La transmisión de la ciencia: la separación de Oriente y Occidente

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temple-868965_960_7201. LA SEPARACIÓN ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

El mundo romano tuvo apreciación por la filosofía y la ciencia griegas; pero no la traducían al latín. Los escolares romanos leían directamente en griego; pero en algunos casos se hicieron traducciones, por ejemplo, Cicerón (106-43 a. C.), helenista, tradujo por lo menos el primer tercio del Timeo de Platón y el Phaenomena, poema que trata de los fenómenos as-tronómicos y meteorológicos de Aratus de Soli. Pero el mayor resultado fue la adopción del conocimiento griego. Se desarrolló en latín un delgado cuerpo de cono-cimiento basado en fuentes griegas, por ejemplo, las enciclopedias de Varro, Celsus y Plinio y los trabajos un poco más especializados de Lucrecio, Vitrubio y Séneca. Pero con el colapso gradual de Roma el conocimiento griego se escaseó; el mundo de habla latina quedó limitado a fuentes raquíticas, aquellos que aún podían leer a los clásicos griegos en filosofía y ciencia no tenían interés en traducirlos. El conocimiento del Este y el Oeste se había sepa-rado; la cultura filosófica y científica en Europa Occidental, en los siglos XII al w, no se creó a partir de sus propios y limitados recursos; fue con la reintro-ducción del conocimiento griego, con las adiciones y modificaciones árabes, en la tradición teológica cristiana, que había florecido durante mil años con un mínimo de interferencias desde afuera.

Veamos el proceso mediante el cual el conocimiento griego e islámico se transmitió a Occidente; antes de que desapareciera el conocimiento del griego en la mitad occidental del Imperio Romano desintegrado, pocos libros de importancia pasaron del griego al latín; entre los más cruciales, para determinar el panorama filosófico de la Edad Media, fue la traducción por Calcidimes (¿siglo IV?) de la primera mitad del Timeo de Platón, esta traducción junto con sus comentarios dio a la Edad Media el contenido más sistemático de la filosofía natural, hasta las traducciones del siglo XII.

De igual importancia, la traducción de Anicius Manlius Severinus Boethius (c. 480-524) (Boecio), cónsul romano y consejero de Teodorico, el rey ostrogótico de Italia. Trató de poner en latín la mayor parte de los libros de Aristóteles y Platón, escribió un manual para cada una de las disciplinas del cuadrivio: aritmética, música, geometría y astronomía. Teodorico lo condenó a muerte y no terminó su plan, pero tradujo una parte sustancial del corpus lógico de Aristóteles. Sus traducciones lógicas incluyen: Las categorías; Sobre las interpretaciones; Primeros analíticos; Tópicos, y Refutaciones sofísticas; además, el Isagoge de Porfirio. Escribió manuales de aritmética y música que aún sobreviven, y parece haber traducido una parte de los Elementos de Euclides; pero la principal contribución de Boecio fue en el campo de la lógica, y dio a la Edad Media un corpus lógico sustancial y todo lo de Aristóteles, que tuvieron hasta el siglo XII. Casiodoro (Magno Aurelio) (¿480-575?). Autor de una historia de los godos, contemporáneo y amigo de Boecio se dedicó a la preservación del conocimiento secular antiguo y su actitud hacia este fue más pro-picia a la Edad Media que la de Boecio; mientras que este último valoró su estudio por sí mismo, Casiodoro lo hizo como medio para sus estudios bíblicos. Casiodoro, como Boecio, fue un servidor civil de Teodorico; con la reconquista de Italia por el emperador bizantino Justiniano, se retiró de la vida pública y fundó un monasterio, Vivarium, cerca de Squillace, en Calabria. Ahí estableció

un scriptorum e hizo de la copia de libros una tarea esencial del monasterio; la Biblia y los escritos de los padres de la iglesia recibieron la atención primaria; pero también fue copiada la literatura secular. En su manual Institutiones divinarum et humanarum litterarum, Casiodoro dedicó mucho espacio a la literatura sagrada, pero incluyó una breve discusión de cada una de las siete artes liberales y una explica-ción de las fuentes utilizadas, algunas de las cuales fueron halladas en Vivarium. La tradición aquí establecida tuvo influencia perdurable en la ciencia medieval. Con la muerte de Boecio (524), la traducción de la filosofía y la ciencia griega virtualmente cesó durante 600 años; excepción a esto fue la medicina en Ravena, entre los siglos v y VI. En Italia había enclaves griegos con posibilidades de traducciones, pero en Europa del Norte el conocimiento del griego se volvió raro. El conocimiento del alfabeto griego y la habilidad de emplear unas cuantas frases griegas era común entre escolares y clérigos, pero eran muy escasos los helenistas competentes. Uno de ellos fue Juan Escoto Erígena (¿800-877?), filósofo y teólogo escolástico irlandés, quién en seño en Laon; a petición del rey carolingio Carlos el Clavo realiza una traducción de los trabajos neoplatónicos que circulaban bajo el nombre de Dionisio el Areopagita; traduce otros pocos libros.

Formidables obstáculos tuvieron los ecolásticos para dominar el griego; se podía adquirir un conocimiento elemental del griego por contacto la tradición de estudios griegos mantenida viva por los monjes irlandeses; pero para el dominio del griego se requería un tutor como lo fue Juan Escoto. Se pudo haber obtenido un vocabulario griego o mental a través de un glosario greco-latino; había libros sobre frases griegas para viajeros; unos cuantos textos bilingües, en especial los Salmos y partes del Nuevo Testamento. Pero todo esto daba una preparación inadecuada para la traducción. Además, ese tipo de griego buscaba fines religiosos y no filosóficos o científicos, y para el estudio de los padres griegos de la Iglesia. La traducción de escritos científicos tuvo que esperar hasta principios del siglo XII.

LA TRANSMISIÓN DE LA CIENCIA GRIEGA AL ISLAM

Empezando en el siglo IV a.C., y continuando durante mil años la cultura y el conocimiento griego, se difundieron lentamente hacia el Este, o sea, hacia Asia. Campañas militares y misiones comerciales contribuyeron a su difusión. De mayor importancia el factor religioso, actividad misionera de la Iglesia Cristiana de Oriente, creó comunidades cristianas de habla siriaca tan lejos como las planicies persas; persecuciones religiosas que llevaron a los herejes

Cristianos nestorianos hacia el Este, más allá de sus perseguidores bizantinos.

En el 457, los nestorianos de Edessa, en Siria, cruzaron la frontera persa y establecieron una escuela teológica en Nisibis, donde la lógica aristotélica echó profundas raíces. En Jundishapur, otro centro nestoriano, se estableció una escuela que ofrecía instrucciones en todo el rango de la filosofía griega y de su ciencia, incluyendo astronomía y medicina. Dentro de Persia, las comunidades nestorianas no sólo sobrevivieron como enclaves de helenismo, sino que tuvieron éxito en dar una probada de la cultura y ciencia griega a los persas. Con el rápido desarrollo del Islam, después de la muerte de Mohammed en 632

(Mohammed es Mahoma), los lugares donde la ciencia griega había prevalecido quedaron bajo la influencia del Islam. Califas abasidas: después de 749, los musulmanes establecen contactos fructíferos con cristianos como con persas helenizados en 762, el califa al-Manzur mueve su capital a Bagdad, bastante cerca de Jundishapur para permitir que sus médicos curen a los enfermos reales en Bagdad. Por ejemplo, en 765, se trajo al jefe del hospital nestoriano en Jundishapur como médico de la corte en Bagdad.

Las traducciones al árabe empezaron durante el reinado de al-Mansur (754-775) y continuaron bajo Harún al Rashid (786-809), alcanzaron nuevas alturas bajo el reinado del hijo de Harún, al Ma’mum (813-833), quien desarrolló la biblioteca de Hafún y la convirtió en un centro de investigación “Casa de la Sabiduría” en manos principalmente de nestorianos. Los abasidas estaban interesados en trabajos de utilidad práctica inmediata: medicina, astrología, lógica y matemáticas. Pero principalmente debido al crecimiento de la teología escolástica (Kalam) el interés islámico pronto pasa a envolver las filosofías platónica y aristotélica, textos en siriaco traducidos al árabe, muchos de los trabajos fueron traducidos directamente del griego al árabe, o primero al siriaco y después al árabe. Se hicieron expediciones a Bizancio para adquirir copias de trabajos griegos o para adquirir mejores copias de textos que sustituyeran las versiones corruptas que se tenían.

Uno de los más productivos y hábiles traductores en Bagdad fue Hunain ibn Ishaq (+ 873-877), médico nestoriano quien durante un tiempo dirigió la “Casa de la Sabiduría”; fue bilingüe (siriaco y arábigo) desde su niñez. En su juventud estudió medicina en Jundishapur, pasó a Alejandría de donde regresó con excelente conocimiento del griego, fue a Basora a perfeccionar su gramática árabe; regresó a Bagdad y empezó su carrera de médico y traductor. Se le asigna una enorme lista de traducciones, tanto en siriaco como en arábigo, de filosofía, matemáticas y astronomía; también se le atribuye una versión del Antiguo Testamento. Al final del siglo x, a través de los efectos combina-dos de Hunain, su sobrino Hubaish y su hijo Ishaq, así como sus corresponsales en otras partes, la mayoría de los trabajos griegos utilizables en filosofía y ciencias habían sido traducidos del griego y habría empezado el proceso de asimilación y crítica.

No se conoce bien cómo fue la diseminación a otras partes del imperio islámico de las obras traducidas. Lo más importante fue su dispersión en España, donde se realizaron más tarde muchas de las traducciones del árabe al latín. Los ejércitos árabes entraron en España por África del Norte en 711 y la subyugaron en unos cuantos años. Bajo el califato independiente de Córdoba (912-1035) especialmente de Abd-al-Rahman III (912-961), se establece ahí una brillante corte y se tolera una sociedad plural. Bajo al-Hakam II (961-976) la investigación fue generosamente patrocinada y se fundaron instituciones educativas; los agentes de Alhakam escudriñaron el mundo islámico en busca de libros, y la biblioteca real llegó a tener 400000 volúmenes. Los españoles musulmanes fueron enviados a Bagdad y el Cairo para estudios médicos y regresaron con libros de amplio interés filosófico. Con la abolición del califato a principios del siglo XI la biblioteca de Al-hakam II es destruida y los estudiosos se dispersan; pero algunos de los libros y muchos de los estudiosos regresan a las cortes reales de los pequeños estados que remplazan al califato.

Están listas las condiciones para empezar la transmisión a la cristiandad latina, en el norte de España y a través de los Pirineos.

Fragmento tomado del libro: Historia de la ciencia durante el Renacimiento del Dr. Luis Rivera Terrazas editado por Fomento Editorial BUAP.

Me gusta la vida, me gusta el amor. Soy aventurero re-vacilador,

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