Las tres leyes de Clarke

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Arthur C. Clarke es uno de los grandes de la Ciencia Ficción dura. Es muy conocida la película 2001, de Stanley Kubrick, basada en un texto suyo, y reconocida como una de las películas más complejas e interesantes de la historia del cine. Esta película es de 1968 y, a parte de su trama, describe varios elementos tecnológicos y científicos que ahora ya se han confirmado o realizado (como las tablets y los transbordadores espaciales), y por lo cual se le llama Ciencia Ficción dura. No en balde Clarke describió los satélites geoestacionarios antes de que otros pensaran en ellos.

Arthur C. Clarke en el set de 2001

Arthur C. Clarke en el set de 2001

De Asimov son muy conocidas las tres leyes de la robótica. Y son más conocidas aún las tres leyes de Newton. Al reflexionar sobre la ciencia y la tecnología, Clarke también formuló tres leyes, las cuales comentamos a continuación.

Primera ley de Clarke: Cuando un científico eminente pero anciano afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado.

Es curioso como la segunda parte de esta ley se ha presentado en la historia. El caso más interesante es el de Lord Kelvin, que no le tenía fe a las máquinas voladoras: “No tengo ni una molécula de fe en la navegación aeronáutica, aparte de pasear en globo aerostático o la expectativa de buenos resultados para algunas de las pruebas de que tenemos noticias.” La mayoría de las veces se cita como “Las máquinas volantes más pesadas que el aire son imposibles”. Kelvin era entonces presidente de la Royal Society, famoso por sus descubrimientos de la termodinámica y experiencias tecnológicas.

Imagen de la carta original de Kelvin negándose a pertenecer a la sociedad aeronáutica.

Imagen de la carta original de Kelvin negándose a pertenecer a la sociedad aeronáutica.

Segunda ley de Clarke: La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.

Alas de Da Vinci 

Alas de Da Vinci 

Esta ley me gustaría ejemplificarla con los esfuerzos de Leonardo Da Vinci en uno de sus sueños: darle alas al hombre. No solo buscaba volar, sino que un hombre pudiera batir sus alas y volar como las aves. Diseñó muchos aparatos, pero se dio cuenta que no tenía la tecnología para lograr su cometido. Sus dibujos muestran las bases de los aviones y de los helicópteros. Así que, sabiendo que lo que buscaba era imposible, siguió estudiando a las aves durante muchos años para encontrar algún modo de vencer el reto que se había propuesto. Su fe tan grande se refleja en esta frase:

Una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver.

Tercera ley de Clarke: Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Esta ley generalmente se usa en los textos y películas de ciencia ficción. Me acuerdo del Doctor Who enfrentándose a extraterrestres disfrazados de brujas (Temporada 3, episodio 2, décimo doctor). Cuando hacen un muñeco vudú al que le agregan un mechón de su pelo, el Doctor dice “tú puedes llamarlo magia, yo le llamo módulo de duplicación de ADN”.

Pero también se aplicaba en el pasado, cuando se decía que la gente no quería tomarse fotografías porque le quitaban la esencia.

Y tristemente se aplica actualmente. Y tal vez no lo veas tan directamente. Tal vez solo lo veas en nuestros viejos que a veces dicen que no entienden para que necesitan una cuenta de Facebook. Porque cuando tienes en tus manos un fenómeno que no puedes explicar la primera propuesta de explicación es la magia.

Lo vemos con muchos de nosotros, que estamos encantados con la tecnología y que estamos atrapados, hechizados, con el gadget de último momento: el nuevo celular, la última tablet, el nuevo videojuego.

Antes se diseñaba un producto para toda la vida, ahora se diseña para algunos años, si no es que meses, y a esto se le llama obsolescencia programada. Los celulares actuales parecen estar diseñados para funcionar muy bien por no más de tres años.

Pero estoy seguro de que si te pregunto cómo funciona tu teléfono celular difícilmente darás una respuesta correcta. Empecemos preguntando ¿por qué se llama “celular”? ¿puedes explicar el wifi, el microondas, el avión, el auto, los bolígrafos?

No faltará el que diga que solo necesita usarlos, y que no necesita saber cómo funcionan. Y ese es exactamente el pensamiento de usuario que las empresas necesitan. Sin un mínimo de información te será imposible decidir entre uno y otro celular y te definirás por una marca o un diseño.

Esta ley nos sirve como alerta para tener una pensamiento crítico afilado. Porque lo más triste es que existen pseudociencias que utilizan lenguaje robado a la ciencia para sustentar sus proclamas. Así al usar la palabra “cuántico”, si no estás preparado, puedes creer que te curarás. O cuando manejan energías que te atraviesan pero que nadie puede medir. O el poder de los números que desde tiempos inmemoriales se usa para predecir tu fortuna, pero que ahora se mezcla con geometría y fractales para hablar de armonizar tu vida.

Para ayudarte a estar enterado la divulgación científica es una herramienta. La divulgación científica acerca los conceptos de la ciencia y tecnología a la población general, tratando de no tergiversar, mal informar o abusar de estos conceptos.

La diferencia entre un mago y un científico, es el que el científico no tiene problemas en explicar todos los pasos y detalles de su experimento.

Hace tiempo, junto algunos amigos, dábamos un taller llamado ciencia y magia.  Y hacíamos experimentos científicos impresionantes: leíamos la mente, hacíamos que un cuerpo subiera una rampa sin tocarlo, hacíamos volar una regla hacia el cielo con solo un pañuelo. El final de taller teníamos un encuentro con un mago profesional: el hacía un truco y nosotros otro. Los niños disfrutaban del mago pero explicaban a sus papás los principios físicos o matemáticos de algunos de los trucos. Pero no se los decían al mago, y él nunca pudo descubrirlos. A su magia le faltaba ciencia.

Divulgador científico. Matemático de formación, apasionado de la ciencia y la tecnología, sobre todo de los robots.

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