Política Educativa durante el Porfiriato

Compartir

En 1876 Porfirio Díaz, que a través de ascensos en los ejércitos liberales había llegado a ser una figura importante durante la derrota de los franceses, se rebeló con éxito contra la reelección de Lerdo de Tejada y en los próximos treinta años implantó una dictadura durante la cual se crearon las estructuras de un Estado nacional. Si bien la política porfirista se encontraba en la línea directa de liberalismo del siglo XIX en lo que respecta al desarrollo del Estado, al desenvolvimiento económico y a la modernización social, fue un periodo clave de la política educativa moderna, tanto en sus principios como en sus resultados. La administración porfiriana prestó mucha mayor atención a la educación superior que a la primaria.

En 1878 el gobierno federal destinó 68.5% de sus gastos educativos a la cultura superior, frente a 31 dedicado a la enseñanza elemental.

La difusión de la escuela primaria en los estados fue semejante a la del Distrito Federal, algunos alcanzaron un notable desarrollo en cantidad y calidad, como fue el caso de Veracruz, Yucatán, Coahuila, Nuevo León y Guanajuato, pero ello no excluyó a otros estados como Puebla, que ocupaba el sitio 16 en 1907, respecto al porcentaje de inscripción y alfabetización.

INSTRUCCIÓN PRIMARIA ELEMENTAL PARA NIÑOS Y NIÑAS EN PUEBLA

En Puebla, las escuelas de instrucción primaria elemental para niños y niñas eran sostenidas con fondos de diferentes instituciones, entre las que se encontraban: gobierno, municipios y beneficencia, y las sostenidas por mandas pías o bienes legados para establecimientos especiales, si representaban una entidad jurídica.

Corría el año de 1890 cuando comenzaron a abrirse escuelas primarias en el municipio de Puebla, generalizándose su funcionamiento cinco años después.

En la ciudad de Puebla, como en los distritos del mismo estado, la enseñanza primaria estaba dividida en elemental y superior; una y otra reglamentadas con criterio uniforme y unidad de plan, de acuerdo a los principios formulados en la Ley de Instrucción de 1893.

No obstante, desde la publicación de la ley anterior no había sido posible implantar la escuela primaria superior; fue hasta 1900 cuando se creó la primera ante la necesidad de dar a los alumnos que salían de la primaria ciertas nociones indispensables para la enseñanza secundaria o preparatoria o en su defecto para que esta adquisición de conocimientos sirviera para obtener algún empleo público o privado.

Don_Porfirio_y_Carmelita_en_Paris

La primera escuela primaria superior fue vista con agrado por el público, y que si en los primeros días concurrió a ella reducido número de alumnos, posteriormente aumentó considerablemente. En el mismo año funcionaban en la ciudad 32 escuelas primarias públicas oficiales, sostenidas en ese momento por el gobierno y, según Mucio P. Martínez, “absolutamente llenas de niños a quienes como es de rigor no sólo se les da educación e instrucción modernas, sino que se les suministran todos los utensilios escolares que necesitan”.

Los planteles señalados estaban atendidos por 48 profesores y 74 profesoras con un gasto anual de 137,087.30. A partir de 1908, el gobierno del estado se hizo cargo de la educación pública primaria, antes de ese año el ayuntamiento de la ciudad era quien la sostenía.

Al tomar bajo sus riendas la educación básica, el gobierno se va a enfrentar a un sinnúmero de problemas, pero el principal será el económico, reflejándose éste en: falta de espacios escolares, materiales de trabajo y lo más importante insolvencia para pagar a los maestros.

Al quedar la educación en manos del gobierno, el mismo consideró necesario crear locales propios con condiciones científicas” para las escuelas primarias. Con el propósito de realizar esta empresa compró las casas número 9 y ll de la calle de las Recogidas Viejas, hoy 5 de Mayo 1800, y terminó la expropiación iniciada de la número 13 mediante convenio con los dueños, a fin de construir en todas ellas el denominado Grupo Escolar, que contaría con tres escuelas: una de niños, otra de niñas y para párvulos. Igualmente se encargó de cumplir los compromisos que había contraído la Corporación Municipal con los ingenieros Santa Cruz y Oliver, respecto al levantamiento de la casa número I de la calle Quintanilla, hoy avenida 5 Poniente 907 y 909, del plantel nombrado Instituto José Manzo, formado por una escuela para niños, otra para niñas y una para adultos.

Los planteles antes mencionados empezaron a ser construidos en 1905 y fue hasta el 13 de mayo de 1908 cuando fueron inaugurados por el presidente Díaz.

En la capital poblana, la primera escuela primaria establecida de-pendiente del gobierno del estado fue la escuela José María Lafragua; posteriormente la Unidad Escolar Modelo que comprendía las escuelas Leona Vicario y Juan N. Méndez, centro escolar más conocido como Instituto José Manzo. Además del Grupo Escolar constituido por las escuelas Josefa O. de Domínguez, Gustavo P. Mahr y el jardín de niños Federico Froebel, levantado en el populoso barrio de San Antonio. Estos establecimientos oficiales tendrían, según informe oficial, “local amplio y bastante para 1,500 alumnos”.

Para 1908 existían en la ciudad de Puebla 32 planteles de instrucción primaria oficial; en 1912 funcionaron 28; para 1913, 29; y en 1914, 34.

Las gestiones administrativas en instrucción pública no se limitaron a la capital del estado, sino que con frecuencia se instaba a las autoridades de los distritos a despertar el interés de los ayuntamientos y de los particulares para que cada población lograra tener su escuela con local propio y adecuado a las indicaciones pedagógicas. En Puebla, el financiamiento de la escuela primaria casi enteramente correspondía a las municipalidades; sin embargo, tanto en los estados como en la capital la tendencia fue hacia el subsidio y la administración de las escuelas municipales por parte de los gobiernos estatales.

Tanto en la ciudad como en los distritos del estado, la enseñanza siguió principios y criterios formulados en la Ley de Instrucción de 1893, la cual, como ya ha sido anotado, fue substancialmente mejorada respecto a las de 1877-1879, consolidando el sistema educativo en Puebla al considerar a la educación pública como uno de los varios medios para lograr la unificación, el orden y desarrollo poblano, amén del nacional.

A nivel nacional, a la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, creada en 1905, le tocaría emprender la ardua tarea de imprimir a la educación pública del país un profundo sentido de servicio popular, las necesidades de la población en materia educativa eran aún enormes y requerían para su solución de una obra vasta en materia de transformaciones sociales, técnicas y económicas. Uno de los problemas más complejos fue enfrentar una población heterogénea, ya por su cultura, ya por su lengua; el gobierno pensó que la única manera de lograr la unión de gentes tan disímiles era a través de la educación.

Aunque la progresión del número de alumnos fue en aumento (alrededor de 227,500 en 1878, 821,900 en 1907, 901,000 en 1909-1910). Fueron sobre todo las escuelas particulares las que experimentaron el crecimiento más rápido, su-cediendo lo mismo con el número de alumnos, a pesar del discurso de gobernantes y teóricos.

Según cifras que registra el censo de 1910, de 15,166,369 habitantes, 11,343,268 no sabían leer ni escribir; de éstos, 7,065,456 eran mayo res de 12 años, 2,165,950 eran niños en edad escolar, de 6 a 12 años y 2,608,832 eran pequeños entre 1 y 5 anos, resultando un 78.5 % de población analfabeta.

En la práctica, el desarrollo de la educación primaria sólo alcanzó a la capital de la república, las capitales de los estados, las cabeceras distritales y los municipios más populosos. En las ciudades y villas alcanzó, en proporción estimable, a la clase media urbana y semiurbana, y en menor proporción a la clase artesanal. El sector rural resultó ser el más postergado, tanto en educación como en servicios públicos.

La explicación de los límites y fracasos del sistema educativo por firista quizá los podamos encontrar, más que en la negligencia de la dictadura, en un conjunto de factores complejos donde se cubrían los obstáculos para el desarrollo nacional. Más que un problema escolar, la realidad indicaba que se estaba frente a un problema extraescolar de tipo socioeconómico, principalmente en el medio rural. Para resolverlo era necesario que se realizara una verdadera transformación de las condiciones sociales del país y que se buscara un tipo de escuela capaz de enseñar a vivir a los grandes sectores de la población.

En la primera década del presente siglo la dictadura había gestado las condiciones para la nueva revolución. Los grandes sectores populares campesinos, artesanos y obreros, buscaban a través de este movimiento mejores condiciones de vida, algunos derechos que se les negaban y una verdadera justicia social.

(El presente fragmento fue tomado del libro Puebla, algunos capítulos de su historia educativa, de la Independencia a la Revolución de Estela Munguía Escamilla, publicado por la editorial Educación y Cultura en su colección especial Bicentenario)

Estación de radio de @BUAPoficial

Be first to comment