CIENCIA VS RELIGIÓN: LA DERROTA

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CIENCIA Y RLIGION (1)El problema empezó hace mucho, mucho tiempo. Cierta especie, en algún momento de su homínida historia se hizo consciente de su realidad, observó el entorno y se convenció de que todo aquello que le rodeaba de una u otra forma le afectaba. La lluvia, el calor del Sol, los animales y plantas de su ecosistema más próximo, todo. Se dio cuenta también que los seres con los que cohabitaba una región morían, nacían, estaban ahí y de pronto ya no estaban. ¿A dónde iban? ¿De dónde venían? Por qué y para qué estaba todo eso tan al alcance, y otras cosas tan lejanas e imposibles… Y esos otros seres iguales a él, incluso producto de él, sus hijos, su prole, su descendencia. También morían, también llegaban y se iban, se preguntaban por su entorno, se sorprendían con los fenómenos y luchaban incansablemente por entenderlos, explicarlos y predecirlos, es decir, dominarlos.

En su afán por entender y dominar la naturaleza,  se dieron cuenta que tan pronto se acercaban a su comprensión,  ésta se hacía más y más inaccesible, intentaban controlar el fuego y éste se expandía como enormes y poderosas explosiones, intentaban entender el viento e increíbles huracanes azotaban sus costas, se abalanzaban a las fieras y jaurías y éstas aumentaban en número, ferocidad y arrojo. La naturaleza sobre pasaba a aquellos grupos de primeros humanos, era una naturaleza incontenible, feroz y al mismo tiempo proveedora de vida y de posibilidades para los seres que la conformaban.

Ante tal magnificencia conjugada con el interés y deseo de entendimiento y control, la naturaleza se fue divinizando y explicando de la manera más simple y evidente posible: La naturaleza es Dios, la conforman dioses, proviene de Dios y a él volverá. A los seres no nos queda más que ofrendarle, admirarla, respetarla y adorarla. La intelectualidad de los hombres se resignó y se volcó a una serie de explicaciones míticas que corrieron y se diversificaron por todo el mundo. De alguna forma, aunque muy lejos en el tiempo y la distancia, hubo grandes coincidencias en las explicaciones del entorno en las diversas culturas. Si leemos el Popol Vuh y la Biblia cristiana o el Corán y la Thorá hallaremos un “inicio” muy similar: la obscuridad, la nada y de pronto, después de un suspiro de divinidad, la luz y de la luz la materia y de la materia la vida, para las culturas antiguas todos los seres vivos, todos, de alguna u otra manera somos formas imperfectas de luz y por lo tanto, en retrospectiva, somos formas imperfectas de Dios.

Luego de varios siglos, llegó la  edad media, el conocimiento que sin divorciarse de Dios no forzosamente se había resignado a las explicaciones míticas sino que había trascendido hacia las explicaciones racionales, se concentraba en la iglesia católica, ortodoxa y luterana. Aún se mantenía la idea de Dios como potencia creadora pero se había dado el primer paso a la razón de Dios, es decir, tratar de entender racionalmente la obra de Dios, ahí tenemos por ejemplo la obra de Santo Tomás de Aquino que en un vasto texto, vastísimo texto, llamado La Suma Teológica, intentó razonar en la existencia de Dios y demostrarlo mediante la lógica. El fondo, el verdadero fondo de su obra fracasó, sin embargo sentó las bases del catecismo de la iglesia católica.

Ya en el renacimiento y, desde mi perspectiva, gracias a la imprenta de Gutenberg, el conocimiento recluido en las torres de los monasterios explotó y se desparramó igual que la espuma de un tarro lleno de cerveza en un día caluroso.  El libro hizo accesible el conocimiento. La era de la razón, del saber a toda costa y del necio detrimento de las explicaciones míticas había comenzado.

Ya en el renacimiento y con el auge de la astronomía, la ciencia surgió y el desplazamiento epistemológico de la religión se acentuó con las demostraciones geométricas de las hipótesis helio centristas, la Tierra gira en torno al Sol, no al revés. Se desarrolló entonces la física como ciencia, la filosofía natural había quedado para los libros de historia y a partir de la física, siglo a siglo se desarrollaron la química y la biología. Todas las formas de ciencia, de la única ciencia surgida entre los siglos XVI y XVII, anclaron sus métodos en la lógica y las matemáticas, se sujetaron con rabia de leyes y teorías, de paradigmáticas formas de explicación del universo y crearon sus dogmas, sus autoridades epistémicas y fundaron la duda controlada: dudar dentro del paradigma pero nunca dudar del paradigma.

Las explicaciones catalogadas como científicas eran ineludibles e infalibles, si la ciencia lo dicta entonces así es. Forma muy religiosa de conformar la razón humana sin una religión declarada. Aceptar lo que nuestros ojos no ven a partir de metodologías propuestas, muchas veces, ad hoc y siempre hacia la comprobación de lo no comprobable. La ciencia también tiene  fe, también se institucionaliza, también parte de un punto imaginario en la historia del universo, de lo contrario ¿qué haría? También para la física hubo obscuridad y después, de pronto, la luz (el Big Bang) y la luz (energía) se condensó y formó materia  (los cuerpos del universo) y de la materia emergió la vida (la formación de vida como propiedad emergente de la materia) y hubo seres en las aguas de nuestro planeta, como lo afirma la Biblia y el Po Pol Vuh (de acuerdo con la biología las primeras formas de vida unicelulares surgieron en las aguas), y después hubo seres en tierra y en los aires y como la obra cumbre de Dios aparece el ser humano, algo tan similar al positivismo que da sustento filosófico a la ciencia moderna, el ser humano como dueño de todo, si lo puedo lo hago, si lo conozco, lo domino.

Y al final, mientras pienso estas líneas, en el siglo XXI después de Cristo, en la era digital y a pesar de la cosmovisión positivista del mundo tecnificado, puedo dilucidar que en más de un punto la ciencia y la religión se tocan, coinciden, se acarician, se huelen, se apoyan, se complementan, no luchan. Quienes luchan son quienes han adoptado los paradigmas religiosos y científicos con tanta pasión que han decidido echar por la borda todo lo que no concuerde con su pensamiento. Es decir, la lucha es producto de la necedad, de la ignorancia de los orígenes de ambas formas de pensamiento, por ello, aquí, afirmo, que después de la lucha entre religión y ciencia, el resultado es la derrota de ambas, y el triunfo de la duda no controlada y la resistencia ante cualquier forma de dogma. Hasta la próxima ¡Sigamos dudando juntos!

eduardopinedav@ymail.com

Eduardo Pineda Biólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Conduce el programa "La Duda Metódica" en su canal de YouTube: Eduardo Pineda. Divulgador de ciencia y huamanidades, ha colaborado en el CUPS y la DGB de la BUAP. Actualmente colabora con temas de filosofía y literatura los sábados por la noche en el programa "Veladas Literario Musicales" de la HR (1090 de AM) y en Lobo Radio (www.loboradio.mx) los viernes por la mañana. Conduce junto a Exal Muñoz el programa El Sendero de los Sauces en el 107.1 FM Vanguardia Radio en la Cd. de Huejotzingo, Puebla. Se desempeña también como responsable de Vinculación Internacional en la Secretaría de Vinculación de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo e imparte cursos, talleres y conferencias acerca de ciencia y humanidades.

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