¿Conversaciones privadas?

Compartir

conversaciones-privadas

*Ricardo Villegas Tovar

A partir de los primeros días del mes de abril, los usuarios de whatsapp vimos en cada una de nuestras conversaciones un aviso con la leyenda “Las llamadas y mensajes enviados a este chat ahora están seguras con cifrado de extremo a extremo”. Muy probablemente la mayoría no se detuvo a entender a qué se refería esta notificación y simplemente continuaron mandando mensajes.

A otros nos surgió una interrogante: ¿A caso anteriormente cualquier persona podría ver mis mensajes? Pareciera ser que sí, sino, este gigante de la industria no se estaría ocupando en invertir recursos tecnológicos en “cifrar” nuestros mensajes.

Me queda clara la existencia de la famosa huella digital (digital footprint) que va reportando a los administradores de las redes qué sitios visitamos, a qué imágenes les damos “like” o qué “retwitteamos”, pero de eso a que vean mis conversaciones hay mucha distancia.

El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación…

De este texto rescato dos conceptos, el de vida privada y el de correspondencia. Sobre el primero es más que evidente que de nuestro ámbito personal existe una serie de hechos que deseamos reservar para nosotros o en su caso compartir con un número definido de personas. Sobre la correspondencia creo que casi nadie pensaría en cartas escritas a mano, sino en los mensajes y conversaciones que mantenemos por las diferentes redes sociales y demás aplicaciones que usamos constantemente.

Entonces, ¿Por qué esta aplicación tan usada en todo el mundo se ocupa en notificarnos de tal situación? Resulta que Whatsapp es propiedad de Facebook, y el Vicepresidente de esta empresa para América Latina, el argentino Diego Dzodan, fue detenido a mediados de marzo pasado por las autoridades judiciales de Brasil. Bajo la exigencia que se le hiciera a Dzodan para recuperar las conversaciones de una banda de presuntos delincuentes le fue coartada su libertad y gracias a un habeas corpus, el equivalente a un amparo en el contexto del sistema judicial mexicano, fue liberado pocas horas después.

¿Dzodan tenía esas conversaciones? La lógica de sistemas nos sugeriría que sí, sin embargo, él argumentó que los sistemas que usa su empresa cifran las conversaciones y por tanto no era posible para él ni para cualquier otra persona tener acceso a ellas.

¿Y si hubiera sido al contrario? ¿Qué habría del respeto a la privacidad de los presuntos delicuentes? Los especialistas en derecho informático nos dirían que la privacidad se puede renunciar de manera voluntaria o limitarse por sentencia judicial. En este caso parece que aplicaría la segunda opción pero el cifrado de las conversaciones puso un muro a las indicaciones legales.

Concluimos entonces que las grandes corporaciones que manejan correspondencia digital encuentran en el cifrado de mensajes un aliado para evitarse problemas con la autoridad y hacer valer el derecho de privacidad, incluido el de los delincuentes.

*Ricardo Villegas Tovar
Jefe de Servicios Especializados de Información
Dirección General de Bibliotecas / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Estación de radio de @BUAPoficial

1 Comment

  • Responder abril 13, 2016

    Javier Camacho

    Excelente artículo Mtro; por cierto.. recordé lo sucedido en febrero de este año, cuando Apple le negó al FBI el poder “hackear” el iphone de Syed y su esposa (atacantes de San Bernardino) ya que suponen una pruebla flagrante de la violación al derecho universal de la privacidad y llevaría a la compañía a una situación incómoda económicamente (más que moralmente) con sus clientes.

    Por otro lado, era bien sabido en el mundo de la tecnología que whatsapp es una aplicación insegura, que no cifraba la conexión ni las conversaciones, por ello es que apareció un fork con un mayor nivel de seguridad: Telegram.

    Finalmente, ¿en manos de quien ponemos nuestros datos digitales? Es demasiado poder para muy pocos gigantes de la informática (Facebook, Google, MS), ya que al hacer uso de sus servicios “gratuitos” en realidad estamos cediendo muchos de nuestros derechos y aceptamos ciegamente sus condiciones porque reconozcámoslo: casi nunca o nunca, leemos las condiciones de uso antes de dar click en la casilla de “acepto los términos y condiciones” para continuar y además, las condiciones son coercitivas.. si no estás de acuerdo, simplemente no puedes usar las apps y eso te excluye del resto; así que… ¿Cuál libertad de elección?

    Saludos cordiales!

Leave a Reply