimiento, más no proporciona una explicación e interpretación del mismo, una cosa es describir y otra muy distinta explicar; por ello es que recurrimos a la teoría del conocimiento para explicar este fenómeno y en este trabajo en particular el del conocimiento biológico. Podemos entonces iniciar nuestra investigación sobre teoría del conocimiento o gnoseología preguntándonos ¿Puede el sujeto realmente aprehender el objeto? Es decir la posibilidad del conocimiento humano. Ahora bien, considerando al hombre como el sujeto debemos pensar en el hombre como un ente dual: racional  y sensible, es decir que piensa (produce ideas) y siente (experimenta con los sentidos); entonces llegamos a una segunda cuestión: ¿Es la razón o la experiencia la fuente del conocimiento humano? Es decir el origen del conocimiento humano. Respecto a la determinación del sujeto por el objeto durante el conocimiento y la determinación del objeto por el sujeto durante la acción podemos preguntarnos si efectivamente estas concepciones son justas o si podemos considerarlas a la inversa, entonces, al investigar dichas determinaciones nos encontramos con un problema más: la esencia del conocimiento humano.

Eduardo Pineda Biólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Conduce el programa "La Duda Metódica" en su canal de YouTube: Eduardo Pineda. Divulgador de ciencia y huamanidades, ha colaborado en el CUPS y la DGB de la BUAP. Actualmente colabora con temas de filosofía y literatura los sábados por la noche en el programa "Veladas Literario Musicales" de la HR (1090 de AM) y en Lobo Radio (www.loboradio.mx) los viernes por la mañana. Conduce junto a Exal Muñoz el programa El Sendero de los Sauces en el 107.1 FM Vanguardia Radio en la Cd. de Huejotzingo, Puebla. Se desempeña también como responsable de Vinculación Internacional en la Secretaría de Vinculación de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo e imparte cursos, talleres y conferencias acerca de ciencia y humanidades.

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