El servicio social en la BUAP

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Por F. Humberto Sotelo Mendoza y Miguel Ángel Ruiz Sarmiento

JustoSierra

Justo Sierra Méndez, participó en las brigadas literarias de Ignacio Manuel Altamirano, fue profesor de la escuela nacional preparatoria y secretario de administración pública de Bellas Artes. Promovió la fundación en 1910 de la UNAM. Escritor y poeta. Viñeta tomada de Gran Historia de México Ilustrada, editada por Planeta DeAgostini, conaculta.inah p. 236.

El servicio social es una forma de vinculación de la universidad con la sociedad, establecida tanto con el objeto de que los universitarios se compenetren con los problemas y las necesidades del país e incrementen sus conocimientos, como con el propósito de que le retribuyan a la sociedad los beneficios que recibieron por haber cursado una profesión que les permitirá ganarse la vida.

Parece haber consenso en el sentido de que la primera medida o expresión legal del mismo en nuestro país se encuentra en el decreto emitido por el Congreso de la Unión el 17 de febrero de 1885, mediante el cual se creó una escuela normal de profesores de instrucción primaria, a la que —el 2 de octubre del año siguiente— se le creó un reglamento en el que se establecía que sus egresados harían servicio obligatorio al Estado durante tres años después de terminada la carrera (1). Esta disposición, sin lugar a dudas, abrevó en la Ley Orgánica de Instrucción Pública del Distrito Federal de 1867, en el que se establecía que la ilustración del pueblo era el medio más eficaz para consolidar la libertad y el respeto a la Constitución y las leyes (2).

En 1910, al impulsar el proyecto de creación de la Universidad Nacional, Justo Sierra introduce la idea de que la educación superior debía aportar soluciones a las necesidades sociales y a la problemática del país, vislumbrando así lo que habría de ser el servicio social , empero tal planteamiento no llegó a cristalizar debido a las vicisitudes que trajo consigo el estallido de la Revolución de 1910. Al triunfo de la misma no pocos de los principales grupos y caudillos del movimiento armado se percatan de la importancia que reviste la participación de los universitarios y de los intelectuales en los proyectos sociales del nuevo régimen, como es el caso del presidente Álvaro Obregón, quien decide incorporar a su gabinete a José Vasconcelos con el propósito de impulsar un ambicioso proyecto encaminado a poner en marcha un “programa regenerador de la educación pública”. Tal proyecto fue saludado con entusiasmo no sólo por los universitarios de la época sino también por amplios sectores de intelectuales y profesionistas, quienes pasan a desempeñar un papel fundamental en la “cruzada educativa”—como le denomina John Skirius— que puso en marcha el autor de Ulises Criollo (3), ora participando activamente en las jornadas alfabetizadoras, ora promoviendo en las comunidades los libros de autores clásicos publicados por la Secretaría de Educación Pública, ora colaborando con las autoridades para crear los cimientos del sistema educativo de la Revolución.

En 1929, al conquistarse la autonomía de la Universidad Nacional, las principales organizaciones universitarias retomaron el planteamiento de Justo Sierra acerca de la necesidad de que la universidad aportara soluciones a los grandes problemas nacionales, pugnando en consecuencia por el establecimiento del servicio social. Sin embargo, no logró avanzarse en lo concerniente a sus límites de obligatoriedad, su organización y sus objetivos (4). De todos modos se dieron pasos importantes en materia de normatividad, tal como sucedió en la UNAM, en donde se establecieron los primeros lineamientos y acciones sobre lo que debería ser un servicio social obligatorio, especialmente para los estudiantes del área de la salud.

GustavoBazPrada

Gustavo Baz Prada. Director de la Escuela Nacional de Medicina, médico militar, doctor de la UNAM, secretario de salud de asistencia en el régimen de Manuel Ávila Camacho, gobernador del Estado de México, doctor honoris causa por la UNAM. En 1978 recibió la medalla Belisario Domínguez otorgada por el Senado de la República. Foto e información, tomado del Diccionario Enciclopédico de México, p.182.

Un hito decisivo para el desarrollo del servicio social en México se presenta en 1936, cuando el entonces director de la Escuela de Medicina de la UNAM, Gustavo Baz Prada, firma un convenio con el Departamento de Salud Pública en el que dicho centro de estudios se comprometió a formar una brigada multidisciplinaria de servicio social conformada por estudiantes de medicina, arquitectura, ingeniería, y derecho, que se daría a la tarea de atender a diversas comunidades del interior del país. Habría que subrayar al respecto que el primer sitio al que se dirigió la brigada de referencia fue a Atlixco, Puebla, a solicitud de la Federación Obrera de la Industria Textil de dicha población. Los estudiantes brindaron servicio médico gratuito a unas 5 mil personas, principalmente de procedencia obrera y campesina (5).

No disponemos del espacio suficiente como para comentar en detalle las vicisitudes e indefiniciones que padeció el servicio social en años posteriores. Baste señalar que en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta se aprobaron algunos ordenamientos que le dieron una mayor coherencia a dicha práctica —resalta al respecto el acuerdo publicado el 30 de diciembre de 1944 en el Diario Oficial, en el que concibe como un servicio temporal y profesional que los pasantes deben cumplir satisfactoriamente en beneficio del país por un periodo no mayor de dos años ni menor de seis meses (6) —, pero que no lograron despejar el cúmulo de indefiniciones,

lagunas y ambigüedades jurídicas que venía arrastrando desde su génesis. No fue sino una fecha relativamente reciente, en marzo de 1981, cuando el gobierno federal decidió abordar a fondo la cuestión del servicio social, expidiendo al respecto un Reglamento para la Prestación del Servicio Social de las Instituciones de Educación Superior en la República Mexicana, el cual, entre otras cosas, crea una Comisión Coordinadora del Servicio Social de Estudiantes de las Instituciones de Educación Superior, que opera con las instituciones dependientes del gobierno federal y con las instituciones reconocidas por éste, y, por la vía de convenios, se aplica también a las instituciones estatales 7.

(1) Rodríguez López, Yolanda; Limones Muñiz, Rosa María; Ruíz Sarmiento, Miguel Ángel, et. al., “Antecedentes históricos del servicio social en México”, en Caminos y rumbos del servicio social en México, Universidad Iberoamericana, Universidad Intercontinental, Universidad Pedagógica Nacional, México, 1997, p. 15.

(2) Ruíz Sarmiento, Miguel Ángel, “Orígenes del servicio social en la universidad”, Gaceta Universidad, órgano oficial de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Año VIII, No. 3, marzo de 1987, p. 26.

(3) Skirius, John, La Otra Cruzada, Siglo XXI, México, 1982, p. 69.

(4) Caminos y rumbos del servicio social en México, Op. Cit., p. 17.

(5) Ibid., p. 18.

(6) Ibid., p. 19.

(7) Arce Gurza, Francisco, “El inicio de una nueva era, 1910-1945”, en Mladi Bazant, Anne Staples et. al., en Historia de las profesiones en México, SEP, el Colegio de México, México, 1982, p. 235.

Génesis y desarrollo del servicio social en la BUAP

Manuel L. Márquez, rector de la UAP de 1937 a 1938.

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Manuel L. Márquez, rector de la UAP de 1937 a 1938

Desde los tiempos que se remontan al Colegio del Espíritu Santo los estudiantes de nuestra institución realizaban labores de asistencia social, acicateados inicialmente por el espíritu humanitario de los jesuitas y por la pléyade de humanistas, científicos y artistas —Carlos de Sigüenza y Góngora, Francisco Javier Clavijero etc.— que surgió en nuestro centro de estudios en el siglos XVII y XVIII; después por los hombres de pensamiento liberal que dejarían una impronta imborrable en nuestro centro de estudios —Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, “el Nigromante”, etc.— y, posteriormente, en los albores del siglo XX, por los profesores y estudiantes del Colegio del Estado que decidieron incorporarse al movimiento encabezado por Francisco I. Madero, participando intensamente en la lucha revolucionaria, participando como oradores y propagandistas, ora auxiliando a los heridos en las batallas que surgieron contra la dictadura.

Sin embargo el servicio social, en la acepción moderna del término, comenzó a vislumbrarse en 1937, en vísperas de la transformación del Colegio del Estado en Universidad de Puebla. Al entonces director del Colegio —y también primer rector de la Universidad— Manuel L. Márquez , le corresponde el mérito de haber establecido las bases del servicio social en nuestra institución, promoviendo al respecto iniciativas tales como el Bufete Popular, la Botica del Pueblo y, al interior de ésta, un Consultorio Médico, instancias que se dedicaron a servir a las personas de escasos recursos . El 19 de julio del mismo año, ya transformado el Colegio en Universidad de Puebla, el Consultorio Médico comenzó a brindar servicio social, atendido por los primeros pasantes de la carrera de médico cirujano y partero de la institución. Ellos fueron Julio Glockner —quien llegó a jugar un papel muy relevante en el movimiento de reforma universitaria que estalló en 1961—, Roberto González Campusano y Paulino Rosas Díaz (1).

En esa primera etapa —que reiteramos, se inicia en 1937— son principalmente los estudiantes del área de la salud los que realizan actividades de servicio social, tal como sucedió a nivel nacional. Este hecho, sin duda, fue una expresión inequívoca del interés de los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana por crear un sólido sistema de salud a nivel nacional, lo cual exigió de la participación de los pasantes de medicina de todo el país, a quienes el Estado absorbía no sólo a través de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, sino también a través de todas las instituciones vinculadas —directa o indirectamente— con el sector salud, como es el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Petróleos Mexicanos, Ferrocarriles Nacionales de México, etc. De esta forma se trató de incorporar al servicio social a todos los egresados del área de medicina (2).

La segunda etapa del servicio social en nuestra institución podríamos ubicarla a partir de 1963, durante el rectorado de Manuel Lara y Parra (1963-1965), en cuya gestión se crea el Estatuto Universitario (15 de noviembre de 1963), en cuyo artículo 11 se establecía que las funciones de extensión y difusión universitarias estarían a cargo de los departamentos de extensión universitaria, de bellas artes, de bibliotecas, de idiomas, y del departamento de sub-profesionales y de post-graduados.

Unos meses antes, en febrero de 1963, el Congreso Local había aprobado la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Puebla.

Manuel Lara y Parra, rector de la UAP de 1963 a 1965

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Manuel Lara y Parra, rector de la UAP de 1963 a 1965

Lara y Parra se distinguió por su interés en ensanchar a todas las carreras universitarias la prestación del servicio social. En un primer momento se dio a la tarea de formalizar un convenio que había firmado la institución con la SSA —siendo rector Manuel Santillana Márquez— en el que se señalaba que los pasantes de la escuela de medicina realizarían servicio social en los pueblos y comunidades señalados por dicha dependencia. Al principio los estudiantes se opusieron enérgicamente a dicho convenio, pero el rector se dio a la tarea de convencerlos señalándoles, entre otras cosas, “que el pasante de cualquier carrera, al salir a enfrentarse a la vida real, no era ningún profesionista cabal, y que el servicio social ayudaría a poner en práctica los conocimientos adquiridos en la escuela” (3).

Fue así como los pasantes de medicina aceptaron trasladarse a las comunidades más remotas del estado, experiencia que ciertamente les permitió —como les dijo Lara y Parra— aplicar sus estudios en el terreno de la práctica, aparte de contribuir de manera notable a cristalizar los proyectos del gobierno en el terreno de la salud pública. A partir de entonces el servicio social fue estableciéndose paulatinamente en las diversas escuelas universitarias (4).

La tercera etapa del servicio social —a partir de la cual podríamos aseverar que el mismo encuentra una configuración más plena— se inicia en febrero de 1972, cuando el entonces rector Martín Carbajal Caro toma la determinación de trasladar la dirección del servicio social al Departamento de Extensión Universitaria, con el objeto de organizar y planear de manera más efectiva esta expresión del quehacer universitario (5). En años anteriores la gestión del servicio social había estado a cargo del Departamento Escolar, instancia que no podía —dada la complejidad y laboriosidad de sus funciones propias— desempeñar dicha tarea al pie de la letra.

No es de ninguna manera casual que haya sido en la fecha de referencia cuando surge tal iniciativa: en 1972 estalla una nueva fase del proceso de reforma universitaria iniciada en 1961, suscitándose nuevamente —al igual que en este año— una vehemente embestida de los sectores más retardatarios de Puebla contra la UAP, hecho que propicia que los universitarios se vean ante la necesidad de establecer todo un cúmulo de vínculos con los movimientos sociales —de colonos, de ambulantes, de campesinos, de obreros, etc.— que habían estallado en esa etapa como reacción ante la crisis económica que se presenta en ese año y, sobre todo, como respuesta ante el autoritarismo del gobierno estatal, quien lejos de preocuparse por resolver las demandas que

enarbolaban dichos movimientos, intentó aplastarlos por la vía de la fuerza pública. Frente a esta situación, tanto los universitarios como las organizaciones populares comprendieron que la única forma de detener la ofensiva de las organizaciones derechistas y del gobierno era uniendo sus fuerzas. Es así como surge en julio de 1972 el Frente Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular (FOCEP), quien desempeñó un papel de vital importancia en la defensa de la UAP (6).

En ese contexto, cientos de universitarios se dan a la tarea de formar brigadas para brindar servicio social, tanto en las ciudad de Puebla como en las comunidades más apartadas de la entidad, estableciéndose así una forma de vinculación de la UAP con el pueblo que a la postre creó las condiciones para que la institución se diese a la tarea de organizar de manera más adecuada dicha expresión del quehacer universitario (7).

Martín Carbajal Caro, rector de la UAP de 1971 a 1972.

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Martín Carbajal Caro, rector de la UAP de 1971 a 1972

En febrero de 1972, el rector Carbajal Caro nombra a Enrique Cabrera como director del Departamento de Extensión Universitaria y Servicio Social, uno de los líderes más destacados del movimiento de reforma, quien procedió de inmediato a reorganizar dicha instancia, involucrando a cientos de universitarios en las tareas que exigía tal objetivo.

Al ser electo rector de la UAP Sergio Flores Suárez —quien también había desempeñado un papel notable en el proceso de reforma universitaria—, el 10 de junio de 1972, éste confirma en su cargo a Enrique Cabrera, y de consuno impulsan diversas iniciativas audaces que ensancharon las bases del servicio social en la UAP. Así, por ejemplo, a mediados de septiembre del año citado, la institución firmó un convenio con el gobierno federal, por conducto de la Secretaría de Obras Públicas, representada por su titular ingeniero Luis E. Bracamontes, en el que se establecía que: “(la SOP) ha decidido encomendar a la Universidad la realización de estudios técnicos en materia de anteproyectos, proyectos y trazos, estudios específicos que se llevarán a cabo con cargo a la parte ‘Honorarios’ de su presupuesto de egresos. La secretaría estima conveniente y la Universidad está de acuerdo con ello, en que la realización de los estudios técnicos se utilicen los servicios de pasantes en la carrera de… ya que con esta intervención se les proporcionará a los mencionados pasantes práctica, y además los estudios que hagan podrán servirles de temas para sus estudios profesionales” (8). En dicho proyecto participaron pasantes de las escuelas de Ingeniería Química (50), Arquitectura (13), Ciencias Económico Administrativas (16), Economía (17), Ciencias Químicas (8), Administración de Empresas (8), Ingeniería Civil (7), Filosofía y Letras(1). Total, 120 (9).

Podríamos aseverar, sin temor a equivocarnos, que la labor desarrollada por Enrique Cabrera —con el respaldo total del rector Sergio Flores Suárez— fue fundamental para el establecimiento de las bases de lo que hoy es el servicio social de la BUAP.

En 1972 se crea el primer Centro Multidisciplinario de Servicio Social en la población de Tetelilla, en la Sierra Norte, a través del cual se promovieron iniciativas de atención y promoción de la salud a los habitantes de la región, y actividades encaminadas al desarrollo económico y social de la misma, como lo fue el trazo del camino y los primeros estudios para la construcción del puente sobre el río Zempoala, para comunicar a Tetelilla con Huehuetla (10).

Maestra, Psicóloga Rosalba Henao Castillo, directora del Servicio Social de la buap.

Pese a las vicisitudes que enfrentó la institución en ese periodo, las actividades del servicio social continuaron fortaleciéndose. Así, por ejemplo, en 1974 la UAP promueve el Primer Laboratorio Social, con el propósito de diversificar y profundizar las actividades de servicio social. La primera comunidad en que se aplica dicho proyecto fue el “El Tenexate”, en la Sierra Norte, integrada por solicitantes de tierra.

En 1975 el ingeniero Luis Rivera Terrazas se presentó como candidato a rector de la institución enarbolando un programa de Reforma Universitaria en el que retomaba y profundizaba los planteamientos acerca del servicio social y la extensión, señalando que éstas actividades deberían ser “una actividad permanente y a todos los niveles, y no algo parcial y circunscrito a algunos departamentos especializados”.

Una vez que la comunidad universitaria lo elige como rector, se ponen en marcha diversos proyectos e iniciativas encaminadas al fortalecimiento del servicio social. Así, en los años de 1975 y 1976 se crean sendos laboratorios sociales en Acajete, y en la colonia popular Emiliano Zapata, de la ciudad de Puebla. De 1977 a 1981 se crean centros de Extensión Universitaria en Amatlán, Zoquiapan y Buenavista, Ayotoxco en la Sierra Norte; en San Buenaventura Nealtican; Santa Ana Coatepec y San Juan Huiluco en Huaquechula; en la cabecera municipal de Tecamachalco y en las comunidades de Rubén Jaramillo, Pino Suárez y Francisco Villa del mismo municipio; Tlacamilco, Acajete y en las colonias Gonzalo Bautista y 27 de septiembre de la ciudad de Puebla, sumando un total de 15 centros.

En los años de 1981 a 1987 los mencionados centros de Extensión Universitaria se transforman en clínicas periféricas del Hospital Universitario de la UAP, dejando de lado las actividades multidisciplinarias para dedicarse exclusivamente a ofrecer servicios de atención a la salud. Esto no implicó, sin embargo, que la institución dejara de sostener vínculos con el sector social: más bien se establecieron nuevas formas de relación con el mismo. Así, entre 1982 y 1987 se firmaron convenios con algunas de las principales organizaciones sociales de la entidad, entre ellas la cooperativa Tosepan Titataniske, la Unión Regional de Pequeños Productores de Café de la Sierra Norte, la cooperativa Tacame Tequitini, y la Federación Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (FIOAC). A través de estas organizaciones, la UAP brindó servicio social a cerca de 100 comunidades (11). También inicia un proceso de vinculación con el sector público que permite la firma de numerosos convenios con diversas dependencias.

A partir de 1986 comienza a decrecer el número de clínicas, debido principalmente a la escasez de recursos. Las pocas que sobreviven lo logran gracias a sus ingresos propios, como es el caso de las clínicas de Acajete y San Buenaventura Nealtican.

En octubre de 1991 el Honorable Consejo Universitario Constituyente aprueba el nuevo Estatuto de la BUAP, quedando normativamente establecidos los criterios, funciones y actividades de las instancias académicas y administrativas de la institución. El departamento de servicio social queda integrado a la Vicerrectoría de Docencia. A partir de entonces se han impulsado todo un cúmulo de iniciativas encaminadas a cristalizar un proyecto de servicio social que, aparte de fungir como eslabón en las relaciones de la universidad con la sociedad, sirva como puente o vaso comunicante entre la formación académica de los estudiantes y el mercado laboral. Esto se plasmó principalmente en la propuesta de trabajo 1998-2001 del rector Enrique Doger Guerrero, en donde planteó la necesidad de abrirle paso a una visión integral del servicio social, superando aquella visión y práctica que lo concebía sólo como una obligación o como una experiencia transitoria de los educandos: ahora se busca vincularlo con los ámbitos de la docencia, la investigación y la extensión. En esa perspectiva se proponen las orientaciones siguientes: redefinir y reordenar el servicio social en corresponsabilidad con los sectores gubernamentales, social y privado; desconcentrar su administración; formar y capacitar al personal de las unidades académicas para su coordinación, seguimiento y evaluación; elaborar guías de orientación por áreas y un programa especial de coordinación con el sector productivo de la entidad, con el objeto de ampliar las áreas de trabajo; crear un banco de datos de los programas, y evaluar y difundir los resultados e impacto del servicio social (12).

Desde el nombramiento de la maestra Rosalba Henao Castillo como titular de la Dirección de Servicio Social, el 7 de octubre de 1997, se han experimentado avances notables en la cristalización de los objetivos de referencia. En la actualidad se tienen firmados 466 convenios de servicio social con instituciones del sector público, social y productivo de la entidad (ver recuadro). En el 2002, en el primer sector de referencia se asignaron 2 mil 458 prestadores de servicio social; en el segundo 293, y en el tercero 130. Asimismo, se asignaron 2 mil 18 estudiantes al sector universitario (ver recuadro). En total fueron 4 mil 899 prestadores de servicio social. En el mismo año se atendieron mil 339 programas de los sectores público, social, privado y universitario (ver recuadro).

En este lugar, por limitaciones de espacio, no podemos hacer referencia a los diversos convenios y programas puestos en marcha por la actual Dirección de Servicio Social, empero habría que subrayar que algunos de ellos han recibido el reconocimiento de diversos organismos e instituciones nacionales e internacionales. Es el caso, por ejemplo, del Premio a la Excelencia y Fortalecimiento de Programas de Servicio Social Comunitario, otorgado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), la Fundación Ford, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Desarrollo Social , en la Convocatoria Nacional de los años 2000 y 2001 para los programas “Impacto del químico farmacobiólogo en la salud comunitaria”, y “producción de conejos para el desarrollo comunitario de San Cristóbal Tepeteopan, Tehuacán, Puebla”.

En fechas recientes la Dirección de Servicio Social anunció la firma de un convenio con las citadas ANUIES y Fundación Ford encaminado a beneficiar a 3 mil 600 estudiantes de origen indígena, quienes recibirán orientación vocacional, gestoría de becas, apoyo psicológico, cursos de lectura y redacción, y apoyo a trabajos de investigación. En una primera etapa de dicho proyecto se atenderá a 700 universitarios de origen indígena que cursen estudios de nivel licenciatura en nuestra entidad. Es de señalar que tal convenio es el primero de ese tipo que se impulsa en el país.

Tomado de Prospecto 1938, folleto que fue editado en ese año por las autoridades de la institución, con el objeto de que la comunidad universitaria se formase una idea de cómo era nuestra casa de estudios en esa época.

(1)Moreno Botello, Ricardo, “Pasado, presente y futuro del servicio social en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla”, en Servicio Social, órgano informativo de la Dirección de servicio social de la buap, núm. 1, junio-agosto de 1999.

(2) Caminos y rumbos del servicio social en México, Op. Cit., p. 20.

(3) Lara y Parra, Manuel, La Lucha Universitaria en Puebla (1923-1965), Cuadernos del Archivo Histórico de la buap, Gobierno del Estado de Puebla, BUAP, Puebla, 2002, p. 138.

(4) Ibid., p. 140.

(5) Ruíz Sarmiento, Miguel Ángel, Op. Cit., p. 27.

(6) Sotelo Mendoza, Humberto, Puebla de los demonios, Cuadernos del Archivo Histórico Universitario, Gobierno del Estado de Puebla, BUAP, Puebla, 2002, p. 94.

(7) Documento de discusión sobre la Extensión Universitaria y el Servicio Social de la UAP, noviembre 21 de 1979. Archivo Histórico de la BUAP. Fondo Extensión Universitaria, Caja IV, folder núm. 2358.

(8) Archivo Histórico Universitario, fondo Extensión Universitaria, años 1972-1973, caja II.

(9) Oficio de Enrique Cabrera Barroso, jefe del Departamento de Extensión Universitaria y Servicio Social, al rector de la UAP, Químico Sergio Flores Suárez, 13 de septiembre de 1972, Archivo Histórico Universitario, fondo Extensión Universitaria, años 1972-1973, caja II.

(10) Ruíz Sarmiento, Miguel Ángel, Op. Cit., p. 27.

(11) Ibid.

(12) Revisión y creación de un nuevo modelo de Servicio Social propuesto por el doctor Enrique Doger Guerrero, rector de la BUAP, en Plan de desarrollo 1998-2001, en Servicio Social, órgano informativo de la dirección de servicio social de la BUAP, núm. 1, junio-agosto de 1999.

Estudiante de 18 años, me gustan los deportes y la música, acompañados de buena comida. Mientras la vida me lo permita, seguiré escribiendo.

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