Los orbitales del desierto encerrados en una caja

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Foto: Alan Robles.

El fin de semana pasado noté que mi inicio en Facebook se llenaba de una nueva tendencia de este mundo tan posmoderno: el Día Internacional del Gato. La festividad, establecida el día de la muerte de la mascota de Bill Clinton, fue el pretexto perfecto para que todos los amantes (y pseudo-amantes) de los gatos compartieran en todas sus redes sociales fotos y gifs de gatitos siendo felices. Sin embargo, no todos esos animalitos viven felices por siempre como Garfield.

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Gato de Schrödinger. Imagen: Wikipedia.

Cuando no comprendía –sigo sin comprender- la configuración electrónica en la prepa, busqué información en mi mejor amigo Google y me mostró la ecuación de Schrödinger. Entre los cálculos inteligibles para mí, un link me llevó a descubrir el experimento, aunque hipotético, con un gato: en una caja totalmente opaca se coloca el minino junto con una botella de gas venenoso y un detector de electrones. Si el dispositivo identifica la presencia de un electrón, el frasco se rompe y el gato muere. Al liberar la partícula, existe un cincuenta por ciento de probabilidad de que el artefacto haya sido activado y cincuenta de que no; por ende, existen las mismas posibilidades de que el gato esté vivo o muerto.

Esta alegoría no sólo sirvió para explicar el movimiento de las partículas elementales en la física cuántica, sino que también da título a Los gatos de Schrödinger (Tierra Adentro, 2015), la novela de Franco Félix que fue galardonada con el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras / Border of Words 2015.

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Entrega de los premios Tierra Adentro en el Palacio de Bellas Artes. Foto: Instituto Nacional de Bellas Artes.

Si bien Franco ya había incursionado en la crónica y la labor de un detective de tiempo completo con Kafka en traje de baño (NitroPress, 2015), esta novela remite al teatro del absurdo donde la acción no persigue un fin que le da razón de ser, sino que conlleva una evolución inmotivada; evolución de la cual el Doctor Existencialista y Rábano, su discípulo, son testigos en el Desierto Limítrofe.

A través de siete capítulos, la superposición de la existencia y la nada convergen en la historia de personajes ocultos en cajas de cartón que sólo necesitan ser abiertas para romper con el equilibrio que guardan y elegir –al fin- un estado definido.

La violencia, al igual que los orbitales atómicos, da paso a una amalgama entre zombies, amantes y sicarios que se intercalan por las distintas escenas que Franco dibuja sobre las dunas de arena. Así, la obra hace dudar no sólo a los personajes, sino al mismo lector, acerca del verdadero estado de los objetos en la caja en la que somos sólo una partícula subatómica que está y no.

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Distintos orbitales de un átomo de hidrógeno, de acuerdo a la energía del electrón y momento angular. Imagen: GNU Free Documentación Lísense

Peor que un encuestador del INEGI.

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